Animal Político

Caso Zapata, el de los excesos mediáticos, políticos, de género...

En el denominado caso Zapata, el primer dato es el desborde de las acciones, acusaciones y defensas. Se cruzaron lo político, lo legal, lo moral y lo comunicacional; es tarea desentrañar y empezar a partir aguas.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos Zamorano / La Paz

01:45 / 27 de marzo de 2016

'Culebrón’ (telenovela sumamente larga y lacrimógena, según la RAE) fue uno de los calificativos/descalificativos que se usó para designar al ahora ya emblemático caso Zapata. Acaso este mismo término continúa con la lógica que al parecer atraviesa toda esta trama: el exceso. Independientemente de la mayor o menor culpa o inocencia de sus actores (Gabriela Zapata, Evo Morales, el posible hijo, algún abogado), la Justicia dirá, en esta trama lo que prima es el desborde, mediático, político, relativo al género, incluso jurídico.

Desde el lado del tratamiento periodístico del caso, por ejemplo, es significativo lo que señala la comunicadora Sandra Aliaga: Luego del intenso bombardeo de más de un mes de cobertura noticiosa “a la fecha, no creo que haya nadie que tenga una exacta idea de quién es Gabriela Zapata y en qué en verdad consiste el caso en que está involucrada”.

Y es que el “eje” de la cobertura que se hizo hasta ahora, enfatiza, es que los medios al final solo fueron “amplificadores de una serie de contradicciones y mentiras”; seguir el caso día a día, “cuando aparecía información diferente cada jornada” en lo único que resultaba era en la cada vez mayor confusión; “nos han mantenido a la población, con el morbo que existe, con el ‘qué dirán mañana’; el hijo existe, no existe, existe pero murió, existe pero está fuera, otra vez, no existe...”

El primer damnificado aquí, si vale, es el derecho a la información: “Lo que yo siento es que con este tipo de casos y de cobertura, el derecho a la información es un derecho absolutamente inobservado por la sociedad en su conjunto”.

“Los medios y los colegas se estornudan en ese derecho; porque después de un mes de saturación de cobertura no voy a decir información, porque no la hubo, lo que se tuvo fue saturación de chismes, declaraciones irresponsables, maquinaciones y maniobras absurdas, tendenciosas, políticas y no políticas; así, no hay un ciudadano en Bolivia que diga ‘yo sé de qué se trata el tema’; esto es gravísimo, una crítica brutal a los medios de comunicación”.

MORBO. Especialmente de parte de los medios, asevera la comunicadora, se hace escarnio de la situación; al mismo tiempo de que hay una explotación del caso “con morbo, farándula, espectacularización”, al final del día “no hemos informado al pueblo boliviano de las cosas que más le interesa, si hubo o no tráfico de influencias”.

Por el lado del Gobierno, para Aliaga lo que primó fue la gestión imprudente del hecho: desde el principio “el Gobierno debió dar una versión oficial y prohibir absolutamente a toda su plana mayor y mediana (ministros y personal jerárquico), que se toque el tema y mucho menos en declaraciones a la prensa; eso hubiera sido lo más maduro”.

En esa misma cadena de errores, Aliaga encuentra, por ejemplo, desatinado el recurso al “imperialismo” como el autor de toda la trama; en vez de directamente investigar las denuncias. “Si es cierto lo del imperialismo, entonces defiéndete, como persona decente; si es mentira, prueba cómo es, sin tanto show. No sorprendería una movida genial de la CIA o del Departamento de Estado o de Sánchez de Lozada, pero lo han manejado pésimamente mal”.

Ahora, para todos quedó claro, y es la primera diferenciación que demandan nuestros entrevistados, que hay que separar los dos grandes tramos del caso: la denuncia de “tráfico de influencias” (esta figura en realidad no existe; lo que hay es “uso indebido de influencias” y “enriquecimiento de particulares con afectación al Estado”), y el tema de la relación en sí que hubo entre Zapata y Morales, además del hijo que habrían tenido.

Para el ministro de Defensa, Reymi Ferreira, el tema es que desde el principio lo que el Gobierno tuvo que hacer es enfrentar una campaña de distorsión. “El Presidente no ha mentido en una sola coma; lo que ha pasado es que se ha tergiversado desde el comienzo”. Para el ministro, existe una prensa que propiamente no es tal, sino que se trata de actores políticos, que “son parte de un esquema conspirativo, que todo lo tergiversa”.

PRENSA. Dicha prensa, por ejemplo, afirma, genera posiciones encontradas en el Gobierno, cuando solo se trata de información incompleta. “No hay ninguna contradicción, lo que pasa es que son noticias sin contexto”.   También hay una “absoluta falta de ecuanimidad”, se queja Ferreira en referencia a que para algunos medios, señala, no tiene el mismo valor la declaración de la acusada o de sus familiares o abogados, que las de los funcionarios de Estado.

En lo relativo al tema de origen, el tráfico de influencias, el ministro ubica el problema en el lado contrario: “Ella (Gabriela Zapata) tiene que demostrar el dinero que tiene, y la oposición y quienes acusan tienen que demostrar dónde está el vínculo de la influencia, dónde está el Presidente (en ese entramado)”.

Ante el cuestionamiento de que lo aconsejable acaso sea la prudencia, seguir la línea del propio Presidente, que dijo que él no se va a referir más al tema, el ministro señala que si se reacciona es porque existe la necesidad de hacer frente a la mentira: “Si no hay una ‘contra-respuesta’, esa mentira se va a imponer como verdad; manejan la doctrina de (Joseph) Goebbels, ‘miente, miente que algo quedará’”.

Es más, qué hace él, Ministro de Defensa, en medio de esta tormenta. “Yo puedo mostrar 30 mentiras, pero lo lamentable es que nadie rectifica; entonces, yo, que no tengo nada que ver con el tema, no me puedo quedar callado ante tanta infamia; yo enseño Deontología y Ética Periodística desde hace 20 años en la universidad; nunca he visto tanta miseria y falta de profesionalismo”.  Para la diputada de Unidad Demócrata (UD) Jimena Costa, el equívoco por parte del Gobierno fue trasladar todo el peso de su argumentación a defender la imagen del Presidente, dejando de lado el tema del tráfico de influencias.

“Ellos mismos, bajo la idea de cuidarle la imagen al Presidente, han entrado a un tema privado, y con eso lo que han hecho es contaminar, dañar más la imagen del Primer Mandatario (...) El problema de fondo es que en lugar de que todas las acciones se dirijan a hacer una investigación sobre la denuncia para encontrar a los culpables, parece que ellos mismos tuvieran la certidumbre de que el Presidente es culpable, porque lo han tratado de sacar del asunto; porque si tuvieran la confianza que dicen, de que el Presidente es inocente, no hubieran hecho semejante zafarrancho alrededor del tema privado; hubieran hecho una investigación seria que nos permita encontrar la verdad del asunto”.

OPOSICIÓN. Ahora, para la diputada opositora, lo mismo la oposición tuvo sus yerros en el tema: “La oposición ha sido prejuiciosa, porque en lugar de impulsar una investigación objetiva y seria del tráfico de influencias, se ha centrado en tratar de probar la culpabilidad del Presidente; en lo personal, por ejemplo, creo que hay más indicios de tráfico de influencias con el Ministro de la Presidencia que en el Primer Mandatario; y eso no se está investigando”.

Para las activistas por los derechos de la mujer, tampoco son menores los excesos que se vienen cometiendo en el tratamiento del caso Zapata.  Así, para la componente del “Observatorio para la exigibilidad de los derechos humanos de las mujeres” Mary Marka, en el caso Zapata, al margen del aspecto judicial, de la comisión o no de algún delito, el tema aún se lo maneja desde una perspectiva patriarcal y machista.

“¿Cómo se le está viendo a la mujer? Ese es el fondo que tenemos que mirar”, interpela. “Se está poniendo en cuestión la dignidad de la mujer bajo los parámetros patriarcales: es la mujer la mala, la bruja, la que engaña, que enamora con maldad (...) es la ‘autora’ que habría inducido o utilizado al Presidente; esa es la imagen que se está mostrando”.

Hay que tomar en cuenta, apunta Marka, que el presente caso necesariamente hay que verlo en el marco del cruce de varios derechos: “Analizar el tema bajo los parámetros de los derechos humanos, de los derechos sexuales y reproductivos, de los derechos de niños y niñas y adolescentes, y de la libre decisión del ejercicio de estos derechos”.

La misma imagen degradada de la mujer ocurre, afirma, cuando se la ve como la mujer que “está siendo ‘utilizada’ por la derecha, ‘utilizada’ con fines e intereses políticos, para afectar al Presidente; por esta vía, se sigue dañando la imagen de las mujeres”.

El tema, para Marka, es separar las cosas, en el sentido de que qué derechos han sido vulnerados; “para mí, están primando los intereses políticos para afectar de uno o del otro lado, para beneficiarse; todo está más en el juego de los intereses políticos que en resolver la problemática de manera transparente”.  En cuanto al rol de los medios, Marka afirma que, de todos modos, están reforzando esta imagen machista hacia las mujeres; “cuando deberían también resaltar los derechos humanos de ellas y de los niños y niñas”.

Para la miembro del Comité Impulsor de la Agenda Legislativa de las Mujeres, Patricia Bráñez, en el caso Zapata, de entrada hay una falta de respeto de los derechos fundamentales de una mujer, algo consagrado desde la misma Constitución. “Si bien al principio se ha tratado de centrar el caso en el tráfico de influencias, después igual se ha caído en la violación de derechos, como mujer, que tiene que vivir una vida sin violencia (Constitución); el proceso en contra de ella naturalmente que debe seguir, pero siempre respetando sus derechos”.

JUEGO. Los medios de comunicación han caído en la misma trampa, insiste Bráñez: “En vez de puntualizar de que se debería seguir un proceso tal como manda el Código de Procedimiento Penal, se cae en el juego de que si es o no una mentirosa, de que si le ha engañado o no al Presidente”. Respecto al niño, Aliaga, Marka y Bráñez coinciden en que de plano se está vulnerando casi todos sus derechos, empezando por el derecho a la dignidad; si existe el niño, en verdad será muy complicado restablecer su personalidad, destaca Marka.

En cuanto al menor, Bráñez sostiene que debería investigarse como tema separado, pues aquí el principio fundamental es “preservar la imagen del niño, respetarla; que la Justicia haga su trabajo. Al poner en debate la existencia o no del niño, no se está preservando ni su identidad, ni sus derechos, ni nada del niño”.

El espíritu del Código Niño, Niña y Adolescente, precisa la activista, es la protección de los niños en cuanto a su identidad, a sus derechos ciudadanos, el derecho a preservarlo de cualquier tipo de violencia, del cuidado de no exponerlo públicamente. El tema es que se mantenga “el enfoque más de protección que de exposición pública del niño, sea físicamente o también nombrándolo constantemente”, insiste.

Con relación a Zapata, es paradójico, afirma Bráñez, que mientras se expone abiertamente la vida privada de ella, al mismo tiempo se dice que “no se puede hablar de la vida privada de la otra parte (del Presidente), ¿en qué se queda?”

La oposición también ayudó a desviar el tema: Jimena Costa, diputada por Unidad Demócrata

Error de la oposición fue contribuir a desviar la atención del tráfico de influencias al tema del cumplimiento de contratos de la CAMC; de ningún modo correspondía indagar si cumplen o no cumplen; puede ser que cumplan de manera maravillosa, pero eso no omite la posibilidad de que hubiese habido tráfico de influencias en la cesión de contratos para esta firma.

Se demanda una verdadera investigación: Mary Marka, Observatorio de Derechos de la Mujer

Es importante hacer el seguimiento informativo del caso, pero también mostrar la violación que hay ahora de esos derechos humanos, demandar mínimamente una investigación transparente. Parece una novela mexicana que refuerza los roles de inequidad entre hombres y mujeres. Desde el Observatorio exigimos investigación transparente y sin sesgo de género.

Se trata de minimizar el tráfico de influencias: Patricia Bráñez, Comité Impulsor de la Agenda Legislativa

Siendo el tema central el supuesto tráfico de influencias, la prensa se ha abocado al aspecto privado y no al fondo del problema; es hacia esto que hay que apuntar. Todo en el marco del debido proceso. Un tema de importancia para el país, el tráfico de influencias, se lo quiere minimizar con el hecho de si tienen o no el hijo; al final, se han mezclado los temas de modo arbitrario.

Había que enfrentar mucha tergiversación: Reymi Ferreira, ministro de Defensa

El Gobierno hizo lo que debía: enfrentar una serie de tergiversaciones. Yo no creo que el Gobierno haya cometido errores; creo que el Poder Ejecutivo ha mantenido una posición desde el comienzo; el Presidente ha dicho lo que le han dicho; él no ha mentido (…) lo que más bien hay es una abierta conspiración en base a la mentira, mentiras que suman y suman”.

La especulación no es noticia: Sandra Aliaga, comunicadora social

No me costaría entender que Evo se haya desentendido del niño, o que esta muchacha le haya dicho murió, para deshacerse de él; o que hubiera dicho que existe, pero como quieren que no se sepa nada, lo haya extorsionado; o sea, todo puede ser. Pero yo como periodista no puedo especular sobre el tema, y no puedo poner mis especulaciones en formato de noticia.

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