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Celac: ¿quimera o realidad?

El bloque ideal para el equilibrio

Infografía Miembros de la Celac

Infografía Miembros de la Celac

La Razón / Carlos A. Carrasco

01:00 / 11 de diciembre de 2011

El autor, con su experiencia en relaciones internacionales, evalúa el bloque de 33 países fundado en Caracas. Si bien considera que puede ser un intento como antiguos organismos regionales, éste tiene la opción de generar un equilibrio de poder en el mundo.Con la reciente fundación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac) parecería culminar la vieja aspiración bolivariana que inspiró la convocatoria al Congreso Anfictiónico de Panamá, en 1826. Pero diversas circunstancias dejan un margen de duda al entusiasmo inicial de sus auspiciadores.

Cuando el 14 de abril de 1890, bajo el aplastante patrocinio de Estados Unidos, inicia sus labores la Unión Panamericana, no había objetivos románticos de por medio, sino abiertos propósitos mercantiles que deseaban afianzar la divisa monroniana de “América para los americanos”, que blindó sus terrenos frente a la gula de mercaderes europeos.

Labores de intercambio estadístico, ordenamiento de los activos para la mejor penetración del comercio imperial en la región, más algunos programas de adelanto en la educación y en la salud animaron las relaciones vecinales hasta la Conferencia Interamericana realizada en 1948 en Bogotá, cuando el 9 de abril el asesinato del líder liberal Jorge Eliezer Gaitán provocó el alzamiento popular que destruyó la capital colombiana en aquello que se conoce como el “bogotazo”. Aquella fecha emblemática marcó el nacimiento de la Organización de Estados Americanos (OEA), útil instrumento en los fieros combates de la Guerra Fría. Ese organismo, apodado el Ministerio de Colonias por sus antagonistas, era en verdad la unión disímil de lo que el guatemalteco Juan José Arévalo caricaturizaba como la “fábula del tiburón y las sardinas”.

Asentada en Washington desde entonces, su sumisión a las metas estratégicas de Estados Unidos le restó credibilidad cuando observó elocuente silencio ante las invasiones de los marines en República Dominicana (1965), Granada (1973) o Panamá (1989). Ese tibio comportamiento perdura aún en nuestros días, siempre que el Secretario General contemporiza con los autócratas de su simpatía e ignora los reclamos de la sociedad civil.

Las repetidas frustraciones en los ensayos por instituir una sola entidad de integración regional, sin tuición gringa, impulsaron la formación de clubes ad-hoc tales como el Sela (Sistema Económico Latinoamericano), la Aladi (Asociación Latinoamericana de Integración) y en el ámbito subregional, la CAN (Comunidad Andina de Naciones), el Mercosur, el Caricom (Comunidad del Caribe) o el Mercado Común Centroamericano. Ninguno de ellos funcionó a cabalidad, y el único progreso alcanzado redundó en beneficio personal de las frondosas plantas burocráticas engarzadas en robustos presupuestos para expertos de dudosa formación académica.

En relación con la concertación política, como mediación en controversias domésticas o intervecinales, se organizó el Grupo de Río, la Cumbre de la Celac y, finalmente, la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas).

Bajo la magnánima divisa de unidad en la diversidad, la novata Celac intenta agrupar economías, esqueletos constitucionales y concepciones político-ideológicas asimétricas que podrían reproducir el modus vivendi de las sardinas con otros tiburones de apetito impredecible. Así, por ejemplo, la minúscula federación de San Cristóbal y Nieves (261 km2), con sus 38.950 habitantes, no podría llenar el estadio de Maracaná en la patria del gigante brasileño, cuyos 190.732.694 pobladores cubren 8.514.877 kilómetros cuadrados de territorio. Algunos miembros, furiosamente anticolonialistas, deberán dialogar con otros, cuyo Jefe de Estado es la Reina Elizabeth II.

Por otra parte, aquellos países que suscribieron tratados de libre comercio con Estados Unidos cohabitarán con otros ligados por el pacto político del Alba (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América).

Si Colombia ingresó al CIVET (Indonesia, Vietnam, Egipto y Turquía), Chile, México y Perú están asociados a la APEC (Asian Pacific Economic Community). Sin embargo, sólo las economías regionales más grandes, como Brasil, Argentina y México han sido aceptadas al exclusivo círculo del G-20.

Los documentos teóricos que respaldan la creación de la Celac como la Declaración de Caracas o los numerosos comunicados emitidos por la Cumbre de Caracas, ya han dado paso a lecturas controvertidas. Por ejemplo, la prensa cubana resalta que el nuevo organismo cumplirá tareas tales como:

- Declarar reservas forestales y de aguas, bienes de dominio público no susceptible de privatización, anular las concesiones extranjeras y expulsar industrias predatorias.

- Nulidad de tratados de doble tributación, refugio de las transnacionales.

- Denuncia del Tratado Interamericano de Asistencia recíproca y sustitución por pactos mutuos de no agresión.

Si la quimera se tornara realidad, evidentemente, la Celac, un bloque de naciones que es el primer productor de alimentos en el mundo, el tercer generador de energía eléctrica, con un producto interno bruto de 6.06 billones de dólares y un ingreso per cápita de 12.001 dólares; que cuenta con 570 millones de habitantes en 20.446.909 kilómetros cuadrados, podría tener todo el peso necesario para consolidar o alterar el equilibrio del poder en el mundo.

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