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El Che y el PCB

Las dudas sobre el apoyo boliviano a la guerrilla que la historia aún no puede absolver.

El Che sufrió una derrota que le costó la vida. Foto: CR-Cuba-Debate

El Che sufrió una derrota que le costó la vida. Foto: CR-Cuba-Debate

La Razón (Edición Impresa) / Boris Ríos

00:00 / 15 de octubre de 2017

La década de los 60, en plena Guerra Fría, mantenía al mundo en la disyuntiva entre capitalismo y socialismo. La lucha se vivía con avances y retrocesos, silencios, acciones y desaciertos por parte del imperialismo yanqui y de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), tal vez es por eso que la Revolución Cubana irrumpe sobre el escenario como ruptura al statu quo, no como algo excepcional, sino como una alternativa hacia la revolución y como “ruptura epistemológica” que genera un marxismo crítico.

De esa experiencia novedosa, tanto Fidel y Raúl Castro como el Che Guevara son indisolubles constructores. No se había tomado únicamente el cielo por asalto, sino que se corrían los márgenes de lo posible para construir el socialismo en un país del Tercer Mundo, además se optaba por expandir la revolución, por generar las condiciones continentales y mundiales para tomar el poder en el ambicioso y necesario horizonte de destruir al capitalismo universal para erigir una sociedad redimida. Fue en este marco que el Che vino a Bolivia; para construir la revolución continental en una especie de enclave que permita transitar y articular la lucha por la liberación nacional de nuestra mayúscula América. Muchos años antes el Che tejió redes y contactos, por eso las organizaciones que se sentían identificadas con la Revolución Cubana fueron convocadas a colaborar.

Indudablemente, el Partido Comunista de Bolivia (PCB) estaba entre los primeros de la lista.

Tras los sucesos de Ñancahuazú y el asesinato del comandante Guevara el 9 de octubre de 1967 cayó un manto de desconfianza sobre el PCB, pero ¿hubo una velada traición del PCB al Che? ¿Existió un engaño de Fidel y del Che a la dirigencia del PCB?

Al son cubano, como varias organizaciones revolucionarias, el PCB se alineaba a la lucha armada como método. Al influjo de los sucesos de 1965 en Argentina y entre 1963 y 1964 en Perú, con Ricardo Masetti y Héctor Béjar, respectivamente, el PCB movilizaba sus mejores cuadros para brindar apoyo. Entre sus militantes se vivaba la lucha armada, se sentía la necesidad de que el partido constituya su brazo armado y en esos menesteres se suponía que andaban Mario Monje y Jorge Kolle, sus dirigentes; viajando a Cuba, solicitando el apoyo en todo sentido y enviando a militantes de sus juventudes al entrenamiento militar en la isla.

Según autores y testigos, Kolle aprobaba el entrenamiento militar de los jóvenes militantes, mientras que Monje se comprometía, nada menos que con el propio comandante Fidel Castro, a llevar pronto la lucha armada a Bolivia. El PCB estaba con ese método y prueba de ello es que una vez iniciadas las acciones guerrilleras, Kolle afirmaba que era el propio PCB la organización que dirigía la guerrilla.

Sin embargo, Monje y Kolle le dieron la espalda al Che en un momento clave para la guerrilla, no fueron los responsables de la caída militar, pero coadyuvaron en la derrota del proyecto. También mintieron y engañaron a sus militantes en ese comportamiento de la maniobra política. Cuando pudieron abiertamente expresar su disidencia con la lucha armada, construyeron ambigüedades que les permitieron redituar personalmente.

En el prólogo del Diario del Che en la versión cubana, Fidel Castro escribía: “Es notable, como se verá en el Diario, que uno de esos especímenes revolucionarios que ya van siendo típicos en América Latina, Mario Monje, esgrimiendo el título de secretario del Partido Comunista de Bolivia, pretendió discutirle al Che la jefatura política y militar del movimiento. Y puesto que alegó, además, el propósito de renunciar previamente para ello a su cargo partidista, a su juicio, por lo visto, le bastaba el título de haberlo sido para reclamar tal prerrogativa. […] Pero Monje, no satisfecho del resultado, se dedicó a sabotear el movimiento, interceptando en La Paz a militantes comunistas bien entrenados que iban a unirse a las guerrillas. Estos hechos demuestran cómo existen en las filas revolucionarias hombres bien dotados de todas las condiciones necesarias para la lucha, cuyo desarrollo es criminalmente frustrado por dirigentes incapaces, charlatanes y maniobreros”.

Dadas esas circunstancias, muchos de los militantes del PCB terminaron alejándose de su partido; Inti, Saldaña y otros, incluido el propio Jesús Lara vieron el actuar de los dirigentes como cobarde y maniobrero. De hecho, el PCB nunca terminó de aclarar, ni siquiera de forma interna, su papel en la guerrilla del Che, siendo que el informe al respecto fue leído una vez, pero desapareció, incluso físicamente.

No se trataba de una diferencia de método, como afirman algunos historiadores liberales, o como la mejor opción “para salvar al partido” cuando quieren deslindar responsabilidad algunos trasnochados, sino que es un actuar deplorable del criollismo típico de la izquierda tradicional latinoamericana que la historia se encargará de juzgar. Claramente, no ha sido una traición del partido y de sus militantes al Che, pero sí una evidente traición del Comité Central del Partido de ese entonces encabezado por Monje y Kolle.

Aún quedan muchos aspectos no aclarados, parafraseando a Carlos Soria Galvarro, esto que nos convoca a preguntarnos: ¿tendrán los archivos militares bolivianos algunos aspectos novedosos sobre estos hechos? ¿Cuál fue el papel del partido Comunista de la URSS y sus agencias con relación a la guerrilla y al Che? ¿Hubo alguna instrucción del PCUS al PCB?

  • Boris Ríos es sociólogo, militante guevarista y coautor del libro sobre el ELN

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