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Chile ofreció siete veces resolver el enclaustramiento

Lo de Charaña fue el ofrecimiento más concreto que realizó Chile para solucionar la mediterraneidad de Bolivia; sin embargo, no fue el único, cada una de las ofertas chilenas crearon jurisprudencia que dio derechos a Bolivia. Ése es el fundamento de la demanda. A continuación se enumeran las ofertas chilenas.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont

00:07 / 09 de febrero de 2014

Si bien la oferta de Charaña —mencionada en las memorias chilenas durante el juicio que le entabló Perú en La Haya— respondida por Chile con una contrapropuesta específica es la más importante de la historia del conflicto marítimo al ser la más concreta, ésta no fue la única que hizo Santiago para solucionar la mediterraneidad boliviana. De hecho, hubo siete ofertas de solución en total, éstas son el fundamento de la demanda boliviana ante La Haya, cuyo cimiento es la noción jurídica del derecho que crean los actos unilaterales de los Estados, que pueden ser declaraciones o documentos realizados por altas autoridades relacionadas a un tema concerniente a un tercer Estado.

El 6 de agosto de 1825, Bolivia logró su independencia con un acceso al océano Pacífico, una costa de más de 400 kilómetros y un territorio costero de más de 120.000 kilómetros cuadrados. En 1879, Chile invadió y ocupó Antofagasta (Bolivia) y comenzó la Guerra del Pacífico. Tras el triunfo chileno, Bolivia perdió su acceso al mar.

La primera oferta chilena de solución fue en 1895 con el Tratado Especial de Transferencia de Territorios. En ese tiempo, aún no se había definido si los territorios de Tacna y Arica (Tacna hoy Perú, mientras que Arica fue peruana hasta la invasión chilena) serían de Chile o Perú. Había un plebiscito entre Chile y Perú para determinar el conflicto, es decir que la población votaría a qué país deseaba pertenecer.

El artículo 1 del tratado señala: “Si a consecuencia del plebiscito que haya de tener lugar, en conformidad al Tratado de Ancón o a virtud de arreglos directos, adquiriese la república de Chile dominio y soberanía permanente sobre los territorios de Tacna y Arica, se obliga transferirlos a la República de Bolivia, en la misma forma y con la misma extensión que los adquiera, sin perjuicio de lo establecido en el artículo II. La república de Bolivia abonará como indemnización por dicha transferencia de territorio la suma de cinco millones de pesos de plata, de 25 gramos de peso y nueve décimos de fino, quedando especialmente afecto para responder a este pago el 40% del rendimiento bruto de la Aduana de Arica”. Lo solución a la mediterraneidad, a sólo 16 años de la guerra, se daría mediante un canje económico.

El artículo 4 del mismo documento apunta: “Si la república de Chile no pudiese obtener en el plebiscito o por arreglos directos la soberanía definitiva de la zona en que se hallan las ciudades de Tacna y Arica, se compromete a ceder a Bolivia la caleta de Vitor, hasta la Quebrada de Camarones, u otra análoga, y además la suma de cinco millones de pesos de plata de 25 gramos de plata y nueve décimos de fino”. Es decir que sea cual hubiere sido el resultado del plebiscito, Bolivia terminaba con una salida al mar...

En 1920, Chile y Bolivia firmaron un acta protocolarizada. Ése fue el segundo ofrecimiento chileno de una salida al mar. En esa ocasión, el representante chileno, Emilio Bello, que había participado en el Tratado de 1904, firmó en La Paz con el canciller Carlos Gutiérrez, un acta en el que se comprometió a ceder al país una parte de Arica a cambio de un pago por ese territorio. Un golpe de Estado en Bolivia frustró el arreglo.

La tercera oferta fue en 1923, figura en unas cartas diplomáticas. El canciller chileno Luis Izquierdo negociaba con el enviado especial de Bolivia, Jaimes Freyre, y se hablaba de que Chile estaría dispuesto a solucionar el tema a cambio de compensaciones no territoriales.

“El Tratado de Paz no es revisable [...] No obstante [...] mi gobierno sigue manteniendo el propósito de escuchar con el más elevado espíritu de conciliación y de equidad [...] sin modificar el Tratado de Paz y sin dejar interrumpida la continuidad del territorio chileno [...], el Gobierno de Chile pondrá el mayor empeño en concertar con el de V. E., en vista de las proposiciones concretas que Bolivia presenta [...] las bases de una negociación directa que conduzca, mediante compensaciones mutuas y sin el desmedro de derechos irrenunciables, a la realización de aquel anhelo”, dice la carta de Izquierdo.

En 1926 se dio la cuarta propuesta de solución, cuando el secretario de Estado de Estados Unidos, Frank Kellogg, propuso a Perú y Chile que cedan parte de Tacna y Arica a Bolivia. Esa propuesta surgió en momentos en que esos territorios seguían sin ser definidos. Estados Unidos intervino y planteó que se dé al país esa superficie a cambio de una compensación económica para ambos países. Chile aceptó, según el libro de Jorge Gumucio Granier EEUU y el mar. A principios de abril, dice el autor, Collier envió un informe al secretario Kellogg en el que transmitía el deseo del nuevo canciller chileno (Beltrán Mathieu) para ganar la “amistad y gratitud” de Bolivia y lograr un acuerdo mediante negociaciones que darían al país un puerto y a Chile compensaciones materiales por este motivo.

El 28 de noviembre de 1925, escribe Gumucio, “Barros (canciller chileno) informó a Kellogg que personalidades y grupos poderosos e influyentes en Chile, y que no integraban el Gobierno, eran partidarios de un arreglo diplomático directo que debía incluir la partición de territorios o la venta del mismo a Bolivia”.

La quinta vez en que Chile intentó solucionar el problema fue en 1950, lo que figura en el intercambio de notas diplomáticas entre el canciller chileno Horacio Larraín y el embajador boliviano en Santiago, Alberto Ostria Gutiérrez.

En las notas del 1 al y 20 de junio, Chile aceptaba “entrar formalmente en una negociación directa destinada a buscar la fórmula (para) que pueda ser posible dar a Bolivia una salida propia y soberana al océano Pacífico, y a Chile obtener compensaciones que no tengan carácter territorial y que consulten efectivamente sus intereses”.

En 1961 se dio el sexto ofrecimiento. El Estado chileno propuso una salida soberana a cambio de un aliciente económico e insistió en retomar el espíritu de las notas del 50. La intención se dio a conocer oficialmente a través de un memorándum que hacía llegar el canciller chileno Manuel Trucco. El documento expresaba la voluntad de volver a emprender las conversaciones de 1950  y transcribe las notas entre Larraín y Ostria. No obstante, Chile estaba a punto de desviar las aguas del río Lauca.

Finalmente, llegó a la oferta más concreta de la historia, la incluida en las negociaciones de Charaña. Bolivia hizo una propuesta y Chile devolvió con una contrapropuesta el 19 de diciembre de 1975: la cesión soberana a Bolivia de un corredor al norte de Arica, con continuidad territorial hasta el mar. El litoral comprendería ocho kilómetros de costa, sobre la Línea de la Concordia.

Ésta fue la última oferta, la más concreta, si bien en la demanda presentada figuraban solo los ofrecimientos más importantes. La demanda boliviana se basa en que los actos unilaterales de los Estados crean derecho, cada una de estas siete ocasiones Chile realizó un acto unilateral que da derechos a Bolivia de que se negocie no una abstracción, sino algo concreto, es decir, una salida al mar.

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