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Chile perdió por la razón más de lo que obtuvo por la fuerza

Doña Ximena Carolina Fuentes Torrijos, agente de Chile para el caso del Silala, olvida que al calificar de ‘insólito’ un posible fallo adverso a Chile en la Corte Internacional de Justicia en el litigio con Bolivia, su país perdió por la razón más territorio del que obtuvo por la fuerza.

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La Razón (Edición Impresa) / Raúl Alcázar Machicado es médico, investigador de la relación entre Bolivia, Perú y Chile.

00:00 / 29 de enero de 2017

En noviembre, la agente chilena ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya (Holanda) para el caso del Silala, doña Ximena Carolina Fuentes Torrijos, doctora en Derecho por la Universidad de Oxford,  autora de frases tan célebres como: “los Estados están obligados a cumplir los tratados aunque cambien de gobierno. Incluso si pasan a sistemas de gobierno totalmente opuestos, como, por ejemplo, de socialismo a democracia” (WikiBello-Comunidad de estudiantes de Derecho de la Universidad de Chile), o la última, que aún levanta polvareda: “la verdad es que la canalización (de las aguas del Silala por parte de Chile) tuvo otro propósito, que fue evitar la contaminación del agua, porque el agua que estaba en el territorio boliviano era para las locomotoras y, por lo tanto, no podía ir contaminada” (Reporte Chile del 6 enero de 2017).

En una entrevista para el diario Concepción de Chile inusualmente expresó que Bolivia es un vecino “vociferante”, además de que “cada vez que Chile va a un tribunal internacional, tiene que saber que los resultados son insólitos y que tiene que estar preparado para todo”.

En sus singulares declaraciones, doña Ximena olvida que al calificar de “insólito” un posible fallo adverso a Chile en la Corte Internacional de Justicia en el litigio con Bolivia, su país perdió por la razón más territorio del que obtuvo por la fuerza.

El siguiente es un registro cronológico de este decurso histórico.

1881: El Tratado de 23 de julio de ese año, muchas veces modificado, estableció los límites precisos entre Chile y Argentina. Sentó las bases de la frontera entre ambos países, desmilitarizó el estrecho de Magallanes, declaró obsoletos los tratados anteriores y nombró una instancia en caso de controversias. El ordenamiento geográfico aseguraría la soberanía de Chile en el estrecho de Magallanes, pero a su vez significó renunciar a los derechos chilenos sobre la Patagonia oriental. Chile aceptó entregar la Patagonia porque el interés principal de las élites de ese momento estaba en las salitreras de Antofagasta y Tarapacá.

El acuerdo implicó la entrega de 1.000.000 kilómetros cuadrados a Argentina. “La transacción sería ventajosa para nosotros, no debemos hacernos ilusiones creyendo que aquella extensión sea otra cosa que tierras primitivas, incultivables y de todo punto ingratas a los hábitos y aspiraciones de la industria”, escribiría José Victorino Lastarria en 1865, enviado chileno para negociar el nuevo tratado.

1893: La Comisión de Límites que negociaba el acuerdo de 1881 con Argentina estableció adicionalmente que “el límite entre Chile y la República Argentina era de norte a sur hasta el paralelo 52 de latitud, la Cordillera de los Andes”, y que “la línea fronteriza correrá por las cumbres más elevadas de dicha cordillera, que dividan las aguas, y que pasará por entre las vertientes que se desprenden a un lado y a otro”. “Se tendrá, en consecuencia, a perpetuidad, como de propiedad y dominio absoluto de la República Argentina, todas las tierras y todas las aguas, a saber: lagos, lagunas, ríos y partes de ríos, arroyos y vertientes que se hallen al oriente de la línea de las más elevadas cumbres de la Cordillera de los Andes que dividan las aguas. Chile aceptó modificar el meridiano de la frontera acordada en el Tratado de 1881 ante el reclamo argentino. Esta nueva definición del territorio chileno condujo a la pérdida para Chile de alrededor de 800 kilómetros cuadrados entre las islas y un segmento de Tierra del Fuego.

1899: El 10 de mayo de 1889, Bolivia cedía a Argentina “La Puna de Jujuy, de Salta y de Catamarca, desde la Quebrada del Diablo hacia el norte por la vertiente oriental de la cordillera hasta las altas cumbres de los Andes”, a cambio de la renuncia argentina sobre sus aspiraciones en Tarija.   

De manera muy peculiar, y casi al mismo tiempo, el 19 de mayo de 1891 el ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia, Serapio Reyes Ortiz, y Juan Gonzalo Matta, en representación de Chile, firmaron un protocolo en el que Bolivia cedía a Chile la soberanía sobre la Puna de Atacama, pese a que dos años antes la había otorgado al gobierno argentino en virtud del Tratado Quirno Costa- Vaca Guzmán. Para ganar tiempo, Chile firmó con Bolivia el acuerdo del 30 de abril de 1896 (que nunca se cumplió), que establecía que si Chile no entregaba Arica a Bolivia, le cedería la caleta Vítor u otra caleta similar, para la propia salida al mar boliviana.

Los desconcertados delegados de ambos países encargaron al ministro plenipotenciario de los Estados Unidos en Buenos Aires, William Buchanan, la resolución del rompecabezas geográfico. Finalmente, el 24 de marzo de 1899 estuvo listo el fallo, conocido como Laudo Buchanan, con el cual el asunto de Atacama quedó cerrado. De 75.000 kilómetros cuadrados de territorio en disputa, 64.000 kilómetros cuadrados (85% del total) quedó para Argentina, y 11.000 (15%) para Chile”.

“En su obsesión con los territorios bolivianos ricos en guano, salitre y cobre, Chile descuidó deliberadamente todo un territorio continental” (Rolando Rojas Rojas, Lima, Instituto de Estudios Peruanos).

1902: El 20 de noviembre el laudo de su majestad británica Eduardo VII frente a un nuevo reclamo argentino fija una nueva repartición “equitativa” sobre la zona que el Tratado de 1881 adjudicaba enteramente a Chile. La división del territorio implicó la partición de los lagos Palena y General Carrera. El senador chileno Manuel Ossa protestó en contra de los acuerdos, anticipando que no variaría la histórica política argentina con respecto al territorio chileno y sus pretensiones hacia el Pacífico: “La historia de la República Argentina —dijo en una sesión reservada— nos manifiesta que siempre ha observado una conducta maquiavélica para con nosotros, pues nos ha hecho mal por todos los medios imaginables. (...) La ingeniería de la República Argentina en los asuntos del Pacífico se hará sentir tarde o temprano.

Debemos prepararnos para la invasión argentina, que tratará de colocar su bandera en el estrecho de Magallanes, pues no tiene otro pensamiento que aniquilarnos y dejarnos reducidos a nación de tercera clase”. (Sesión secreta del Senado de Chile 19 de junio , Valparaíso 1878). La línea divisoria adoptada distribuyó los valles andinos australes, 94.000 kilómetros cuadrados en litigio, otorgando 54.000 kilómetros cuadrados a Chile y los restantes 40.000 kilómetros cuadrados a Argentina.

1929: Tratado de Lima. El acuerdo entre ambas naciones pone fin a la controversia respecto a la soberanía de las provincias de Tacna y Arica. Tacna permanece en la frontera peruana, mientras que la provincia de Arica queda bajo soberanía chilena; lo que significó una pérdida de 16.076 kilómetros cuadrados de territorio previamente conquistado por Chile en la Guerra del Pacífico.

1966: Alto Palena. El 9 de diciembre (a cambio de un acuerdo secreto por el que Chile apoyara a Argentina en el incipiente conflicto de las Malvinas), Chile aceptó el laudo de la reina Isabel II a favor de Argentina, debiendo entregar tres de los cuatro valles que en 1902 habían sido adjudicados a Santiago, con una pérdida territorial de 420 kilómetros cuadrados.

1984: El Tratado de Paz y Amistad entre Argentina y Chile, firmado en noviembre de 1984, puso fin al Conflicto del Beagle, que llevó a los países al borde de la guerra en diciembre de 1978.  El laudo arbitral pronunciado el 1 de abril de 1977 por la reina Isabel II otorgó aguas navegables en el canal Beagle a ambos países y la mayor parte de las islas y de los derechos oceánicos generados por ellas a Chile, pero el gobierno militar argentino rechazó el fallo declarándolo “insanablemente nulo”, poniendo a ambos países al borde de una guerra. Isabel II dictaminó que el canal de Beagle llegaba hasta el cabo San Pío y que las islas Picton, Lennox y Nueva pertenecen a Chile; sin embargo Argentina insistió en sostener una tesis opuesta.

El acuerdo final respecto al territorio reconoció todas las islas al sur del canal Beagle como chilenas; sin embargo, dividió la zona marítima entre ambos países. El conflicto llegó a su punto culminante el 22 de diciembre de 1978, cuando las Fuerzas Armadas Argentinas se dispusieron a ocupar las islas en disputa. La intervención del papa Juan Pablo II evitó la guerra y condujo una mediación que llevó a la firma del Tratado de Paz y Amistad el 29 de noviembre de 1984, que solucionó el conflicto tras más de 70 años de disputa. Luego de una consulta popular, el gobierno argentino ratificó lo tratado, al igual que el gobierno chileno. Argentina obtuvo 30 kilómetros cuadrados en islas, fuera de las aguas propias navegables.

1994: Laguna del desierto. Esta zona geográfica, descubierta por Chile en 1923, cayó en disputa gracias a un mapa impreso en Estados Unidos en 1953 que incluía la Laguna del Desierto en territorio argentino. Buenos Aires ordenó la invasión argentina en el área de la Laguna del Desierto en 1965, territorio que los argentinos nunca más abandonaron. Chile, urgido por el interés de evitar conflictos geopolíticos con todos sus vecinos a lo largo de más de un siglo, ingresó en una pasividad inexplicable en el asunto. Una vez más, tanto la razón como la fuerza quedaron en simples bravatas. “No hay paz sin honor”, exclamó el comandante en jefe de la Fuerza Aérea Argentina e integrante de la Junta, brigadier Orlando Ramón Agosti.

Finalmente, en 1991, los presidentes Patricio Aylwin, de Chile, y Carlos Menem, de Argentina, acordaron, según lo previsto en el Tratado de Paz y Amistad de 1984, acudir a un arbitraje internacional sobre la disputa. El Tribunal de arbitraje, el 31 de octubre de 1991, integrado por miembros paritarios de ambos estados en Río de Janeiro, falla mayormente en favor de la posición argentina, quien obtiene alrededor de 560 kilómetros cuadrados de territorio. “La peor derrota diplomática de Chile en toda su historia”, según David Urenda, Santiago, 1984.

1998: Campo de Hielo Sur es la denominación que tiene en Chile la gran extensión de glaciares situada en los Andes patagónicos, en la frontera con Argentina, cuya superficie aproximada es de 16.800 kilómetros cuadrados. La delimitación de esta zona fue primeramente fijada en el Tratado de 1881; sin embargo, al momento de la demarcación de la zona surgieron diferencias entre las partes, impidiendo un acuerdo. El laudo de 1902 daba prioridad al corte de aguas en las áreas de difícil definición geográfica, como son los hielos continentales.

Así, cuatro grandes lagos australes se encuentran cortados por la mitad por la frontera definida entonces y actualmente en vigencia. Fue bajo ese criterio, además, que Laguna del Desierto fue determinada como territorio chileno a pesar de su vertiente Atlántica. Chile aún pretende usufructo en el manantial del Silala pese a este antecedente.

Una de las preocupaciones chilenas es que la demarcación por la divisoria de las aguas por las más altas cumbres sería favorable a la pretensión argentina, y dejaría la frontera en un punto más cercano del océano Pacífico. Además, los avances tecnológicos en materia de estudios de glaciares también podrían favorecer a Argentina. En 1998, ambas naciones firmaron un acuerdo manteniendo lo pactado en 1881; sin embargo, no fue sino hasta 2006 que se forma la Comisión Mixta de Límites para realizar el estudio geográfico. El asunto todavía no está completamente definido; sin embargo, como van las cosas, Chile perdería 1.300 kilómetros cuadrados.

2014: La Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya resolvió el 27 de enero de 2014 conceder a Perú aproximadamente 22.500 kilómetros cuadrados de la extensión marítima chilena, manteniendo el hito de frontera actual entre ambos países. Perú no ganó todo lo que pedía, pero Chile perdió un 55% del área en disputa. Eso, sin contar el triángulo externo, que también es peruano.

La historia es clara, Doña Ximena Carolina. A leerla con cuidado, aunque le resulte “vociferante”.

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