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Ciudades en venta

Según el Censo 2012, en 175 municipios la población urbana es ¡0!, es decir que la mitad de los municipios del país son 100% rurales, en ellos vive, sin embargo, únicamente el 14% de la población. En contraste, en las 10 ciudades más urbanizadas de Bolivia vive el 42% de la población.

La Razón (Edición Impresa) / Rafael López Valverde

00:01 / 14 de marzo de 2016

Son 829 metros. La estatura del rascacielos más alto del mundo se decidió en reunión de un minuto. El ingeniero a cargo, mostró el plano de 90 pisos al gobernador de Dubái, Vicepresidente  y Primer Ministro de los Emiratos Árabes Unidos. Se rechazó en segundos: 90 pisos no eran suficientes. La contrapropuesta de 120 tampoco alcanzó la ambición de Sheikh Mohammed. Para convencerlo, se imprimieron las siluetas alineadas de los rascacielos más altos del planeta junto al futuro Burj Khalifa; entonces preguntó: ¿cuánto más alto es respecto al más alto?, 40%, dijo el ingeniero; ok, háganlo, respondió.

Sin embargo, el trono se derrocará el 2020.  El primer lugar de Dubái, conseguido el año 2010, pasará a manos del kilométrico Jeddah Tower en Arabia Saudita. La competencia por tener el Everest de cemento en casa empezó hace rato, ya en 2005, Asia Pacífico cobijaba a 25 de los 35 edificios más altos del mundo, hogar de las 2 siguientes superpotencias: China e India.

Los rascacielos son una perfecta excusa para explorar causas más sumergidas. Una explicación inicial está en que hay mucha gente viviendo en poco espacio. En 1950 y a nivel global, 6 de cada 10 personas vivían en áreas rurales, hoy la relación se ha invertido. Es más, esta porción urbana del planeta vive en menos del 2% de la Tierra y la tendencia no tiene freno. Para 2030 se estima que el 9% de la población global viva en 41 ciudades.

La gente se mueve, y lo hace mayoritariamente a zonas urbanas. En 2000, 2,8% de la población mundial no vivía en el lugar de nacimiento, cifra que creció a 3,2% en 2013. Pero si el entorno familiar se calcula en factor de 5, entonces el ¡15%! vive de algún modo fuera. No extraña que de los 9,2 millones de habitantes de los Emiratos Árabes Unidos, casi 8 sean extranjeros. Ahora bien, no todos se van porque quieren, el conflicto en Oriente Medio, entre otros, expulsa a diario a miles de personas. Otros se van atraídos por el dinero, la leyenda de El Dorado paradójicamente está ahora en el occidente.

De acuerdo con Richard Florida,  otros se van en busca de lo que él llama la “clase creativa” o las nuevas jóvenes mentes brillantes, buscan también un entorno tolerante e industrias tecnológicas no incipientes. Por ejemplo, el ucraniano Jan Kuoum, cofundador  de WhatsApp, se mudó con su madre teniendo 20 años a Sillicon Valley, renunció a Yahoo y cansado de pagar por mensajes de texto (SMS) creó la empresa que años después vendió por el equivalente a 67 veces el precio cotizado de Lionel Messi. Así, Berlín imanta a los artistas, Londres a los corredores de bolsa, etc.

La densidad no es menor en la ecuación. Como un sinfín de alfileres de cobre en contacto con la electricidad, una masa densa de gente transmite conocimiento, aprendizaje. De allí la innovación emerge con naturalidad.

En Bolivia, aunque sin edificios tan altos pero con otras edificaciones que generan status, la tendencia es la misma. Según el censo de 2012, 63% de la población vive en áreas urbanas mientras que en 1950, 73% vivía en áreas rurales. Sin embargo, veamos dónde se acumula la población urbana y rural. El censo de 2012 utilizó 339 municipios como referencia. Resulta que en 175 municipios la población urbana es ¡0!, es decir que la mitad de los municipios del país son 100% rurales, en ellos vive, sin embargo, únicamente el 14% de la población ocupando el 39% del espacio. En contraste, en las 10 ciudades más urbanizadas de Bolivia vive el 42% de la población, ocupando únicamente el 1,6% del territorio nacional.

Ahora bien, todo lo expuesto anteriormente explica por qué los edificios pueden ser un justificativo al crecimiento urbano acelerado. Pese a ello, Dubái, teniendo la corona a la altitud, no tenía un solo habitante antes de que la ciudad fuese diseñada. Pasó de ser desierto a una de las ciudades más conocidas del mundo. Eso explica la segunda motivación.

La crisis financiera de 2008, que inició con el colapso de Lehman Brothers, hizo temblar al mundo entero. El dominó financiero estaba y está íntimamente conectado a nivel global. Cuando China o Estados Unidos anuncian una devaluación de su moneda los sudores fríos se esparcen a todas las esquinas del planeta. En 2006 el comercio de bienes intermedios (por ejemplo manillas de relojes) representaba el 56% del comercio total, lo que significa que la especialización es cada vez mayor sobre el insumo y no el producto final, haciendo que la interdependencia de la economía sea global.

En consecuencia, los capitales globales se mueven rápido y necesitan puertos intermedios y destinos finales para su reproducción. Las ciudades hoy compiten brutalmente para atraerlos. Una forma de mostrarse como una ciudad atractiva/seria para capitales y gente talentosa es tener un estandarte (edificio) gigantesco, es el estatus hecho cemento y vidrio, en algunos casos puede ser también un concurso fálico. 

Todo esto responde a una asociación de que el desarrollo necesita tótems, las torres gemelas fueron atacadas  justamente por ello. Para superar a tu adversario, entonces, se necesita construir el símbolo de desarrollo. Esto puede llegar al punto de tomarse selfis en Starbucks McDonalds creyendo así que uno ha alcanzado un status de respeto en estándares de consumo globales.

El anzuelo para esta pesca de capitales son los rankings. La ciudad más visible, la ciudad más segura, la ciudad más fácil para hacer negocios, la ciudad más inteligente, etc. Hace poco Santa Cruz estuvo en primeras planas por un ranking similar del Financial Times y el presidente Evo Morales ejercitó una suerte de oferta política de Bolivia a capitales foráneos, como una feria a la inversa con los de gorda billetera.

Aunque muchos de los rankings honestamente contribuyen al desarrollo local, la gran mayoría ayuda directa e indirectamente a trazar la hoja de ruta para los capitales urgidos de aterrizar. Como el uranio, éstos no son malos o buenos por sí mismos. Son buenos en la medida en que contribuyan a desarrollar una ciudad que cumpla las exceptivas de las grandes mayorías, y son malos cuando las ciudades son literalmente compradas.

Saskia Sassen, experta en ciudades, recientemente nos dijo que la compra de terrenos urbanos el año pasado alcanzó la fabulosa cifra de un trillón de dólares. Cifra con la que podría alfombrarse toda Bolivia con billetes de un dólar, no una sino 9.400 veces, o si se quiere podríamos tener un colchón de billetes de un dólar de casi 10 metros de alto. Todo este dinero compró bienes raíces en Londres, Nueva York, en muchos casos las compras tienen ahora propiedad china.

Se tiende a la homogeneización de las grandes ciudades dónde encontrar una tienda de Zara, H&M, o malls con toda la ropa confeccionada mayoritariamente en Bangladesh, son galones de agua para la sedienta clase media emergente que, no todos, necesitan compararse en los estándares de consumo planetario.

Con todo ello sugiero un par de cosas que creo debieran pensarse/hacerse en Bolivia. Inicialmente, deberíamos ser capaces de medir la generación de riqueza al nivel de ciudades. El PIB departamental es casi inservible en un país tan urbanizado como el nuestro. También debe pensarse desde las ciudades en la mínima escala  territorial posible. La ciudad, esconde mucha desigualdad por lo que apuntar al barrio es una mejor estrategia. El municipio de La Paz y su plan Barrios de verdad es una buena aproximación. Debe pensarse que todo capital que invierta en la ciudad debe tener criterios de aprobación. Por ejemplo, por cada Ventura Mall debiera haber una obligación legal de construir una cantidad semejante de áreas verdes o espacios públicos. Debe controlarse la asimetría al interior de la ciudad y vender la misma preguntándose siempre: ¿a quién estamos dañando?

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