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Coca y reforma agraria

La expansión de la coca hacia el Chapare tiene que ver con las políticas agrícolas nacionalistas

La Razón (Edición Impresa) / Ernesto Calizaya es periodista

07:00 / 15 de agosto de 2018

Tras la revolución de 1952, la presión popular que llevó al Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) a asumir el mando del país logra que en el primer aniversario del levantamiento, el 9 de abril de 1953, se cree la Comisión de la Reforma Agraria; así, el 2 de agosto de ese año se decreta la Reforma Agraria, que tardaría en aplicarse en los Yungas de La Paz y produciría otro fenómeno: la incorporación de las provincias Arani, Carrasco, Totora y el Chapare tropical como nueva zona para el cultivo de la coca.

Entre 1954 y 1957 no varió la cantidad de coca producida en los Yungas, empero, se alteró el sistema de comercialización que tenían los hacendados y empezó a faltar coca en los centros mineros. El Estado, a través del Ministerio de Asuntos Campesinos, asumió la tendencia a suprimir los cultivos de coca y reemplazarlos por otros productos, pero la idea cae en saco roto, además incentiva la aparición de nuevos ricos, entre dirigentes que logran hacerse de más tierras y quienes se dedican a la compra de coca a los campesinos.

Para 1958, en Coripata, incluso su alcalde fungía como intermediario entre el régimen del MNR y la población yungueña, para consolidar la propiedad de algunos campesinos y también favorecer a algún exhacendado.

Respecto al Chapare, la zona era considerada como selvática, insalubre y difícil de ser incorporada a la producción agrícola, pero con la Reforma Agraria y la búsqueda de mayores áreas de cultivo se abre para la dotación a los colonos.

En la Notaría de Hacienda de Cochabamba existe un archivo donde se registra que en 1863 la producción del Chapare era mínima respecto a otras regiones del departamento, y se consigna que apenas se había experimentado con el cultivo de coca, concretamente con la variedad de los Yungas de La Paz (Erythroxilon coca Lamm), con resultados no muy exitosos (René Bascopé Aspiazu. La veta blanca: coca y cocaína en Bolivia. Aquí, 1982).

En 1914, la Prefectura de Cochabamba encarga un estudio al ingeniero agrícola José Cornacchia sobre los problemas que confrontaba el cultivo de la coca en la región, y los resultados son publicados dos años después en el folleto Hipótesis sobre las causas que provocan la estalla en la coca. Ahí, el experto agrícola Luis Felipe Guzmán reconoce en el prólogo el valor económico de la coca y los beneficios que llevaría a Cochabamba de superarse los problemas de su cultivo. Anota, además, la necesidad de que el Gobierno tome con seriedad la tarea de producir coca, especialmente en el noreste de Cochabamba.

Sin embargo, fue recién a partir de 1953, cuando se distribuyeron tierras en el Chapare, que los agricultores del lugar empezaron a experimentar con el cultivo de coca de los Yungas paceños y otras variedades.

En 1958, la coca del Chapare intentó introducirse en el mercado tradicional, pero los campesinos y los mineros preferían la hoja de los Yungas. Hasta 1976, la producción de coca en el Chapare no registra saltos considerables, pero en la medida en que se llevó a cabo la elaboración “industrial” de cocaína —ligada a una alianza militar-burguesa— eclosionó sorprendentemente.

Tras el golpe de Estado del 21 de agosto de 1971 con Hugo Banzer Suárez surge un nuevo reparto de tierras. Miembros del Gobierno reciben extensiones de hasta 2.000 hectáreas en Santa Cruz y hasta 50.000 en Beni. La producción de coca en 1976 asciende a 7.108 toneladas, según Usaid, aunque investigaciones de Serafín Rajab Campos y Víctor Hugo Vargas indican que en realidad eran 25.203 toneladas, y de éstas 19.512 correspondían a la producción en el Chapare. El consumo tradicional no superaba las 4.120.

En los 80, se concluye que el régimen de Luis García Meza tiene participación activa en el narcotráfico. En 1981, la producción de coca en Bolivia sobrepasó las 80.000 toneladas, aunque investigadores de la DEA (Drug Enforcement Administration) informaron que Bolivia podía producir al año más de 559.000.

Tras asumir Evo Morales a la Presidencia en enero de 2006, en junio del mismo año, la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (UNODC) da a conocer que, según registros de 2005, existen 25.400 hectáreas de coca. El más reciente Informe de Monitoreo de Cultivos de Coca en Bolivia, de 2016, y presentado en 2017, estima una superficie de 23.100 hectáreas (68% en los Yungas, 31% en el Trópico de Cochabamba y 1% en provincias del norte paceño).

Datos de la Secretaría Técnica del Consejo Nacional de Lucha Contra el Tráfico Ilícito de Drogas (Conaltid) señalan que en el periodo 1988-2005 se registró un promedio de 38.185 hectáreas de cultivos de hoja de coca, mientras que entre 2006-2016 el promedio bajó a 26.182. Es del periodo neoliberal que se tiene el registro de mayor extensión de cultivos de hoja de coca. En 1988 se llegó a 57.890 hectáreas, y el nivel más bajo ocurrió en 2000 —durante el gobierno democrático de Banzer que impulsó la política de “cero coca”— llegando a 14.600 hectáreas.

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