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Complejas nuevas clases medias

Hoy en día, provoca una investigación, la idea que se tenía acerca del ascenso de las élites es otra

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos es periodista

00:00 / 21 de noviembre de 2018

Desde por lo menos 2011 se sabe que al menos 1,8 millones de personas accedieron a la clase media en el país, según las cifras del ingreso y consumo. “Por primera vez la pirámide se ha agrandado, por primera vez somos un país que ya no es predominantemente pobre, sino de clase mediera vulnerable”, destaca Ernesto Pérez, coordinador por parte del PNUD de la investigación Movilidad socioeconómica y consumo en Bolivia, patrones de consumo en sectores emergentes, presentada esta semana. En efecto, si entre 2003 y 2004 la mayoría de la población (49,4%) se ubicaba en el denominado “estrato bajo”, como en grada iba disminuyendo: 27,7%, estrato medio vulnerable; 15,2%, estrato medio estable; y 7,9%, estrato alto; en 2015 hay un importante cambio: se ensancha “la panza”. El estrato bajo desciende a 30,9%, sube el estrato medio vulnerable a 36,9%; también se incrementa la cantidad de gente ubicada en el estrato medio estable, a 25,5% de la población; el estrato alto sigue rondando el 6,6%. 

Ahora, la idea de la investigación, cuenta Pérez, más bien fue saber “cómo se están comportando estas nuevas clases emergentes; cómo están consumiendo, cómo perciben la movilidad a través del consumo; y, además, cómo perciben su consumo de bienes y servicios públicos”. El estudio abarca el periodo comprendido entre 2000 y 2015.

Un primer hecho que llamó la atención, y que fue resaltado por los investigadores, fue que comparando los periodos 2003-2004 y 2015, el rubro de mayor gasto fue en “alimentos y bebidas no alcohólicas”; si a principios de la década era el 24,2% del presupuesto, en 2015 sube a 37,1%; pero, dado el país y su desarrollo, esto no es extraño: “nos está diciendo que lo primero que hemos hecho es ponernos al día en consumos de necesidad básica”, destaca Pérez, aunque, como señala el estudio, esto es más propio de los estratos bajo y medio; en cambio, el estrato medio estable mostró más bien una “tendencia hacia el gasto en actividades de ocio y de entretenimiento, y hacia un inicial incremento del gasto en bienes de consumo duradero”. Tal “doble velocidad” del consumo, afirman los autores, “revela que Bolivia está dando sus primeros pasos para convertirse en una sociedad de consumo”.

Un hecho que vino a ratificar el estudio es que la educación —una forma del capital cultural— sigue siendo un “vehículo de progreso y movilidad”. Ciertamente, el uso tradicional, instrumental, de la educación (estudiar una profesión para luego trabajar y progresar en ella) de algún modo se ha relativizado: hoy día, destaca Pérez, hay nuevas prácticas: “a ver cuántos de nosotros pueden aprender chino mandarín, manejar tecnología de información, viajar a China y traer mercadería; eso necesita una tecnificación, que probablemente no sea lo que te dan en la educación formal, pero que sirve a los jóvenes que están emprendiendo estos negocios familiares tradicionales”.

Una de las cualidades del estudio es que encara el problema de las nuevas clases medias tanto desde la perspectiva cuantitativa como desde la cualitativa. Si bien se encuentra que objetivamente hay un ensanchamiento de los estratos medios, en el trabajo de encuestas y grupos focales con los protagonistas se vio que buena parte de ellos se posicionan como “clase media”: “La investigación expone cómo la mayoría de las personas se autoposicionó en la clase media, aunque no tenía un concepto claro de lo que significaba ‘ser de la clase media’”, destaca la investigación.

Ahora, uno de los hallazgos mayores del trabajo es la “tensión” que ha empezado a aparecer con el consumo de bienes y servicios públicos. “Al ascenso social le corresponde una mayor demanda por calidad y cobertura de los servicios públicos”, apunta el coordinador Pérez.

Seguridad ciudadana, salud, educación y transporte fueron los principales servicios públicos que los estratos medios emergentes identifican como los más importantes. Pero he aquí el detalle, remarca el estudio, “es respecto a estos bienes y servicios que las preocupaciones ya no tienen que ver solamente con el acceso o el uso mínimo, sino que la calidad y la efectividad de la prestación empieza a tener un peso importante en los niveles de satisfacción”.

De plano, “hay un alto grado de insatisfacción”, insiste Pérez. Esto, lo que muy probablemente está revelando, continúa el estudio, es “un rezago en la respuesta del Estado”; de ahí que se pueda hablar de “tensión” entre estos sectores y el Estado.

Espere…

Cuando esto podría ser visto como una forma de distanciamiento de estas nuevas clases medias del actual gobierno (“el MAS se descuidó de las clases medias”), Pérez apunta hacia algo más de fondo: “el contexto social se ha transformado de tal manera que los nuevos sentidos comunes han cambiado y está costando mucho identificarlos, dado que la sociedad misma se ha transformado; más allá de las lealtades o no políticas, está claro que lo aspiracional ha cambiado mucho en nuestro país.  Llama a analizar cuáles son los nuevos sentidos comunes”.

Otra tensión esta vez de perspectiva es si hoy día hablamos de una nueva clase media o diversidad de estas clases. En el estudio se apunta que sobre la base de lo descubierto “puede concluirse que existe una nueva clase media con aspiraciones, visiones y demandas específicas y bastante similares o sincrónicas. Sin embargo, la identidad de esta nueva clase media está en proceso de consolidación como una población demográfica homogénea”.

El economista Ernesto Pérez añade, sin embargo, que desde el punto de vista cualitativo, “lo que refleja el documento es que probablemente no tenemos una sola pirámide social”, y esto básicamente porque el ascenso social es heterogéneo: “se muestra que hay varios caminos para ascender”.

Antes que tender a la uniformidad (es cierto, sobre todo cuando se habla del nivel de ingreso, estas clases tienden a homogeneizarse), la “diversidad de identidades” sociales que encarnan las nuevas clases medias, señala Pérez, “pone en tela de juicio la idea de que todos queremos ser la élite tradicional; eso también se ha quebrado: hay una concepción muy propia de lo que es el ascenso, de lo que es la élite; que probablemente en círculos tradicionales siga siendo lo que se creía hace 30 años; pero en otros ya no, el tipo de inversiones familiares, consumo cultural, no necesariamente coinciden con este tipo de ideal de élite. Y eso está hoy día en disputa, en pugna”.

En suma, en rigor habría que hablar de nuevas clases medias, pues “no hay una con una sola identidad; nuestra sociedad muestra una diversificación y una heterogeneidad que es difícil de encasillar en las categorías tradicionales establecidas”.

En lo relativo a los perfiles políticos que pueden estar desarrollando estas nuevas clases medias, si bien el objeto de la investigación no era éste, aclara su coordinador, “si hay algo es que este ascenso de las clases emergentes en muchos casos se identifica de manera muy fuerte con la imagen del propio presidente (Evo Morales). Esta idea de habernos quitado el complejo en muchas cosas”.

Ahora, tampoco deja de tener su valor indagar cómo las clases medias tradicionales están recibiendo a sus nuevas congéneres: “En la indagación cualitativa también ves algo de la otra cara de la moneda: las clases medias tradicionales, formales, asalariadas que ven como una irrupción no necesariamente deseada de estos advenedizos a la clase media”.

Y es que ya no es el asalariado, blanco, profesional que vive en Sopocachi; “probablemente esta nueva clase media está en Río Seco, en las laderas, y que está con otro tipo de actividades, en otro lugar, con un ascenso que no ha sido tradicional”.

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