Animal Político

Comuna o nada

El autor plantea una  mirada sobre los valores democráticos y pide acciones a favor de Venezuela.

Comuna o nada.

Comuna o nada.

La Razón (Edición Impresa) / Jhonny Peralta

00:00 / 10 de septiembre de 2017

Hubo un tiempo en que la mano revolucionaria y solidaria de los venezolanos se extendía a la región, consciente Venezuela de que su Revolución Bolivariana era inviable si los gobiernos progresistas no profundizaban sus procesos. Así, los venezolanos apostaban al internacionalismo pensando que lentamente los pueblos construyeran un poder comunal a partir de que los gobiernos populares transfieran poder hacia abajo.

Y Hugo Chávez dio el ejemplo cuando impulsó las Comunas, organizaciones con el deber de plantear soluciones y alternativas a partir de la autogestión para construir desde abajo el futuro colectivamente, además de edificar un poder que sea el resultado de la acción comunitaria. Así, la democracia —como creencia— que produciría las bases chavistas no necesitaría de una fundamentación racional, sino del compromiso con aquellos valores que ayuden, principalmente, a reducir el abismo entre sus ideales y su realidad; empero el desafío no afectó lo suficiente a la administración del gobierno.

Este proceso de resignificación de la democracia suponía alejarse de los fundamentalismos para que toda la responsabilidad recaiga en las prácticas cotidianas y en la opción por construir una vida comunitaria en la que todos sean partícipes y miembros activos. Claro, optar por esta forma de democracia —como nos advierten los zapatistas—supone que “las cosechas de las siembras de abajo nunca son inmediatas” pero son peligrosas para el sistema capitalista y el imperialismo.

Entonces, si el chavismo intentó construir una propuesta alternativa de sociedad, por este pecado de soñar con un desvío de la civilización capitalista, es que el imperialismo al exacerbar su conciencia por lo que perdía, procedió desde 2002 a urdir guerras económicas, políticas, mediáticas y diplomáticas para debilitar las bases de apoyo popular. Y poco a poco, en esta encrucijada, Venezuela se quedó sola en medio de la vacilación obnubilada por los cálculos políticos y la falta de un auténtico compromiso revolucionario de parte de los gobiernos progresistas, sabiendo del daño que el imperialismo es capaz  de ejecutar contra los pueblos.

Si al imperialismo le interesa más ganar que perder, hay que obligarle a que tome una medida radical y esto se logra si Venezuela demuestra que la Comuna sigue siendo un principio por el que vale la pena luchar, aunque no sea posible demostrar su superioridad racional o validez universal, porque lo más importante es que los venezolanos, apostando por su autonomía, fortalezcan el proceso de resistencia y de construcción de un espacio político que posibilite tener control sobre su propio futuro.

Solamente la Comuna es el enemigo mortal del imperialismo y su democracia vacía de prácticas coherentes. Aunque hayan elecciones democráticas, el cambio en el liberalismo se refleja mediante las elecciones, las finanzas y las instituciones; por tanto, las Comunas Bolivarianas en su carácter contingente podrán variar tácticamente en función de las coyunturas, sin olvidar su norte que es apuntalar la democracia como estilo de vida, donde la libertad sea el resultado de la relación con los otros y las otras en una relación lograda, de coexistencia plena y auténtica de las Comunas.

Como ya lo dijo el Che Guevara: “Nos empujan a la lucha: no hay más remedio que prepararla y decidirse a emprenderla”. Esta actitud obligará a los gobiernos progresistas, a los intelectuales de izquierda, a actuar superando los límites y plantear tareas, que si somos lo que decimos ser, debemos seguir demostrándolo, o sea que como Revolución Democrática y Cultural estamos en el deber de compartir solidaridad, pero no en su calidad de compañerismo vacío, sino de correr la misma suerte de los que un día nos dieron su mano, su solidaridad, su entrega; en otras palabras, esto significa que Bolivia, nuestro gobierno y los movimientos sociales estamos en la obligación de transformar nuestra fe en hechos mediante el envío de Brigadas Revolucionarias que muestren que también nosotros estamos dispuestos a dar la vida por la libertad.

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