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Consensos sociales: una necesidad en el mundo virtual

Es un reto para las sociedades contemporáneas alcanzar consensos que les permitan a las mujeres y a los hombres hacer del mundo virtual y de las redes sociales específicamente, espacios seguros y amigables.

La Razón (Edición Impresa) / Valeria Victoria Silva Guzmán es diputada nacional y Generación Evo

00:00 / 23 de abril de 2017

Algunos expertos han conceptualizado el comportamiento humano al interior de un ascensor; de hecho, se puede decir que existen ciertos consensos sociales en torno a qué hacer dentro de esta caja. Desde 1950, que es cuando aparece el ascensor eléctrico más parecido a lo que hoy conocemos, se han desarrollado ciertas costumbres al interior de éstos, vinculadas a la caballerosidad, amabilidad y, en general, a respetar a la o las personas con las que se comparte ese pequeño espacio; por ejemplo, hoy en día es común no mirar de frente a las otras personas con las que se comparte el viaje. Es, sin dudas, una construcción social e histórica que sirve para ejemplificar la consolidación del comportamiento humano en un espacio que pasa de ser una novedad a ser el pan de cada día.

Hoy es posible decir que estamos en una etapa de transición, en términos de larga duración, entre lo que es la novedad del uso y comportamiento de redes sociales y la existencia inherente de éstas en la cotidianidad.

El fenómeno de las redes sociales ha explotado en nuestro país y en el mundo en la última década; sin embargo, es una construcción que puede marcar su inicio en la década de los 60 con el correo electrónico y en la web 2.0 —con Facebook como paradigma— en 2004. Se está hablando pues, de un espacio virtual de integración social en construcción, por tanto, de un espacio social, aunque virtual, que aún no ha alcanzado aquellos consensos sociales de interacción. En este sentido, es un reto para las sociedades contemporáneas alcanzar estos consensos, mismos que les permitan a las mujeres y a los hombres hacer del mundo virtual y de las redes sociales específicamente, espacios seguros y amigables.

En la línea de esta inquietud, se han conocido ya ciertos manuales de buen uso y de convivencia en RRSS, algunos direccionados al comportamiento de políticos e influencers, otros a la protección de la niñez de delitos como la trata y tráfico de personas; y también ya se tiene en muchos países del mundo legislación sobre delitos informáticos, algunos específicamente vinculados a redes sociales.

De hecho, hoy en el Código Penal boliviano vigente, de tiempos de Banzer, se tipifican los delitos informáticos en dos artículos (363 bis y ter), referidos a la transferencia patrimonial y la manipulación informática y al uso y alteración de datos en un soporte informático, sin autorización del titular. El primer tipo penal es sancionado con reclusión y multa por días y el segundo con prestación de trabajo. Actualmente en Bolivia, la Asamblea Legislativa Plurinacional está debatiendo el Proyecto de Ley de Nuevo Código de Sistema Penal, en el cual se amplían los tipos penales en esta materia.

En la propuesta, estos tipos penales se encuentran entre el artículo 247 y 252; respecto a la manipulación informática y al uso indebido de datos informáticos ajenos —que son los tipos penales que se mantendrían del viejo al nuevo código— se incorpora a las personas jurídicas como sujeto activo en los tipos penales y las convierte en pasibles a sanciones penales de índole patrimonial; para las personas naturales se prevén sanciones de prestación de trabajo de utilidad pública —que implica un sentido de restauración social— y hasta un máximo de cinco años de prisión.

Entre las incorporaciones están el hackeo, el ataque a la integridad de los datos y el ataque a la integridad del sistema. Aquí las novedades, desde perspectiva personal, más innovadoras del Nuevo Código. Es sujeto activo del delito hackeo quien sin estar autorizado o excediendo la autorización que posea, deliberadamente acceda a todo o parte de un sistema informático con la finalidad de apoderarse de los datos u ocasionar prejuicio. La sanción para este tipo penal puede ser de multa, prestación de trabajo de utilidad o un máximo de cinco años de prisión. Es sujeto activo del delito de ataque a la integridad de los datos quien deliberadamente sin estar autorizada o excediendo la autorización que posea, se apodere, utilice, dañe, modifique o suprima datos informáticos, ocasionando perjuicio al titular de la información. La sanción para este tipo penal puede ser de multa o prestación de trabajo de utilidad. En el caso del ataque a la integridad del sistema, es sujeto activo del delito quien de manera deliberada obstaculice el funcionamiento de un sistema informático mediante la introducción, transmisión, daño, borrado, deterioro, alteración o supresión de datos informáticos; la sanción podrá ser mediante multa, prestación de trabajo de utilidad y un máximo de dos años de prisión. 

Además se plantean agravantes para los delitos informáticos, de un tercio de la pena para los siguientes casos: cuando el sistema o los datos informáticos pertenezcan a una entidad estatal, un proveedor de servicios de salud o un proveedor de servicios financieros; cuando los datos ilegítimamente obtenidos sean transferidos a cualquier título a terceros; cuando la persona autora tenga el deber de resguardar el sistema o los datos informáticos; o cuando la persona autora sea servidor o servidora pública.

Cabe resaltar, entonces, que el enfoque jurídico que se plantea es de restauración y le toma el pulso a una materia, “delitos informáticos”, hasta ahora tratada muy someramente en la legislación boliviana. Se aportaría pues, con estos nuevos tipos penales, a aquello que como sociedad boliviana que interactúa en el mundo virtual, se ha convertido hoy por hoy en una necesidad imperante, esto es, consensos sociales y reglas de convivencia que le garanticen a los facebookeros, twiteros, snapchateros o usuarios de cualquier otra red social un grado razonable de seguridad y protección frente a delitos que lamentablemente están campeando en el mundo virtual, por ejemplo, la trata y tráfico de personas, injurias, difamaciones, calumnias, violencia y acoso político.

Las redes sociales y el mundo virtual, vinculado al anonimato y a la mala fe, pueden convertirse en la mejor guarida para los delincuentes y ésta es todavía solo una probabilidad que puede no suceder si los ciberusuarios asumen la necesidad de generar consensos en esta interacción, mismos que sean respetuosos de los derechos humanos, resguarden la paz mundial y le den el obligatorio cumplimiento a las leyes. ¿Realmente se puede expresar de la manera que pinte la gana en redes sociales? En términos técnicos, sí. Se puede incitar al odio al racismo, a la discriminación, a la guerra e incluso al suicidio a partir de una publicación en Facebook.

Uno de los retos de esta generación que despierta y como primera actividad revisa sus notificaciones en RRSS o que transmite en tiempo real para sus seguidores y amigos los momentos que más le influyen en su vida es, precisamente, la generación del consenso social para el comportamiento en el mundo virtual. En los 50’, aquella generación no solo se replanteó la comunidad internacional después de la Segunda Guerra Mundial, marcó también tendencia en la moda con Coco Channel y además, para lo que respecta a este debate, heredó al mundo un conjunto de consensos sociales para la interacción en la entonces naciente sociedad electrónica global, valga el ejemplo del comportamiento al interior de un ascensor.

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