Animal Político

Consolidación del Estado Plurinacional

La relación sociedad-estado

La Razón / Cynthia Cisneros Fajardo

01:00 / 08 de enero de 2012

Las tensiones y contradicciones de este proceso de cambio son parte de su profundización, que comienza con la confrontación manifiesta de fuerzas antagónicas antes de 2005, continúa con la Asamblea Constituyente y la promulgación de la actual Constitución, y se va consolidando con la realización de elecciones en las que la ciudadanía decide con su voto temas estratégicos para el desarrollo del país. Estos elementos marcan el ingreso a una primera etapa de absorción del Estado desde la sociedad.

Abrir el Estado a una mayor participación de la ciudadanía pasa por asentar formas de cogobierno, en las que la sociedad participe activamente de la construcción del Estado Plurinacional. En ese sentido, la Cumbre Social de Cochabamba, de diciembre, es un paso más hacia este camino en tanto el objetivo es la construcción de una agenda nacional que incluya las demandas y propuestas de los sectores sociales sobre el crecimiento productivo de Bolivia.

En un escenario de paros, marchas y otros por la defensa de intereses sectoriales —una tensión dialéctica, según Álvaro García Linera—, la situación podría convertirse en una tensión antagónica que pondría en riesgo el proceso de cambio, en tanto prevalecen intereses particulares y corporativos sobre los intereses del país. La implementación del Estado Plurinacional se va consolidando con la aprobación de cinco leyes orgánicas que desarrollan la actual Constitución, además de la aprobación de otras leyes de corte social en las que lo colectivo y lo particular conviven en una lógica comunitaria. Así, se mantiene la filosofía del “vivir bien”, donde prima la satisfacción de las necesidades antes que la mercantilización de éstas.

No obstante, en este camino, algunos sectores que responden a una lógica de intereses particulares y/o regionales se abstuvieron de participar de la Cumbre Social con el argumento de que ésta era una reunión de masistas. Sin embargo, promovieron en Santa Cruz una cita similar con sectores indígenas afiliados a la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (CIDOB), a la que, curiosamente, acudieron también representantes de la oposición.

Mientras la ciudadanía del área urbana se mantenía indiferente a esos eventos, en las encuestas, el presidente Evo Morales pasaba por su peor momento de popularidad, con un 35% de aceptación.

Ahora bien, una vez conocidos los resultados de la Cumbre, hay señales interesantes: un pacto empresarial—campesino, una propuesta de desarrollo productivo en el que pretenden participar todos los sectores. Si bien éste es un primer paso, es relevante debido a que uno de los problemas de la postergación y el subdesarrollo de Bolivia ha sido el desarrollo económico paralelo y abigarrado.

Otra de las conclusiones fue el apoyo a la construcción de la carretera por el Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), que se circunscribe en el argumento de la que la vía es una preocupación de todos los bolivianos en tanto promueve el desarrollo del país y no sólo de una región. Adicionalmente, las organizaciones sociales dieron su respaldo a varias de las leyes promulgadas por el Gobierno y demandaron una política salarial igualitaria para mujeres y hombres, lo que nos parece sumamente importante para quienes sufrimos en carne propia la discriminación y el trato de ciudadanas de segunda clase. Finalmente, se planteó una ley que controle a los medios de comunicación y la necesidad de un mecanismo de redistribución del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH).

En ese sentido, me parece necesario destacar que si bien se vienen cristalizando valores que no sólo responden a una lógica individualista sino también colectiva en un marco jurídico que reconoce el ejercicio de los derechos en ambos niveles, asumir que Bolivia es parte de un orden mundial en el que la lógica del desarrollo se reafirma en el neoliberalismo es entender que este orden intentará penetrar el proceso de cambio a partir de varios mecanismos tanto jurídicos como morales. Esa lógica, según Antonio Negri, se ejerce a través de medios de comunicación,  organizaciones religiosas y principalmente organizaciones no gubernamentales que actúan impulsadas bajo imperativos ético-morales. La intervención moral —afirma el intelectual marxista— es el arma pacífica más poderosa del orden mundial, en tanto se libran guerras justas sin armas y sin violencia. Este mecanismo define primero al enemigo como privación (puede ser de derechos) y luego como pecado (represión, condenable).

Este análisis nos sirve para entender cómo organizaciones que representan al pueblo rechazan la posibilidad de participar en la construcción de una agenda nacional que apuntale al crecimiento del país y que se amparan en la movilización contra el Gobierno sin permitir el diálogo. Sólo así es comprensible que organizaciones indígenas puedan transar con grupos de élite que antaño saquearon al país (defenestrando una cumbre que tuvo más de 400 representantes de más de 40 organizaciones sociales de todo el país).

Y aquí juega un factor muy importante de colonialismo mental en sectores de clase media, que manifestaron racismo y discriminación en tanto primó el prejuicio a la hora de juzgar a este Gobierno en un razonamiento altamente subjetivo, que justificó el atropello y la violencia o la descalificación contra sectores indígenas a lo largo de este proceso. Sin embargo, esto responde también a una ética que subyace al orden jurídico del orden mundial, en el que el imperio tiene la potestad de desplegar su fuerza en una guerra justa a fin de preservar  la paz y la seguridad.

Es decir, ahí donde se busca preservar la paz y la seguridad sin importar los medios, o mejor justificando los medios a partir de una “guerra justa” que no ponga en peligro la estabilidad del orden  mundial, el cual se considera como única alternativa de desarrollo, se asumen subjetividades, valores, que refrendan este orden sin cuestionar su accionar a través del espacio comunicativo donde éste tiene mayor injerencia. Sólo así se entiende que nuestras clases medias se afilien con tanto fervor a la defensa del TIPNIS, sin conocer a fondo la realidad, y que condenen severamente una represión contra los indígenas aún no esclarecida como de autoría del Gobierno y no condenen con la misma energía la masacre de Tahuamanu, y, más aún, que en un 40% viciaran el voto de las autoridades judiciales sin comprender la trascendencia de estas elecciones.

Sin duda, consideramos este momento como una consolidación del Estado Plurinacional que pretende un cambio a nivel jurídico y estructural del Estado, pero también a nivel moral, dando lugar a una Bolivia Plurinacional que en medio de su diversidad comienza a ser parte de un proceso de cogobierno sociedad-Estado.

Por ello, la historia nos convoca a reflexionar sobre en qué medida somos parte de ella como sujetos activos y en qué medida somos una consecuencia de ese orden mundial instaurado como eterno e inamovible, que mercantiliza la moral en nombre de valores supremos y manipula nuestro razonamiento en función de sus intereses.

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