Animal Político

Contradicciones de nuestros progresismos

El problema del ‘colonialismo simpático’ no es un ataque a David Harvey ni a todos los autores del norte, una negación del marxismo o cosas por el estilo. Mi interés era señalar los usos deformados de ideas del norte académico cuando son aprovechadas por los progresismos para legitimarse.

La Razón (Edición Impresa) / Eduardo Gudynas

00:00 / 16 de noviembre de 2015

Semanas atrás, compartí unas reflexiones sobre cómo hay gobiernos e intelectuales progresistas que toman algunas ideas propias de la izquierda y aprovechan sus limitaciones o las deforman. Sería un “colonialismo simpático” porque les permite mantener una retórica de izquierda, mientras dejan en segundo plano sus contradicciones.

El ejemplo que utilicé fueron los usos de ciertos conceptos del geógrafo David Harvey, muy promovidos en Bolivia y Ecuador. Mi preocupación no estaba centrada en la persona, sino en cómo utilizan sus ideas los progresismos. Es un autor muy conocido por sus críticas al capitalismo, pero los progresismos aprovechan algunas limitaciones en sus conceptos para legitimarse.

Mencioné cuatro problemas destacados. El primero es un alto nivel de abstracción, enfocado a criticar al capitalismo globalizado, lo que permite esquivar las contradicciones locales bajo nuestros gobiernos. El segundo es una minimización de la dimensión ecológica local, que es aprovechada para cuestionar al capitalismo pero tolerando la destrucción de la propia Naturaleza. El tercero es la limitada atención a las ideas indígenas, lo que permite decirse anticapitalista mientras se alejan de esas cosmovisiones y hostigan a sus organizaciones. Finalmente, la cuestión de que las alternativas al capitalismo son acotadas al enfocarse en el valor de uso sobre los valores de cambio, lo que no tiene nada de malo pero es insuficiente, ya que nos deja sin mucho lugar para los derechos de la Naturaleza.  Mi nota despertó unas cuantas respuestas. Agradezco esos aportes al ser muy útiles para mejorar mis argumentos. De todos modos, creo necesarias algunas precisiones.

En primer lugar, me cuestionaron que señalara que el concepto de Harvey de “acumulación por desposesión” en “sus ideas básicas no es una novedad”. Esto es bastante sorpresivo. El propio Harvey reconoce que está basado en la idea de Marx de la acumulación primitiva u originaria, y propuso un nuevo término no tanto por diferencias sustanciales sino porque no es “primitiva”, sino que está actualmente en marcha. Además, otros autores tienen posiciones similares a las mías, como Giovanni Arrighi, quien incluso dice que son sinónimos. También entiendo que todos aceptamos que hay una larga lista de autores y militantes latinoamericanos que han denunciado ese tipo de expoliaciones, aunque usaron otras palabras. Reivindico privilegiar esos aportes en tanto son parte de nuestra tradición.

En segundo lugar, el problema del “colonialismo simpático” no es un ataque a Harvey, ni tampoco implica un rechazo a todos los autores del norte, una negación del marxismo o cosas por el estilo. En cambio, mi interés era señalar los usos deformados de ideas del norte académico cuando son aprovechadas por los progresismos para legitimarse. Mi artículo original dice: “No estamos frente a un problema con Harvey, sino ante una limitación en nosotros mismos, latinoamericanos”.

A pesar de todas esas advertencias, pasó lo que tenía que pasar: recibí críticas donde insisten en que el foco estaba en cuestionar a Harvey. Y con ello queda por detrás, otra vez, el desempeño de los progresismos. Nuevamente estamos frente a un clásico problema de “comprensión lectora”, donde uno dice “A”, pero recibe críticas como si hubiera dicho “Z”. Entonces regreso a mi artículo: “insisto en que muchas de sus tesis (de Harvey) son compartibles al ofrecer un valioso instrumental para entender el capitalismo global”. Si queda alguna duda, ahora agrego que no tengo ningún interés en un enfrentamiento personalizado.

En tercer lugar, ahora sí podemos abordar mi preocupación: aprovecharse de las insuficiencias o limitaciones de las ideas de Harvey, como las de otros autores (por ejemplo Toni Negri), para entender la actual América Latina. En esto, el cuestionamiento más duro provino de un centro de investigación sobre temas de territorio (Cenedet, Centro Nacional de Estrategias para el Derecho al Territorio), parte del Instituto de Altos Estudios Nacionales (IAEN), una institución del Gobierno ecuatoriano.

Ellos entienden que mi nota fue una crítica a Harvey, pero una buena parte de su reacción no se enfoca en el problema central de mi artículo, o sea, en cómo los progresismos usan algunas ideas para construir discursos anticapitalistas sin asumir las propias contradicciones ni intentar cambiarlas. Apuntan, en cambio, a defender a Harvey. Su argumento principal no es rescatar las cualidades de sus ideas, sino en denunciar que las posiciones sobre los extractivismos están equivocadas, y que incluso son parte de una mirada burguesa.

Propongo analizar esos dichos con calma, y en dos pasos. El primero es asumir, por un minuto, que esos señalamientos son correctos, y que todo lo dicho sobre los extractivismos, por ejemplo, las alertas ante la megaminería o la explotación petrolera en la Amazonía son una enorme equivocación o fruto del pensamiento burgués. Si ese fuese el caso, ¿esto convierte al uso que hace el IAEN de las ideas de Harvey en una verdad? ¿Eso convierte a la minería en una estrategia anticapitalista? Ciertamente que no. Estamos hablando de cuestiones muy distintas en sus contenidos, propósitos y alcances. Claramente estamos frente a un error metodológico que se ha vuelto muy común. Otras de sus expresiones es etiquetar a cualquier crítica a los progresismos y sus extractivismos como expresión de una economía burguesa, conservadora o infantil.

El segundo paso consiste en examinar los cuestionamientos contra las alertas sobre los extractivismos. Un análisis de los extractivismos es esencialmente una crítica a las raíces de modos de desarrollo incompatibles con la justicia social, ambiental y ecológica. Se consideran muchas dimensiones y, al menos en mis aportes, se otorga una enorme importancia al capital y a la globalización (temas que ocupan al menos tres capítulos en el reciente libro Extractivismos).

En cambio, el equipo del IAEN afirma que un abordaje basado en Harvey es superior al vincular lo local con lo global. Ofrecen como ejemplo el despojo violento de indígenas amazónicos debido a la sobreacumulación de capital en China. Eso está muy bien, puede ser muy útil, pero es insuficiente, y ese era el punto central de mi nota.

La insuficiencia se debe a que entre la Amazonía y Pekín existe un amplio abanico de actores y acciones intermedias. En el despojo también actúan, por ejemplo, nuestros Estados, y hay veces en que los gobiernos progresistas se convierten en uno de los principales factores de la desposesión (siguiendo la terminología de Harvey). Me pregunto si la apertura de áreas protegidas a las petroleras, la criminalización de la resistencia indígena, el megasubsidio a la exploración, o las intenciones de recortar las funciones del Defensor del Pueblo ¿se deben a las necesidades de acumulación de China o Estados Unidos, o responde también a dinámicas dentro del propio país?

Estas cuestiones locales y nacionales quedan relegadas bajo el tipo de perspectiva propuesta por el IAEN. Eso deja en cristalina evidencia algunas de sus limitaciones para abordar las contradicciones de los progresismos actuales. Y revelar y discutir esas contradicciones es hoy la cuestión más urgente.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1
2 3 4 5 6 7 8
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia