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Crédito estatal promueve exportar etanol

Algunas de las mejores tierras de Bolivia y parte de los créditos públicos de los últimos tres años (BDP), se estarían destinando —indirectamente— a la producción de alcohol etílico o etanol, cuya exportación es cada vez más rentable y creciente, especialmente a Europa.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Urioste

00:02 / 22 de junio de 2014

En su edición del 23 de mayo, el periódico La Razón destaca algunos elementos del último informe de Rendición de Cuentas Públicas del Banco de Desarrollo Productivo (BDP), entre los que se subraya el destino de fondos para el rubro de alimentos con un total de 331 millones de bolivianos —que corresponde al 76 % del total de colocaciones de créditos blandos del BDP— destinados al sector productivo de micro y pequeños productores. Además, la infografía (adjunta al texto) revela que los productores de caña de azúcar —durante los años 2011 al 2013— han recibido un monto aproximado de 191 millones de bolivianos (27 millones de dólares), que corresponde al 58% del total de los montos colocados en el rubro de alimentos. Esto quiere decir que la mayoría de los créditos colocados recientemente por el BDP han ido a los productores cañeros.

Es de conocimiento general que la principal región productora de caña de azúcar es el norte del departamento de Santa Cruz, principalmente los municipios de La Bélgica, Mineros y Saavedra, donde además se ubican los más grandes ingenios azucareros del país. Hasta hace unos años en Santa Cruz el 80% de los productores de caña eran pequeños y medianos, pero solo cultivaban el 26% del total. Esto significa que —al igual que en el caso de la soya— la gran mayoría de la caña de azúcar (el 70%) es producida por unas pocas empresas grandes y la tendencia parece ser el desplazamiento de los pequeños productores.

En las últimas dos décadas, la superficie cultivada de caña habría aumentado de 48.000 hectáreas en 1990 a 130.000 en 2012 (CAO, Cámara Agropecuaria del Oriente) con un cambio estructural trascendental, que es la reciente incorporación de maquinaria al proceso productivo, por lo que ahora el 50% de la zafra en la región se realiza de forma mecánica. Hasta 2007, el 88% de la producción cañera se destinaba a la producción de azúcar (OTAI, Organización de Técnicos de la Agro Industria, 2008) y solamente el 12% a la producción de alcohol etílico (Diego Pacheco, en AIPE, Asociación de Instituciones de Promoción y Educación, 2001, Agrocombustibles y Seguridad Alimentaria en Bolivia. La Paz).

CRÉDITO. Según los postulados del BDP, sus sujetos de crédito son los pequeños productores y, en este marco, su programa de crédito sectorial para la caña de azúcar tiene como objeto mejorar la producción para satisfacer el mercado interno de azúcar, mediante la renovación y ampliación de cañaverales y la adquisición de maquinarias productivas para las “organizaciones de cañeros” con garantías de los ingenios (BDP, Memoria Informe 2012). Sin embargo, no sabemos con precisión —no existe información desagregada disponible en línea— cuántos de estos 27 millones de dólares de colocaciones del BDP durante los tres últimos años se han destinado efectivamente a los pequeños productores de caña ni cuánta de esta superficie adicional de cultivos de caña se ha destinado a la producción de azúcar para el mercado interno o para la producción de agrocombustibles (etanol) para la exportación.

La nota informativa de Oxfam de julio del 2013 sobre agricultura familiar y alimentos hace un análisis de la crisis del sistema alimentario de América Latina y destaca —citando un informe de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura)— que en la región (incluida Bolivia) la producción de biocombustibles y otros productos agropecuarios de exportación compiten con la producción local de alimentos en un contexto de recursos productivos limitados. El mismo informe continúa diciendo que en algunos países de América Latina los productores con mayores recursos y mayor tamaño en su unidad de producción acceden a más y mayores apoyos, en comparación con los pequeños productores.

El IBCE (Instituto Boliviano de Comercio Exterior) —en base a datos del INE (Instituto Nacional de Estadística)— informa que las exportaciones de azúcar, alcohol y derivados crecieron el 143% en la gestión 2013 hasta llegar a 141 millones de dólares. Ese mismo año, las exportaciones de alcohol etílico sin desnaturalizar alcanzaron a 68 millones de dólares, superando a las de azúcar blanca refinada, que llegaron a 63 millones de dólares. En la última década, las exportaciones de alcohol habrían crecido 12 veces. En los 5 años recientes Bolivia exportó 885.000 toneladas de azúcar y alcohol por un valor de 453 millones de dólares, alcanzando su máximo histórico el año 2013 (IBCE Boletín electrónico N° 300, marzo 2014).

ALCOHOL. La caña de azúcar es un flex crop (producto flexible) cuyos productos se procesan y destinan, ya sea para azúcar de consumo humano o para etanol (mayormente para ser usado como agrocombustible), en función de los precios en los mercados internacionales o domésticos. Es muy claro que los precios en los mercados internacionales —tanto para el azúcar refinada como para el alcohol— son mucho más atractivos, puesto que los precios internos están controlados. En este contexto es obvio que al cañero le interesa exportar la mayor cantidad posible, tanto de alcohol como de azúcar, descuidando el mercado interno.

No tenemos información oficial más desagregada y actualizada, pero los conocedores del tema en Santa Cruz advierten sobre el evidente riesgo de que —dada la rentabilidad de las exportaciones del azúcar, pero especialmente del etanol— el notable incremento de la superficie cultivada de caña de azúcar en los últimos años en la región integrada, junto con el nuevo ingenio Aguai, y las iniciativas en curso en el norte de La Paz, tengan como resultado aumentos crecientes de las exportaciones de etanol y azúcar a costa del reemplazo de cultivos alimentarios como el trigo, arroz o maíz.

A partir de esos datos, tenemos la sospecha de que algunas de las mejores tierras de Bolivia y parte de los créditos públicos de los últimos tres años (BDP), se estarían destinando —indirectamente— a la producción de alcohol etílico o etanol cuya exportación es cada vez más rentable y creciente, especialmente a Europa. Si esto es así, en este caso las políticas públicas no estarían contribuyendo a la seguridad alimentaria y menos a la soberanía alimentaria de Bolivia, sino más bien al agronegocio. Un estudio en profundidad sobre esta materia sería urgente.

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