Animal Político

Crisis sin límites

El autor analiza las consecuencias del modelo de libre mercado en Europa, EEUU y Sudamérica.

La Razón (Edición Impresa) / Óscar Alarcón Ticona es periodista

00:00 / 20 de febrero de 2019

El modelo basado en la supremacía del mercado y el rechazo a la intervención del Estado en la economía —visto en los años 80 del siglo pasado como el remedio para resolver la crisis— hace aguas por todas partes, no obstante sigue siendo el guion de la política europea y sus aliados. Los balances y pronósticos de crecimiento se repiten todos los años y no hay señales claras de recuperación de la economía mundial, un escenario donde el capitalismo muestra su peor cara: el surgimiento de corrientes políticas reaccionarias que, más que una esperanza, representan una amenaza para la sociedad.

El viejo mundo, que se revelaba como la bandera del modelo neoliberal fruto de los procesos de integración económica (que evolucionó de acuerdos de complementación a la creación de un bloque comercial con moneda única, el euro), pasó de mostrar signos de debilidad a exponer consecuencias económicas, sociales y políticas de una crisis que no parecen tener fin.

Desde fines de 2018 la prensa internacional informa sobre el curso que toma el conflicto social en Francia, donde el Gobierno se enfrenta a un movimiento llamado los “chalecos amarillos”, integrado por pequeños comerciantes, productores, agricultores, camioneros y artesanos, entre varios sectores, que protestan contra el incremento del precio del gas oil (diésel), que este año se homologará al valor de la gasolina.

En Alemania, el  vicecanciller y ministro de Finanzas, Olaf Scholz, advirtió sobre la posibilidad de que las protestas como las de los “chalecos amarillos” se repliquen en su país y admitió que hay un potencial que no debe ser subestimado y que nadie debería ignorar tales desarrollos, según Europa Press. Asimismo, recordó que en el país hubo manifestaciones por el alto costo de vida, un malestar que “se extiende incluso a la clase media”.

El brexit (salida del Reino Unido de la Unión Europea) genera preocupación por las secuelas socioeconómicas del retiro, mientras prosiguen las conversaciones sobre un acuerdo definitivo. También está latente el temor sobre la posibilidad real de la división del Reino Unido, que en la actualidad está formado por Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte.

Entretanto, en Italia el Gobierno admitió que el Producto Interno Bruto (PIB) del cuarto trimestre de 2018 será negativo. Además, una reciente publicación del periódico digital Cinco Días sostiene que esa economía crecerá 1% en 2019, mientras que el Banco de Italia y el Fondo Monetario Internacional (FMI) son menos optimistas y creen que apenas alcanzará a 0,6%. Aunque las autoridades del Ejecutivo llevan algo más de seis meses en el poder, confían en que la situación mejore más adelante con presupuestos que respondan a su visión de política económica.

En Estados Unidos, pese a que en 2018 la economía dio signos de recuperación, persiste la incertidumbre y tanto Naciones Unidas como el FMI auguran ralentización, una desaceleración económica en 2019. Las expectativas de sus habitantes fueron medidas en una encuesta realizada por la empresa Bankrate entre el 14 y 16 de diciembre del año pasado. Los resultados fueron difundidos por el diario Gestión e indican que la mayoría espera que persistan problemas en su economía durante 2019. El informe también establece que algo más del 55% de los encuestados no cree que su situación económica vaya a mejorar este año. Esa cifra incluye al 11,7% que considera que sus perspectivas empeorarán, en tanto que el 43,7% cree que se mantendrán.

A 10 años de la crisis financiera internacional, los informes de evaluación de resultados de los mercados financieros durante la gestión 2018 develan sendas pérdidas en las bolsas de valores, mientras persiste la incertidumbre por la guerra comercial desatada por el Gobierno de Estados Unidos contra China.

Las bolsas de valores son de algún modo un termómetro de la actividad económica porque en ellas se transan (compran y venden) acciones, partes de las empresas que operan en diferentes rubros de la economía con intereses en diferentes latitudes del mundo. Los inversionistas perciben que las empresas no alcanzarán sus objetivos de crecimiento y optan por vender sus acciones, en consecuencia aumenta la oferta de valores y caen los precios de las mismas.

Hay un desconcierto generalizado y está claro que la crisis no solo es económica, sino también de modelo. Las acciones de los gobiernos de los países industrializados, guiadas por las medidas de salvataje promovidas por el FMI, no lograron revertir la crisis. Por ejemplo, Grecia recibió casi 300.000 millones de euros desde 2010 hasta el año pasado y todavía no salió de la denominada zona de rescate.

La incertidumbre también alcanza a Sudamérica, donde las naciones vinculadas a los mercados financieros sufren más los coletazos de la crisis. En Argentina, analistas y medios de comunicación asumieron que el gobierno neoliberal de Mauricio Macri terminará su gestión sin cumplir sus promesas. Durante la campaña de 2015 y en la asunción al poder, el Mandatario prometió pobreza cero, bajar la inflación a un dígito, eliminar el impuesto a las ganancias para los asalariados y reducir la presión tributaria, pero en los hechos administra una economía en recesión y con más pobreza.

Los resultados contrastan con las expectativas iniciales: en 2018 cerró con una inflación del 47%, la más alta en 27 años, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos; esa gestión también quedará marcada como el año de mayor devaluación del peso argentino. Desde que Macri asumió la presidencia, el 10 de diciembre de 2015 hasta el 3 de diciembre de 2018, el billete verde (dólar) escaló un 286%, señala un artículo publicado por el periódico Ámbito Financiero, que ilustra el cuadro de crisis que soporta ese país.

En sintonía con los lineamientos que el FMI estableció para la Argentina —tras otorgarle un crédito de más de 57.000 millones de dólares para frenar la devaluación y generar condiciones de estabilidad económica—, en Brasil la nueva administración, encabezada por el presidente Jair Bolsonaro, anticipa medidas de corte neoliberal, un modelo que pretende disminuir drásticamente el gasto público, reformar el sistema de jubilación, acelerar los procesos de privatización, en suma, achicar el Estado a su mínima expresión, lineamientos que fueron remarcados en su reciente participación en el Foro Económico Mundial de Davos (Suiza). Está claro que para la corriente política que personifica no hay nada que debatir respecto al modelo económico después de haber hecho público su plan de privatizaciones y su intención de profundizar la reforma laboral para reducir derechos y beneficios de los trabajadores, acciones que estarán guiadas por Paulo Guedes, ministro de Economía, un economista formado en la Escuela de Chicago, entidad creada por Milton Friedman, considerado uno de los padres del neoliberalismo.

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