Animal Político

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Contrato intercultural - Dibujo libre

La Razón / Matthias Preiswerk

10:12 / 04 de enero de 2012

Presentar un libro sobre educación teológica en perspectiva intercultural en el Animal Político y en fiestas de fin de año representa todo un desafío.

Antes de hablar del libro, quiero sugerir brevemente algunos cruces culturales entre la Navidad, la política, la educación y, dentro de ella, la educación teológica.

Navidad se ha vuelto el símbolo y una de las mayores expresiones culturales de la globalización capitalista y neoliberal. Sus símbolos, vaciados de sus contenidos originales, han sido cooptados por el mercado total: se replican iconografía, música, colores, alimentos que, sacados de sus contextos históricos y culturales, se ven cooptados por modos de consumo, modas y hasta referencias religiosas que no tienen nada que ver con sus matrices propias. La Navidad, hoy en Bolivia, se ha vuelto una manifestación típicamente multicultural dentro de la que “conviven” o chocan de frente tiempos contradictorios (los solsticios de verano y de invierno relacionados con estaciones de calor o de frío), espacios múltiples (ferias e iglesias), árboles con pesebres, Papá Noeles con bebés rosados, pavos con panetones, villancicos con spots televisivos, etc. Como en la multiculturalidad, en general, esta diversidad es profundamente desigual y no logra tapar su sujeción a un proyecto económico y político dominante y neocolonial: se vuelve monocultural en los hechos.

Hablando metafóricamente se puede decir que la educación (particularmente la educación superior latinoamericana y boliviana) está en un proceso “navideño”: su diversificación renace debajo del manto globalizador, para consolidar su funcionalidad a ese mismo proyecto económico y político. La diversidad hace juego con multiculturalidad como convivencia desigual de proyectos contradictorios. Frente a ello los abultados y hermosos adjetivos, a través de los que la Ley Avelino Siñani y Elizardo Pérez redefinen a la educación boliviana, no ofrecen garantías de contra hegemonía.

La educación cristiana con sus orígenes más latinos, del lado católico, o más anglosajones, del lado evangélico, es también un fenómeno multicultural ampliamente cooptado por una sola perspectiva cultural, aunque haya podido relacionarse con proyectos políticos a veces contrapuestos. La educación teológica, entendida como aprendizaje y formación de todo el pueblo de Dios, ha sido reducida a la reproducción del futuro clero y muchas veces encerrada en los marcos elitistas de la educación llamada superior. Los muchos actores y las diversas culturas concernidas pasan por el embudo de una sola cultura y de un modelo único de sacerdote o de pastor.

Además de monocultural, es colonial: sus metas, sus programas, las bibliografías referidas, etc. están copiados sobre las de los centros teológicos del norte. Reproducen una visión eurocéntrica del mundo, se basan en interpretaciones del legado bíblico y de la doctrina cristiana, pretendidamente universales e incapaces de discernir sus propios condicionamientos económico-políticos como históricos y culturales.

El  libro Contrato intercultural, crisis y refundación de la educación teológica evidencia una profunda crisis de la educación teológica: de identidad, de legitimidad y de sostenibilidad, entre otras. Explicita una paradoja que el cristianismo del siglo XXI tendrá que tomar muy en serio: a mayor formación teológica, más crisis de la Iglesia (como en la Iglesia Católica y las protestantes históricas); mientras que a menos fundamentos y programas educativos teológicos, mayor crecimiento de la membresía (como en muchas iglesias emergentes pentecostales o   neopentecostales).

Para buscar pistas e inspiraciones de superación de la crisis, el libro acude a dos fuentes principales y complementarias, una práctica y experiencial, otra netamente teórica. Por una parte, el Instituto Superior Ecuménico Andino de Teología, una experiencia de educación teológica boliviana en la que confluyen actores muy diversos por sus orígenes culturales, eclesiásticos, socioeconómicos, de género, edad, etc., y, por otra, el paradigma intercultural acuñado a partir de la filosofía intercultural de Raúl Fornet Betancourt, principalmente.

Es desde este núcleo teórico-práctico que se revisita a la teología y a la pedagogía latinoamericana a partir de sus dos productos más significativos: la Teología de la Liberación y la Educación Popular. En ambos casos se asume sus logros y, a la vez, se cuestiona sus limitaciones, en particular la dificultad que tuvieron por salir de los parámetros y matrices culturales occidentales.

Para revertir esta crisis se apunta a una refundación, basada en un paradigma intercultural que replantee el quehacer tanto teológico como educativo y que permita superar el déficit pedagógico que caracteriza a la educación teológica en todas sus expresiones. La interculturalidad, como actitud frente a la vida y al otro, requiere de manera imprescindible unas luchas por la construcción de relaciones económicas, sociales, culturales y religiosas equitativas. En este sentido la interculturalidad es una tarea eminentemente política. Lucha contra la monoculturalidad y supera al multiculturalismo con sus riesgos de tapar los conflictos y las inequidades.

La refundación de la Educación Teológica exige, entre muchas otras cosas, que se tomen en serio las necesidades y las demandas de formación de todas y todos los actores involucrados: estudiantes, iglesias, docentes e instituciones educativas, movimientos culturales, organizaciones sociales, etc. Esto representaría una alternativa a la actual selección cultural que determina la formación de los futuros dirigentes y líderes de iglesias.

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