Animal Político

Crónica de un aburrimiento anunciado

Aunque los números han mejorado, 57.000 seguidores de la página por el Sí mientras que 28.000 y 16.000 seguidores en algunas páginas del No, no logran provocar movidas sociales que destaquen. Bien en cantidad, mal en calidad.

La Razón (Edición Impresa) / Eliana Quiroz

00:07 / 01 de febrero de 2016

Convengamos en que las redes sociales son un espacio de comunicación diferente a los medios masivos como la prensa, la televisión, la radio o el cine. La principal diferencia es que las dinámicas en redes sociales son profundamente interactivas y que esa interacción puede tener niveles de acuerdo con el grado de compromiso de los involucrados. En cambio, los medios masivos solo emiten mensajes, no permiten recibir respuestas de sus auditorios aunque, por supuesto, se puede llamar a la radio para participar, escribir a un medio de prensa a las secciones de cartas del lector y esperar que publiquen el comentario o incluso ser invitado a la televisión, pero ninguna de esas opciones es inmediata y todas deben ser mediadas por alguien o algo más: un conductor, productor u otras tecnologías como una carta, email o el teléfono.

Lo poderoso de las redes sociales es que la misma plataforma en la que vemos los mensajes de otras personas nos sirve para participar de la conversación y sin intermediarios que editen lo que expresamos. Por tanto, pueden producir un compromiso fuerte.

En cuanto a los niveles de las posibles interacciones en redes sociales, dar un “me gusta” en Facebook es un nivel menor de interacción que hacer un comentario, que es a su vez menor a escribir un post o cambiar la foto de perfil por una de apoyo a alguna campaña, y que asistir a una convocatoria presencial, que es uno de los niveles mayores de interacción/compromiso que se puede esperar de las dinámicas de redes sociales. Entonces, armados de este criterio de niveles de interacción pasamos a juzgar lo que pasa en las campañas por el Sí y por el No del referéndum constitucional en Bolivia.

Hay que mencionar que mientras que la campaña por el Sí tiene una página oficial en Facebook, “Sí Bolivia”, y sitios oficiales en otros servicios virtuales y que, por tanto, puede estructurar mensajes para orientar los contenidos de la campaña para que luego sean replicados por seguidores y adeptos (es decir, puede “poner línea”); la campaña por el No carece de cuentas oficiales y, por tanto, parece más dispersa. Sin embargo, hay algunas páginas que asumen el rol de centralización de la producción de mensajes como “Me Comprometo Bolivia, Voto No” o “No a la Reelección de Evo Morales”.

Sin embargo, las diferencias llegan hasta ahí porque tanto las páginas por el Sí como las que promueven el No tienen las mismas dinámicas y efectos entre sus adeptos. Hemos identificado tres tipos de contenidos que marcan dinámicas específicas: consignas, insultos e intentos de memes.

Ambas campañas repiten consignas de las campañas tradicionales en medios masivos. Videos e infografías con logros del Gobierno o posturas de oposición son ejemplos de esto. Como ya explicamos, el ambiente de medios masivos es diferente al de las redes sociales: los mensajes son unidireccionales, informativos, matan las iniciativas, el activismo. Esto mismo sucede con los mensajes que son elaborados para estos medios masivos y que son reproducidos en redes sociales, se les mata la capacidad que tienen de promover interacción, compromiso, apego, creatividad. Esos mensajes en redes sociales solo alcanzan a inspirar un “me gusta” flojo o algún comentario.

El contenido de insultos es la expresión de la guerra sucia en las redes sociales. Quien propone reírse de la gordura de un candidato o de su origen se acerca al trolleo, no a la creatividad que genera adhesión. Es como reírse en clases del torpe o tonto, promueve el odio y la discriminación. En la guerra sucia tradicional todos pierden.

Se encuentran también algunos contenidos que le hacen un guiño a las subculturas que habitan internet, lo cual podría ser simpático, pero no lo es por la falta de creatividad y buen sentido del humor. Le llamo intentos de memes. Ejemplos de esto son los videos basados en La guerra de las galaxias y el de la película 300. Son buenas ideas, pero la falta de creatividad es tan evidente que desaparecen rápidamente del ciberespacio.

Estas características muestran lo que se puede llamar una tendencia del pobre uso que las campañas políticas hacen de las redes sociales en Bolivia, que se ha visto en la elección subnacional de 2015 y en la departamental del Beni de 2013. Contenidos no elaborados para las redes sociales sino para medios masivos, falta de creatividad, falta de estrategia y uso de recursos fáciles como la burla y el insulto.

Solo la campaña presidencial de 2014 mostró una dinámica diferente, especialmente en el caso del MAS, que con la #OlaAzul logró convocar tanto en redes sociales como fuera de ellas a adeptos y promover participación e interacción, aunque con ayudita internacional para inflar números y mostrar trending topics que recibían apoyo de países como Venezuela, México y Argentina.

Y aunque los números han mejorado, 57.000 seguidores de la página por el Sí mientras que 28.000 y 16.000 seguidores en algunas páginas del No, no logran provocar movidas sociales que destaquen. Bien en cantidad, mal en calidad.

Por último y como yapa, tengo la impresión de que las redes sociales han contagiado la celeridad en los tiempos de agendamiento de temas de las campañas —no solo las digitales sino las generales. Como ejemplo, el tema de la libreta del Vicepresidente se ha agendado por unos días, pero ya parece un lejano ayer por la irrupción de un nuevo suceso: el tuit pasado de años que retuiteó Samuel Doria Medina. Tal vez, hoy salga un nuevo tema y en cuestión de un par de horas cambiemos el motivo de la conversación sin importarnos lo que haya pasado con los temas anteriores. Esto es un reflejo de la farandulización de los contenidos públicos que se viene comentando con frecuencia en Bolivia y fuera.

Como conclusión, esto que vemos no alcanza a ser siquiera llamada una campaña digital. Disculpen los colegas que están administrando las cuentas y quienes orientan estratégicamente esas campañas virtuales, pero se han quedado cortos de ideas, han perdido la viveza propia de las redes sociales y le siguen el juego a tendencias globales de vanalización de los asuntos públicos. En fin, aburrida por las campañas en redes sociales, aburrida por la dinámica pobre que proponen, mejor dedicarse a leer un buen libro y a ver series por YouTube o Netflix.

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