Animal Político

Debe ser para la revolución

El partido de la COB debe ser un instrumento para llegar a una ‘verdadera’ revolución, asimismo, poner en evidencia las tensiones que existen entre un ente sindical y un partido político.

La Razón / Remberto Cárdenas Morales

00:00 / 03 de febrero de 2013

La organización política y partidaria de los trabajadores en Bolivia debe asumirse como una gestión superior respecto de las de tipo sindical, social, económica y/o cultural. Debe ser un instrumento para la lucha por el poder político, la cuestión fundamental de una revolución.

Luego de una marcada despolitización y desideologización del pueblo boliviano y, en particular, de los asalariados y no asalariados, la noticia de que la Central Obrera Boliviana (COB) toma medidas destinadas a organizar el Instrumento Político de los Trabajadores (IPT) constata que cambia el comportamiento del más importante sindicato del país, lo que materializa una de las resoluciones del último congreso cobista y de anteriores reuniones suyas.

En esa dirección, dirigentes sindicales del país, hace poco, han aprobado una declaración de principios del IPT, poco difundida e inconclusa; lo que no es un desmérito, porque se informó que continuarán su estudio, consulta y complementación antes de que adquiera la categoría de documento constitutivo de esa organización política.

Lo andado por la COB para articular el IPT es promisorio, aunque no estamos seguros de que llegue a un puerto de tierra firme y fecunda. Datos que circulan en los medios respecto de esa gestión de sus dirigentes nos plantean preguntas y preocupaciones.

¿Los afiliados a la COB necesitan un partido para las elecciones que podrían aproximarlas al poder popular o para la revolución de veras liberadora de las clases sociales explotadas y oprimidas de nuestro país? ¿Un partido de los trabajadores debe emprender esas dos tareas, la una táctica para 2014 y la otra estratégica para la emancipación de los trabajadores como obra suya?

La COB sigue siendo, por algunos elementos que languidecen, un sindicato anómalo, como decía René Zavaleta. Sindicato, porque defiende los intereses económicos, sociales y culturales de sus afiliados y, al mismo tiempo (antes mucho más que ahora), cumple ciertas tareas políticas de las que participa incluso gente del pueblo que, orgánicamente, no pertenece a la COB. Esa actividad política lo confirman dos huelgas políticas para derrotar a dos golpes de Estado, con las que aportó a que el general Juan José Torres asuma el gobierno boliviano (octubre de 1970) y ayudó al restablecimiento de la democracia, limitada, es cierto, en 1979. La COB, asimismo, no pudo derrotar, junto con el pueblo, otros dos golpes: el de Hugo Banzer (1971) y el de Luis García Meza-Luis Arce Gómez (1980).

Hablan también de la actividad política de los trabajadores bolivianos: el pacto entre partidos de izquierda y los asalariados mineros que facilitó la elección de parlamentarios de sus filas en los años 40; el control obrero en la Corporación Minera de Bolivia (Comibol) luego de la revolución democrático-burguesa de 1952 y la organización y funcionamiento de la Asamblea del Pueblo durante el gobierno de Torres.

La COB, en tanto sindicato, agrupa a todos sus afiliados sin considerar ideología, partido político, religión, procedencia laboral, pertenencia cultural, origen social, etc. En cambio, los militantes de un partido deben compartir ideas, programa, formas de organización, liderazgo, ámbitos de formación política. Es decir, no todos los trabajadores pueden tener como destino político la militancia en un partido.

Los partidos marxistas, leninistas, trotskistas, maoístas, guevaristas, castristas y martianos, bolivarianos, o agrupaciones anarquistas al menos, según lo que dicen y sus normas estatutarias (salvo excepciones que las hay), defienden y representan los intereses de los obreros; por tanto, son partidos de ese grupo humano o aspiran a serlo.  El IPT, que empieza a impulsar la COB, cobijará a todos sus afiliados como punto de partida. Al menos ésa es su definición preliminar: instrumento político de los trabajadores.

El IPT de la COB tendría que asumir ideas marxistas, leninistas, trotskistas, maoístas, guevaristas, bolivarianas, martianas, castristas e indigenistas, en lo que sean complementarias. Un partido de los trabajadores bolivianos debiera asumir como teoría y método una ideología avanzada, con todos los aportes criollos y/o comunitarios posibles. Los militantes del IPT acrecentarán su conciencia en todas las batallas de las clases sociales a las que pertenezcan y mediante una cotidiana educación política.

El partido político de la COB deberá ser, además, una organización política y militar al mismo tiempo para que no se agote en batallas electorales ni espere participar sólo en la última de las confrontaciones. Los movimientos tácticos y las tareas estratégicas que desarrolle el IPT deben ser parte de un comportamiento integral.

Militantes y dirigentes del partido sobre el que escribimos tienen que ser los que definan su comportamiento electoral en 2014. Pero si su organización es apenas para apoyar al actual Presidente de Bolivia, en una alianza que reproduzca su poder, mejor sería que abandonen la organización de ese partido. Debemos aspirar a que, cuando menos, el IPT ayude a generar en Bolivia una nueva unidad social, económica, cultural y, sobre todo, política que sea de veras democrática, popular, antiimperialista y revolucionaria.

El IPT debe tener perfiles plebeyos y criollos; unidad en las ideas y en las acciones; programa que resuma los intereses tácticos y estratégicos de los trabajadores y del pueblo; ideas avanzadas para las transformaciones reformistas y revolucionarias; tiene que acumular fuerza sociopolítica que lo convierta en invencible. Si esto no ocurre, el IPT de la COB será otra frustración.

El IPT no tiene que ser sólo un actor electoral, ni desempeñar sólo tareas reformistas. Todo eso sería insuficiente si al mismo tiempo deja de emprender un quehacer cotidiano antiimperialista y revolucionario. Los trabajadores y el pueblo sí necesitan un partido para las reformas de este tiempo y sobre todo para una verdadera revolución, que se advierte distante en tierras bolivianas.

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