Animal Político

Dedicado a la formación política

Trabajó 13 años en el ex Congreso de la República y actualmente se dedica a dar asistencia a diputados, senadores y funcionarios públicos con la finalidad de fortalecer la democracia.

Armando de la Parra

Armando de la Parra Foto: Fernando Cartagena

La Razón (Edición Impresa) / Angélica Melgarejo Alanes es periodista

00:00 / 14 de mayo de 2017

Armando de la Parra se inclinó por la izquierda cuando aún era estudiante en Europa; por ello, al retornar a Bolivia en 1974, decidió fundar el Partido Comunista Marxista Leninista (PCML). No obstante, su carrera política recién comenzó el 23 de abril de 1978, cuando, junto a varios de sus correligionarios, fundó el Frente Revolucionario de Izquierda (FRI). “Fue durante la época de resistencia a las dictaduras”, rememora. Hoy, tras su paso por la administración pública, como diputado y funcionario, dedica sus días a la formación y fortalecimiento de cuadros políticos nuevos y existentes.

Desde su oficina, ubicada en el cuarto piso del edificio Jaque, al norte de Cochabamba, cuenta que decidió constituir el PCML para trabajar por el retorno de la democracia.

Con ese fin, en 1978, fundó el FRI para participar de las elecciones de julio, de ese año, las que se realizarían después de 12 años de dictadura. Entonces se aliaron la Unidad Democrática y Popular (UDP), el Movimiento Nacionalista Revolucionario de Izquierda (MNRI), el Partido Revolucionario de Izquierda (PRI), el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRTB), Vanguardia Obrera Revolucionaria (VOR), el Partido Obrero Revolucionario (POR- Combate). “Aunque las siglas no dicen mucho, los personajes sí”, afirma.

Un año después, en 1979, el FRI pactó con el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y el Partido Demócrata Cristiano (PDC), entre otros, lo que determinó su alejamiento. “Como yo era de izquierda, no comulgaba con esa alianza y me dediqué a la vida académica en la Universidad Mayor de San Simón, en la Facultad de Ciencias y Tecnología, que ayudé a crear”. Allí fue docente y decano hasta que el golpe militar de Luis García Meza (1980-1981) lo obligó a realizar otras actividades, como socio y gerente de la empresa constructora Coinbol.

En 1982 volvió a la Universidad San Simón y más tarde, en 1989, a la vida política y al FRI. Promovió una alianza con el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MIR) y fue elegido diputado por Cochabamba. “13 años trabajé en el Parlamento, dos gestiones de cuatro años y una de cinco, hasta 2002”, detalla. De su paso por el Legislativo recuerda la promulgación de normas trascendentales como la Ley de Partidos Políticos, la Ley Electoral y la creación de diputaciones uninominales.

En 2002 dejó el ejercicio activo de la política. “Dije yo, voy a apoyar a la construcción de la institucionalidad democrática, pero desde afuera” y decidió aceptar el cargo de consultor del Programa Nacional de Gobernabilidad de la Vicepresidencia de la República, del que fue Secretario General desde 2003 hasta 2005.

Posteriormente, en 2006 asumió la dirección de la Fundación de Apoyo al Parlamento y a la Participación Ciudadana (Fundappac), institución en la que trabajó hasta 2015. A partir de esa gestión y ya jubilado, dirige actualmente el Programa de Capacitación Política (Procap).

De la Parra considera que la capacidad de los partidos políticos para dar apoyo a la representación parlamentaria es muy baja y no da insumos a diputados y senadores para ejercer sus cargos. Por ello apoya esa tarea con trabajos de investigación, capacitación, cursos y talleres de diversa naturaleza. Así también brinda asesoramiento a los funcionarios públicos. “La tarea es remunerada, pero esto no solventa mis gastos”, dice y explica que esa labor la hace por su compromiso con el fortalecimiento de la democracia. “Mientras uno tenga fuerzas y posibilidad, hay que hacerlo”, apunta.

Perfil

Nombre: Armando de la Parra Soria 

Nació: 17 de mayo de 1948

Profesión: Ingeniero Civil

Ocupación: Dirige Procap

Carrera

Estudió Ingeniería Civil en la Universidad Tecnológica para la Construcción de Utrecht, Holanda. Fundó y dirigió el Instituto de Educación para el Desarrollo Rural. Fue docente de la Universidad Mayor de San Simón y fundó la Facultad de Ciencias y Tecnología.

Un mensaje a la conciencia de un hombre perdido

Erick Ortega, es periodista

Germán Sosa, tiene supuestamente todo lo que un hombre con cara de niño puede querer en este paraíso terrenal. Se lo ha visto feliz compartiendo abrazos y besos con mujeres guapas, manejando coches modernos, bebiendo alguna que otra copita de alcohol, con amigos. Es pues un hit en su red social Facebook.

Con sus mentirosos 38 años —flaco, sin arrugas en el rostro y sin panza, señal de que Dios es injusto— el hombre fue fotografiado en distintas poses (ninguna erótica, pero sí hartas poses sociales), para el disfrute personal o grupal.

Desde este púlpito pagano que es la columna de opinión había la intención de darle un abrazo y existía el deseo de enviarle una solicitud de amistad, porque es ley tener amigos sociables que se codean con la felicidad. Pero, lastimosamente, Sosa no es un tipo cualquiera; él es un sacerdote.

Sosa se hubiera ganado el respeto de este periodista si es que después de mostrárselo juerguero y pachanguero él decidía ir de frente. “¡Sí, lo hice. Estuve con una y varias mujeres, punta de celosos!, me gusta la pachanga”.

El humilde y envidioso escribidor de esta columna hubiera sido fan de Sosa si es que este hombre de (ahora) dudosa moral decidía cuestionar a la Iglesia Católica.

Y hubiera tenido argumentos: “El pecar humaniza y no hay nada mejor que un sacerdote humano”... “Dios hizo a Adán y Eva y los hombres somos par, pareja, chacha warmi... entonces por qué andar solo en la viña del Señor”.

O, de última, él plagiaba los argumentos de Martín Lutero y de otros curas que decidieron renovar la Iglesia Católica. Podía decir que hasta Jesús tuvo sus momentos críticos. Es más, si se hacía el histórico podía recuperar la imagen de María Magdalena.

En último caso, si él decía que prefería ser un cura casado a un cura pedófilo... de seguro que se ganaba aplausos y hubiera un ejército de hombres detrás de él, apoyándolo. O quizás hubiera habido pocos alentando su fortaleza. O, tal vez no había casi nadie y solo este humilde periodista le aplaudía con ahínco.

No. El hombre escogió el camino fácil: quedar bien con Dios y con Dios. Negó todo, se disculpó con sus superiores, con la sociedad. Se hizo pis debajo de la sotana y ya no merece mi aplauso. Aunque a él no le valga nada mi opinión.

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