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Delimitación marítima en La Haya

Es de vital importancia para las aspiraciones marítimas  de Bolivia el fallo que vaya a dictar la Corte Internacional de Justicia de La Haya sobre Perú y Chile. En caso de que éste favorezca al Perú, el vía crucis del país hacia el mar sería aún más complicado.

La Razón / Ramiro Prudencio Lizón

00:00 / 23 de diciembre de 2012

Ha concluido la fase oral del litigio sobre la delimitación marítima entre Chile y Perú. Y lo más destacable para los bolivianos ha sido la consideración de la negociación iniciada en Charaña, por parte de los abogados de la parte chilena; negociación que se llevó a cabo entre los años 1975 y 1978.

Los citados abogados recordaron que en 1975 Chile ofreció a Bolivia un corredor al norte de Arica con su mar territorial adyacente. Reiteraron que el Gobierno peruano no se había opuesto a dicha cesión. Es decir, Perú también había aceptado que nuestro país poseyese un mar territorial contiguo a su costa.

Es importante tener presente la nota del Perú de 18 de noviembre de 1976, emitida en respuesta a la consulta que le había efectuado Chile sobre la propuesta de entrega del corredor al norte de Arica. Como se tiene conocimiento, Chile estaba obligado a efectuar la consulta de acuerdo al Protocolo Complementario al Tratado de Lima de 1929, firmado entre esos estados.

En la mencionada respuesta, Perú había determinado lo siguiente: “Concesión a Bolivia del derecho a construir un puerto bajo su exclusiva soberanía de conformidad con el interés peruano de lograr una solución definitiva, real y efectiva a la mediterraneidad boliviana, para lo cual es indispensable que dicho país cuente con un puerto propio”. La nota peruana agregaba además: “Soberanía exclusiva de Bolivia sobre el mar adyacente al litoral del territorio bajo soberanía compartida”.

Cabe señalar que muchos bolivianos han comentado que el juicio sobre la delimitación marítima entre Chile y Perú sería poco preocupante para el país. Esto es un serio error, pues la sentencia de la Corte de La Haya es de fundamental importancia para Bolivia. Pues, si la Corte fallara a favor del Perú, y determinase que la delimitación marítima se fundamentara en la bisectriz, el corredor al norte de Arica ya no tendría mar. Al corredor sólo le correspondería un pequeñísimo triángulo que impediría hasta el libre tránsito marítimo. Naturalmente, casi no habría espacio para una utilización pesquera.

El desconocimiento del derecho del mar por parte de los bolivianos es tan grave que muchos han llegado al extremo de consolarse creyendo que si se estableciera la bisectriz en la delimitación de La Haya, el mar territorial del corredor boliviano seguiría la ruta de dicha bisectriz. Pero se debería comprender que el mar territorial siempre es perpendicular a la costa. Ello desde tiempo inmemorial y, además, consagrado por la Convención del Mar. Precisamente, se  establece una bisectriz cuando dos perpendiculares se chocan, como    es el caso entre Chile y Perú.

Por lo tanto, si falla la Corte de La Haya a favor de la bisectriz, el vía crucis boliviano hacia el mar se complicaría aún más. Primeramente se deberá negociar con Chile para la concesión del corredor y luego con Perú para que se nos permita circular, y quizás explotar mancomunadamente en el ex mar territorial del corredor.

Este problema de la bisectriz ya fue previsto por el presidente Evo Morales, quien en el año 2009 manifestó que si triunfaba el Perú en su controversia con Chile, sería pertinente que se considerase los derechos marítimos bolivianos del corredor. Asimismo, el Gobierno nacional presentó en el año 2011 un documento a la Corte de La Haya para manifestarle su preocupación ante el caso de que el fallo de la misma pudiese perjudicar la demanda marítima nacional. 

Lamentablemente, la delegación que nuestro país envió a la Corte para presenciar el alegato oral del litigio no se dignó conversar con la delegación peruana sobre el particular. Ello, pese a tener presente que el Perú ya había cedido a nuestro país sus derechos al mar territorial del corredor en su respuesta a Chile de 1976. Hubiera sido menester realizar una gestión semejante a la del Ecuador, que no se inmiscuyó en el litigio chileno-peruano, pero dejó plenamente consolidados sus derechos sobre su litoral marítimo.

Ahora bien, el conocido periodista peruano Álvaro Vargas Llosa, hijo del ilustre escritor Mario Vargas Llosa, ha publicado una extensa nota sobre el pleito de su país con Chile, en la que  considera que es muy poco probable que la Corte de La Haya se incline por la posición peruana basada en la bisectriz. Él cree que dejaría como límite marítimo entre Chile y Perú a la actual frontera, que va paralela al meridiano terrestre. Pero Vargas Llosa hijo estima que Perú podría obtener el triángulo exterior que surge después de las 200 millas correspondientes al mar territorial chileno.

Si la Corte de La Haya emitiera sentencia como aquél prevé, eso significaría que si Bolivia obtuviera el corredor al norte de Arica con su consecuente mar territorial perpendicular a su costa de 200 millas, pasada esta extensión el océano sería internacional para nuestro país, es decir alta mar, pero para Perú estaría dentro de su mar territorial de dicha dimensión. Sería una situación confusa pero no atentaría contra el verdadero interés nacional.

Actualmente, el Gobierno nacional está abocado a llevar a una de las cortes de La Haya una demanda sobre una revisión o un incumplimiento del Tratado de Paz, en la cual además, se incluirían los compromisos contraídos por Chile de otorgar una costa soberana, durante las negociaciones llevadas a cabo en 1950 y 1975. Pero es menester recordar que Bolivia no tiene derechos jurídicos para reintegrarse al océano, sólo derechos históricos y morales. Y cabe destacar que las cortes internacionales son reacias a tratar temas referentes a revisiones o incumplimientos de tratados. Además, la reintegración marítima de Bolivia no requiere de una revisión del Tratado de 1904, ya que la zona que pretende no está comprendida en este acuerdo. Como reiteradas veces manifestó Chile, sobre todo en 1950 y 1975, se puede llegar a una solución del problema marítimo al margen del Tratado de Paz.

En consecuencia, llevar la cuestión marítima a tribunales internacionales demandará solamente una gran pérdida de tiempo y dinero. Lo peor es que lo único que se obtendrá será retardar nuestra salida al mar y una nueva desilusión y una mayor amargura para nuestro sufrido y esperanzado pueblo.

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