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Democracia y corrupción

En rigor, la victoria del No solamente tendrá efectos positivos contra la corrupción y a favor de la democracia si es que el mando político del MAS escucha la señal de esa victoria.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Calla Ortega

00:01 / 15 de febrero de 2016

La segura victoria del No el 21 de febrero próximo expresará, por un lado, la masiva adhesión y respaldo de un inmenso segmento de la población a la democracia y al Estado de Derecho como ejes de funcionamiento del sistema político boliviano y, por el otro, la repulsa y el rechazo de vastos sectores de la ciudadanía a la cada vez más extendida y honda corrupción que está terminando por carcomer estructuralmente al régimen del Movimiento Al Socialismo (MAS) tras la década pasada de su gobierno; repulsa y rechazo a la corrupción que se convertirá en votación por el No incluso por parte de quienes aún quedan relativamente indiferentes ante el autoritarismo del MAS y la merma de la democracia que este partido ha inducido en Bolivia durante los últimos diez años.

Quienes todavía se encuentran indecisos con relación a su voto a ya tan pocos días del referéndum del 21 de febrero deberán considerar la importancia que tiene la opción que finalmente escogerán. El voto que finalmente llevará a la victoria del No tendrá, por lo menos, dos posibles efectos inmediatos mayores. Por una parte, un masivo voto por el No constituirá un severo llamado de atención al gobernante MAS para que este partido intente, en los siguientes cuatro años de su gobierno hasta fines de 2019, remediar la aguda corrupción en las más altas esferas del Estado que está amenazando con desquiciar a Bolivia. El No puede obligar al régimen del MAS a iniciar una verdadera lucha contra la corrupción y a llevar a cabo un proceso de ordenamiento de la política económica y de la inversión pública ateniéndose al ordenamiento legal que rige en materia de transparencia. Urge que el MAS se vea obligado a llevar adelante, en todos los niveles de su gobierno, una política de gasto, inversiones y manejo de los recursos públicos que se ciña por la más absoluta transparencia, remediando la gravedad del desorden atravesado de corrupción con el que actualmente se está manejando la cosa pública. Solamente una victoria del No podrá generar un sacudón dentro del MAS para que este partido comprenda que la corrupción debe ser detenida ya con urgencia.

Por el contrario, cada voto por el Sí terminará objetivamente convertido en una respaldo a la corrupción y en un cheque en blanco para que el régimen persista en su política de dejar hacer y de dejar pasar las irregularidades más flagrantes y evidentes en los manejos de los recursos públicos de una u otra entidad estatal hasta que, por acumulación y sobresaturación, esas irregularidades estallen como dinamitazos de explosión inmensa ante la opinión pública. El caso del Fondioc es al respecto el ejemplo más evidente y es una muestra del grado de omisión de deberes al que ha llegado el régimen en materia de transparencia. No se puede dejar que las irregularidades se conviertan en corrupción y que ésta, luego, alcance dimensiones de megaescándalos que llevan incluso a una merma de la imagen internacional de Bolivia. El voto por el Sí es un voto a favor de pasar por alto la corrupción estructural que está atravesando al Estado y es sinónimo de perdonarle al MAS por su incapacidad o falta de voluntad para remediar una situación que podría finalmente hacer añicos con Bolivia.

El No, en todo caso, expresa la voluntad de un llamado de atención al régimen para que gobierne contra la corrupción y controlándola. Mientras mayor sea la victoria del No el 21 de febrero más nítidamente le llegará al régimen la señal de que Bolivia está harta de escándalos, para solo citar lo más destacado recientemente, como los del Fondioc, como los de la reiterada evidencia de la participación de altos, medios y bajos mandos policiales en el tráfico de cocaína, como los de la empresa china CAMC, o como las de las prácticas tan generalizadas de la extorsión en el sistema judicial. El No del voto del 21 de febrero puede obligar al MAS a atender el tema de la corrupción con la urgencia que amerita y aunque sea solamente por ello el voto del No es capital.

Pero la victoria del No el 21 de febrero tendrá también una otra consecuencia inmediata posible. Abre la posibilidad de que el MAS se reencamine por la vía de una democratización interna que frene la consolidación de las oligarquías políticas que actualmente se han adueñado de este partido. Una dinamización democrática en la evolución política del MAS es imprescindible para que la reconstrucción de la democracia en Bolivia sea una alternativa viable. La victoria del No abrirá en el seno del MAS la competencia y la lucha política entre las distintas fracciones y tendencias que conforman a este partido para la emergencia de los nuevos candidatos o candidatas presidencial y vicepresidencial de este partido de cara a las elecciones de 2019. Esa lucha política interna es imprescindible para afianzar hábitos de conciliación y negociación política dentro del MAS de cara a sus siguientes esfuerzos electorales. Dada la existencia de un voto duro a favor del MAS de siquiera un 30% del electorado —un voto duro que la corrupción podría mermar si este partido no opta por encarar a fondo el tema en los siguientes cuatro años, lo que no sucederá con la fuerza suficiente si el Sí es muy alto el 21 de febrero—, los futuros candidatos presidencial y vicepresidencial del MAS pueden volver a ganar en 2019 dada la posible dispersión de las candidaturas de una oposición que difícilmente podrá unificarse. El espantajo de que el Sí permitirá el retorno de los llamados partidos tradicionales al control del gobierno de Bolivia es una excusa de los estrategas del Sí contra la democratización interna del MAS, único camino real y efectivo para que este partido opte por la democracia contra su propia oligarquización autoritaria.

En rigor, la victoria del No solamente tendrá efectos positivos contra la corrupción y a favor de la democracia si es que el mando político del MAS escucha la señal de esa victoria. Una victoria débil del No podría reforzar el autoritarismo en el MAS y sus tendencias a dejar pasar la corrupción. Solamente una victoria fuerte del No puede propiciar un reajuste a fondo del MAS de modo que este partido se reconvierta en un factor más, aunque sea tímido y reticente, para la reconstrucción de la democracia y para encarar la lucha contra la corrupción en el país. Las urnas el 21 de febrero le ofrecerán al país una nueva oportunidad a favor de la democracia y en contra de la corrupción. Si esa nueva oportunidad es potente o es frágil dependerá de los resultados del 21 de febrero. Cada voto cuenta. Cada voto es fundamental. Por ello, nadie debe caer en equívocos: Quienes promovemos la opción del No estaremos el 21 de febrero movilizados para intentar garantizar la voluntad del soberano frente a un Tribunal Supremo Electoral (TSE) que nos asusta y nos da miedo, frente a un TSE conformado y constituido por la corriente más autoritaria y antidemocrática del régimen gobernante. Cada voto cuenta, cada voto vale. Garantizar su valor es un deber de la democracia.

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