Animal Político

Democracia interna desde la norma

El desempeño de las organizaciones políticas tiende a ser vertical. ¿Qué elementos mínimos debería contener la futura Ley de Organizaciones Políticas para dar cuenta del anhelo-exigencia de democratización interna en las organizaciones políticas? El autor contesta a esta pregunta

La Razón / José Luis Exeni Rodríguez

00:01 / 24 de noviembre de 2013

Una de las mayores paradojas de la democracia representativa es que las organizaciones titulares de la representación política no necesariamente son, en sí mismas, democráticas. Al contrario, más allá de la formalidad de adoptar en sus estatutos orgánicos mecanismos de democracia interna, el desempeño de las organizaciones políticas tiende a ser vertical y poco democrático. Así ocurre en la conformación de sus dirigencias, su vida orgánica, la definición de sus candidaturas, la toma de decisiones...

Hay quienes sostienen que, siendo deseable, la democracia interna en las organizaciones políticas no es condición necesaria para la democracia. El supuesto —a lo Sartori— es que la libre competencia electoral entre una pluralidad de partidos hace practicable la democracia, más allá de cuán orgánicamente democráticos sean aquéllos. Para otros, como Michels, la democracia interna en los partidos es sencillamente imposible: “quien dice organización, dice tendencia a la oligarquía”.

Creo que por un elemental sentido de coherencia, los partidos políticos, en su condición de actores privilegiados de la representación política (por delegación de la soberanía popular) deberían asumir principios, estructuras organizativas y prácticas democráticas. No es congruente que quienes proclaman democracia en el ámbito público tengan, puertas adentro, andamios/andares autoritarios. Claro que no hay una forma inequívoca —modélica— de entender la democracia interna en las organizaciones políticas.

¿Cómo avanzar hacia la democratización de las organizaciones políticas habida cuenta de que éstas, en su diversidad y pluralismo, se sitúan en el centro de la competencia electoral? ¿Es posible hacerlo, como orientación, como “mandato”, desde la norma? ¿Qué elementos mínimos debiera contener la futura Ley de Organizaciones Políticas en el país para dar cuenta de este anhelo/exigencia de democratización interna en las organizaciones políticas? En lo que sigue me ocuparé sintéticamente de ello.

El principio normativo respecto a la estructura y democracia interna en las organizaciones políticas radica en algunos supuestos importantes: Primero, se trata de una condición de existencia de las organizaciones políticas o, al menos, de un requisito ineludible para su reconocimiento por parte del órgano electoral.

Segundo, dicho ordenamiento interno con arreglo a bases democráticas debe estar clara y explícitamente señalado en el estatuto de la organización.  Tercero, no existe un modelo único ni ideal de formas y prácticas democráticas para regular la vida interna de las organizaciones políticas (la realización de primarias, por ejemplo).

Cuarto, aquéllo que la organización define internamente como sus mecanismos democráticos, al menos para la definición de sus dirigencias y candidaturas, y para la toma de decisiones, debe cumplirse. Y, quinto, el órgano electoral, sin ser responsable, tiene competencia y mandato para controlar la legalidad y el carácter democrático de dichos procesos internos.

Con base en tales supuestos, la Ley de Organizaciones Políticas debería establecer la obligatoriedad de que cada organización política defina, al menos, dos cosas:

a) Su estructura orgánica con los procedimientos democráticos de elección o nominación de sus dirigencias, candidaturas, delegaciones y representantes; y los mecanismos de interacción entre la dirigencia y la militancia, así como entre la organización política con otras organizaciones políticas, actores sociales y órganos del Estado plurinacional.

Y, b) Sus instancias propias de deliberación y mecanismos de toma de decisiones como máxima expresión de su democracia interna (pueden ser congresos, asambleas, convenciones, juntas, reuniones u otras).

En ese marco, las organizaciones políticas deben garantizar también, en todos sus niveles orgánicos e instancias de dirección y decisión, la equivalencia de género con apego a los criterios de paridad y alternancia entre mujeres y hombres; la equidad intergeneracional a fin de promover la participación amplia de sus militantes jóvenes; y el principio de plurinacionalidad orientado a garantizar la participación efectiva de miembros de las naciones y pueblos indígena originario campesinos.

Todos los aspectos señalados en el acápite precedente tienen sentido y vigencia para los partidos políticos y las agrupaciones ciudadanas con personería jurídica reconocida por el órgano electoral. Sin embargo, existe la especificidad de las organizaciones políticas Indígena Originario Campesinas (IOC), también reconocidas por la Constitución y la Ley, para intermediar la representación política y postular candidaturas para los órganos de Gobierno y de representación.

En el caso de las organizaciones políticas IOC, todo lo referido a la democracia interna, que también está asumido bajo los supuestos y principios señalados, se define y practica de acuerdo a normas y procedimientos propios. Es decir, está vinculado a una diversidad de concepciones y prácticas de ejercicios de autoridad y toma de decisiones; tiene que ver más bien con las democracias comunitarias. No necesita pues, en principio, estar contenido en un estatuto orgánico.

Al respecto, para finalizar este breve recorrido, es necesaria una consideración específica respecto a las futuras autonomías indígena originario campesinas. Es evidente que en estos ámbitos de libre determinación y autogobierno —que en algunos casos hoy están en fase final de sus procesos estatuyentes— no se prevé la presencia de organizaciones políticas. No son necesarias. A no ser que los propios estatutos IOC reconozcan de manera explícita su participación en algún nivel de elección de autoridades o representantes.

No me he ocupado aquí de los requisitos de identidad, de constitución (incluido el alcance y sus documentos constitutivos) y de militancia (o membresía) para la conformación y reconocimiento de las organizaciones políticas, lo cual plantea otros desafíos tanto organizativos como de funcionamiento y desempeño. También queda pendiente el debate sobre los derechos y deberes tanto de las organizaciones políticas como de sus dirigencias y militantes.

La democracia interna en las organizaciones políticas, desde hace mucho tiempo, está tocando la puerta; pero sigue siendo, todavía, sólo un murmullo.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia