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Derrota en La Paz, signo de declive de la insurrección

Varias son las lecciones para el MAS tras la derrota paceña: su forma de tomar decisiones, tomar por verdades meros presupuestos, la falta de construcción de liderazgos, la relectura del presente, entre otras.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz

00:07 / 05 de abril de 2015

El Movimiento Al Socialismo (MAS) ha perdido por triple partida en las elecciones subnacionales en La Paz: fue derrotado en la pelea por la Gobernación y por las alcaldías paceña y de El Alto. Más allá de lo que los altos mandos de este partido digan a los medios de comunicación para matizar el fracaso de sus tres candidatos, no considerar internamente lo sucedido como un mensaje de los electores a su partido, como un llamado de atención, o, si vale, un jalón de orejas, podría ser un error.

Los números son los siguientes, aplastantes en los tres casos. En el municipio de La Paz, al 93% del resultado oficial, Luis Revilla (Soberanía y Libertad para Bolivia, Sol.bo) ganó con 58,5% contra 38,8% de Guillermo Mendoza del MAS. En El Alto, al 86% del escrutinio, Soledad Chapetón de Unidad Nacional (UN) ganó a Édgar Patana del MAS con 54,8% contra 31,8%. Por otro lado, la Gobernación de La Paz fue ganada por Félix Patzi de Sol.bo por 52% contra 28,4% de Felipa Huanca del MAS; esto al 70% del cómputo.

Tras conocerse estas derrotas (por conteo rápido de las encuestadoras), el mismo día de la elección, el vicepresidente Álvaro García dio la cara con un discurso en el que decía que el MAS, a pesar de esta derrota, tenía una “apabulladora” presencia de asambleístas departamentales.

Al día siguiente, el presidente Evo Morales admitió cierta culpa de su partido en la derrota electoral, al señalar que en estos espacios se perdió por la falta de liderazgos en su partido, sobre todo en el área urbana del departamento, y por las denuncias de corrupción contra algunos de sus candidatos. No obstante, en el caso de Felipa Huanca, de alguna manera también culpó a los votantes, al decir que el machismo y la discriminación hicieron que los paceños no votaran por Huanca (mujer e indígena).

Políticamente, es posible comprender las declaraciones públicas del oficialismo, que se hicieron para posicionar que no hubo derrota, sino empate o incluso victoria; sin embargo, según el análisis ofrecido en las siguientes líneas, el MAS deberá también asumir que la pérdida en La Paz es una señal de alerta para el partido y sus estrategias; aunque el revés tampoco puede ser comprendido como una crisis fatídica o terminal para el MAS en la determinante plaza paceña.

Varias son las lecciones que debe tomar nota el Instrumento Para la Soberanía de los Pueblos con relación a temas clave: su forma de tomar decisiones, considerar como verdades algunas presunciones, la relativa ausencia de construcción de liderazgos, la relectura del presente para diferenciarlo de 2010, entre otras cuestiones que mencionan los analistas Helena Argirakis, Jorge Komadina y María Teresa Zegada.

Los apuntes que se ofrecen también tienen que ver y de alguna manera explicar los otros resultados adversos para el MAS: la pérdida de la Alcaldía de Cochabamba, el fracaso en Santa Cruz, el seguro balotaje y quién sabe derrota en Chuquisaca (lo mismo se puede decir del Beni) y el traspié por la Alcaldía de Oruro.

MOMENTOS. En la elección de 2010, se puede decir, al MAS le bastaba cualquier candidato, sea el que fuere (sin desmerecer o sobre estimar sus cualidades), para ganar la Gobernación y El Alto. Esto es lo que ha cambiado. Los tres analistas no creen que el MAS esté en una crisis total, ni que esté en duda su hegemonía nacional. Komadina, sin embargo, habla de “síntomas de graves problemas internos”.

“La votación es, posiblemente, un síntoma de la declinación de la hegemonía masista, pero ese vacío no está siendo ocupado todavía por la oposición como proyecto político nacional”, señala al referirse a las victorias puntuales de la oposición.

Algo similar afirma Argirakis. En 2010 había “una ola del proceso insurgente, los candidatos estaban montados en la cresta de esta ola insurreccional. Entonces, aunque suene feo, era secundario el perfil profesional, político, social o el activismo de los candidatos”. Ahora esa ola “ha decantado”, hay un proceso de “sedimentación, de estabilidad”, por lo que ahora sí valieron los perfiles particulares de los postulantes.

“La gente mira el perfil particular del candidato porque ese proceso insurreccional ya tiene diez años. Esto definitivamente es una inflexión que debe llevar a que el MAS diferencie el momento anterior del actual. Ellos actuaron en la misma lógica insurreccional de 2009, planteando que podían postular a cualquier persona y la gente iba a votar militantemente por el MAS, cosa que no ha sucedido”.

Algo similar dice Zegada al señalar que en 2010 había un proceso “innovador”, había el tránsito de lo que serían las autonomías, los liderazgos no habían pasado por la gestión pública, “había una confianza” en que el Gobierno nacional podía pesar en las gestiones subnacionales. “Esta convivencia de diez años con el poder ha cultivado un electorado más crítico y cauteloso”, apunta.

En el caso del municipio de La Paz, en estricto sentido, el MAS no lo perdió, sino que no pudo ganar a Luis Revilla. Ahí no influyó su década de habitar el poder como en los casos de la Gobernación y El Alto. Éstos últimos son una muestra de que el “no trabajar (el Gobierno Central) con la oposición” no puede ser algo determinante, pues apoyando a la Gobernación paceña de César Cocarico y a la Alcaldía de El Alto de Édgar Patana, igual se tuvo, ante el elector, la imagen de una ‘mala gestión’.

ALERTAS. La pregunta es: ¿si habían tantas alertas sobre esas malas gestiones, más las denuncias de corrupción directas contra Patana (aún antes de la difusión del sospechoso video) y las del Fondo Indígena que afectaban la imagen de su candidata Felipa Huanca, por qué se insistió en sus candidaturas? Posiblemente porque se seguía leyendo el escenario de 2010, cuando bastaba ser candidato del MAS para ganar. Sin embargo, acá también hay que indagar sobre la toma de decisiones en la elección de sus candidatos.

Komadina señala que hay un misterio en la modalidad utilizada. Aparentemente —recuenta— había un consenso entre los dirigentes para nombrar a Patana. También se dijo que el hecho de exaltarlo había instrumentalizado a las dirigencias, lo cual no sería “nada raro”.

“Hay lagunas en ese procedimiento, lo que es una constante a nivel nacional. No es el único caso de candidatos quemados, sin consenso, con experiencias catastróficas”. Zegada señala que los resultados negativos ponen en observación la manera en que se definieron las candidaturas del MAS, “probablemente dando curso a la relación orgánica del MAS con sus bases”.

Esta relación, además, se vincula al tema de la corrupción. No basta decir que las denuncias les afectaron, se trata de penetrar en la problemática. Por eso, Komadina observa que la corrupción no es meramente una figura delictiva, sino que está vinculada con la política. “El Estado funciona bajo mecanismo de prebendalismo antes y ahora y no solo en Bolivia. En lo relativo al MAS, hay casos de corrupción que afectan al tipo de relación entre el Estado y las organizaciones sociales (Fondo Indígena). Donde funciona este habitus político no hay democracia interna, la cual es un mecanismo de transparencia”.

A sabiendas de las malas gestiones y denuncias de corrupción ¿Por qué Morales, presidente de su partido, no intervino, e insistió en sus candidatos y en acompañarlos mediáticamente? ¿Por qué no hablaba con tanta claridad de investigar a Patana, como hace hoy, antes de que pierda?

En eso hay una lógica perversa —dice Argirakis— pues si Morales elige o saca directamente a un candidato se lo llama totalitario, y si deja elegir a las organizaciones entonces se le culpa de no haber hecho nada...

Sobre esta no intervención de Morales ante las llamadas de atención sobre sus candidatos, Zegada afirma que hubo “una suerte de maneras inadecuadas” de elección de candidaturas no solo en La Paz, sino en todo el país, producto de una ausencia de liderazgos en el ámbito territorial.

“Eso muestra un déficit de construcción de liderazgos intermedios; en un partido que está más de diez años en el poder, esa debía haber sido una de sus tareas. En otros lugares han tenido que recurrir a líderes prestados que antes eran de la oposición y también les ha ido mal en esto”.

Este razonamiento se relaciona con un aspecto con el que Argirakis explica la derrota del MAS en La Paz: la práctica de un pragmatismo vinculado a la selección de candidatos por la vía de los entornos.

PRAGMATISMO. Un componente —señala— fue una suerte de pragmatismo que desde la campaña nacional busca generar “lo que el Vicepresidente llamó la irradiación territorial de hegemonía para la consolidación de ésta en el ámbito nacional”. En ese afán, hay una tendencia al pragmatismo que generó la mala selección de algunos candidatos en la elección nacional con un “efecto redoblado” en la selección de candidatos medios en el ámbito subnacional.

“Ese pragmatismo consiste en la selección de candidatos de entornos de los asambleístas y concejales salientes”. Pero también se relaciona con la alianza del MAS con estructuras conservadoras (como son los casos de su pacto con la Juventud Cruceñista y sectores empresariales cruceños), complementa Argirakis. Todos estos elementos llevan irrevocablemente a un mismo lugar: la falta de institucionalización del MAS, o sea los problemas de democracia interna que notaba Komadina.

El panorama que describe Zegada a este respecto no está fuera de lugar: el MAS ha tenido el problema de una pugna interna entre los liderazgos orgánicos de sus organizaciones y la imposición de los niveles jerárquicos sobre quién puede ser un mejor candidato. Eso ha provocado serias rupturas que distorsionan la visión de quiénes son los mejores. “Parece que el caso de Felipa pudo ser así. El Presidente le dio todo su respaldo en la campaña creyendo que los votantes iban a hacer una asociación automática con él”. (Con Patana también hizo el mismo acompañamiento, yendo a actos, marchas e incluso la famosa amenaza de no trabajar con los opositores en caso de que éstos ganen la elección, que Komadina y Argirakis desestiman como factor de afectación electoral negativa para el MAS). El punto central, entonces, es el de la institucionalización.

“Es un momento de transición para el MAS. Debe construir institucionalización y organicidad en el proceso de reclutamiento y proyección de liderazgos”, dice Argirakis, quien además aconseja no desperdiciar liderazgos que perdieron, enviándolos a alguna embajada.

Hay muchas tareas internas, afirma, se ve que el ciclo insurreccional se ha cerrado y se ha pasado a la estabilidad. Por ello, “la lógica de la organización política tiene que tener otro tratamiento. Ahora debe haber un giro, un golpe de timón, que tenga que ver sobre todo con el alejamiento de todos los que insistan en el pragmatismo. Esta decisión política debe tomarse ahora, si siguen en el pragmatismo... esto que ha pasado es pequeño”. Entonces, la autocrítica será de rigor. La explicación de estas pérdidas, que altas autoridades del

MAS han dado son comprensibles políticamente. Pero no se la puede admitir sino con el matiz de que se ha perdido espacios sensibles; sin embargo, creerse ese matiz podría llevarlos a un peor escenario, como dice Argirakis: “Esto que ha pasado es pequeño”.

Para Zegada, la lección es que los resultados de La Paz muestran la “madurez ciudadana”, que se refleja en el país como “sostén de la democracia”. “Por eso, el MAS debe pensar muy bien, no puede deslindar responsabilidades diciendo que han elegido candidatos malos. No. Evo Morales ha contaminado esta elección con su presencia, acompañando de esa manera tan directa a sus postulantes, queriendo vincular la gestión nacional con la regional”.

EXPLICACIONES. Sus explicaciones “son poco creíbles”, apunta. El MAS debe poner más atención a los problemas relacionados a las malas gestiones y a la corrupción, sigue Zegada. “Los errores de gestión y la corrupción deberían ser visiblemente sancionados. Así, la población recuperará su confianza en un proceso que esté más allá de los intereses personales y corporativos”.

En efecto, la transferencia de la culpa de la derrota de Felipa Huanca al machismo y racismo del electorado paceño, aparte de mostrar una verticalidad de Morales con los votantes, puede ser dudosa al considerarse la victoria de Soledad Chapetón, también de origen aymara y mujer...

Por último, Zegada coincide con Argirakis en el tema de la institucionalización: “Tiene diez años en gestión pública y más como partido, necesita dar un salto a una institucionalización partidaria si quiere trascender a su líder, ya que nadie está eternamente en el poder”.

Todo estos elementos apuntados por los analistas puede ayudar a entender por qué el MAS hace solo unos meses ganaba en La Paz las elecciones nacionales y hoy pierde en las subnacionales, aunque muy posiblemente hoy volvería a ganar nacionalmente. Una vez más, se repite que el MAS sigue siendo el único partido con presencia nacional —condición que en el momento está lejos de ser amenazada,— y si quiere seguir siéndolo en el largo plazo, la autocrítica será útil.

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