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Desarme espiritual, el tema que faltó discutir en la cumbre social

La gestión del conflicto es un asunto pendiente

Infografía conflictividad

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La Razón / Iván Bustillos Zamorano / La Paz

00:00 / 18 de diciembre de 2011

Para avanzar en el ambiente de diálogo nacional que ha instaurado el Gobierno, ¿acaso no es necesario también debatir y reflexionar acerca de la forma de gobernar que tiene el MAS? ¿El ‘estilo’ de gobernar, de tratar al amigo y al oponente por parte del Presidente y los dignatarios del Estado?

La cumbre social que tuvo lugar esta semana en Cochabamba también puede leerse como un “rearme programático” y un intento de “volver a cohesionar al ‘bloque social revolucionario’ en torno al Movimiento Al Socialismo (MAS)”, según el exministro de Gobierno, Alfredo Rada.

Una suerte de profundización del proceso que, sin embargo, por ahora adolece de una importante limitación: la falta de un principio de diálogo, de voluntad de concertación por parte del Presidente y de su gobierno, añade el diputado del Movimiento Sin Miedo (MSM) Fabián Yaksic.

¿Acaso éste haya sido el faltante ‘punto 11’ en la agenda de 10 temas que debatió la cumbre? ¿No cabía debatir o reflexionar también acerca de la forma de gobernar del MAS, de la manera en que entiende el diálogo y la concertación, del particular “estilo” del Primer Mandatario y, en últimas, de la forma en que “gestiona” o administra los conflictos?

Muchos de los puntos aprobados en la cumbre, si no todos, sin duda podrán aplicarse sólo si el MAS es capaz de, si vale, seducir a la parte de la sociedad que no está de acuerdo con él. Para esto, ¿no es necesario también cierto cambio de actitudes, empezando por el Presidente?

Conflictividad. Actitud o no, el problema de fondo de todo esto, para Rada, es lo que se puede llamar la “gestión del conflicto” (cómo alerta, encara y resuelve los conflictos el Gobierno). Para el exministro, la mayor o menor conflictividad tiene que ver muy poco con la manera de ser del Presidente.

El “liderazgo plebeyo” (como le llama Rada) que encarna el gobernante Morales, en últimas, tiene una “incidencia marginal” en la conflictividad, dice. El “estilo franco y directo” de Evo le viene de su tradición sindical, y es difícil pedirle que cambie ahora estando como Presidente, porque hoy sigue junto a esas organizaciones y en ese mismo trato.

Rada reconoce que de vez en cuando hay ciertos “excesos verbales” del Mandatario, que al ser ampliamente difundidos por los medios de comunicación, más son un fenómeno mediático que otra cosa.

En su criterio, en cambio, el ambiente de conflictividad que hoy debe enfrentar el Gobierno sobre todo es producto de su debilitamiento, especialmente en su relación con los movimientos y sectores sociales. En general, se puede decir —apunta— hoy el bloque social revolucionario (el gobierno del MAS y las organizaciones sociales) está débilmente cohesionado.

Si hay un incremento de la conflictividad, esto se da porque evidentemente hay “fisuras” en el bloque: varios sectores toman distancia del Gobierno y empiezan a priorizar sus demandas sectoriales. Algunas organizaciones han perdido la perspectiva general del proceso —dice— y han empezado a surgir, y como nunca antes, los particularismos, la lucha por los intereses locales o sectoriales.

Antes, sobre todo en el primer gobierno del MAS, los sectores sociales sacrificaban sus demandas propias en pos del proceso de cambio, en pos del “proyecto estratégico nacional de transformaciones”. Hoy, en cambio, la tendencia es hacia la demanda sectorial. De aquí que, para recuperar el liderazgo del Presidente, lo principal sea volver a tener esa base popular de respaldo.

Así, la importancia de la cumbre radica en que plantea otra vez lo estratégico nacional, una agenda de nuevas transformaciones estructurales, que cohesione al bloque social y fortalezca al Gobierno, y por esta vía disminuya la conflictividad. Esto precisamente es el rearme programático y la rearticulación del bloque social revolucionario.

Ahora, desde el punto de vista “técnico” u operativo, el buen manejo de los conflictos fue posible sólo cuando el MAS tenía presencia efectiva en los sectores sociales, pues esto de por sí era un “mecanismo de alerta temprana” que permitía ver con anticipación dónde se estaba gestando tal o cual conflicto, y cómo “intervenir” antes que estalle. Recuperar el respaldo popular también traería esto: el mayor “control” de la conflictividad allí donde esté germinando.

Estilo. Para el diputado Yaksic, en cambio, en el actual panorama de conflictividad mucho tiene que ver la actitud del Presidente y, en consecuencia, del MAS. Evo Morales no tiene desarrollada la cultura del diálogo, de la concertación como un principio para llevar adelante la gestión pública, afirma. Recurre al diálogo sólo cuando siente que esto puede ser útil para su imagen, para su popularidad. Por esto mismo, varios escenarios de deliberación han fracasado, la Asamblea Constituyente entre ellos, destaca.

Tampoco en el MAS hay un “sentido de la alianza” con otros movimientos políticos, insiste. “Lo hemos vivido nosotros durante tres años; lo que había era una instrumentación de la alianza cuando se la necesitaba; llamaba a Juan (del Granado) cuando hacía falta, pero normalmente ignoraba esa situación de alianza; más bien había un sentido de control”.

El problema es que el Presidente no separa las aguas institucionales de las políticas, señala Yaksic. Alguna vez Evo mismo dijo que preferiría que todos los gobernadores y alcaldes fueran del MAS para trabajar mejor con ellos. “Está convencido de que si un alcalde es de un partido y un gobernador de otro, (su relación) no funciona”. Desde este punto de vista, “hay un concepto equivocado de democracia; no hay un esfuerzo para respetar escenarios institucionales que estén conducidos por adversarios políticos”.

Y es que el MAS parte de un concepto equivocado de hegemonía, según el diputado: el control absoluto de todas las instituciones, “el falso concepto de que si no estás conmigo, estás en contra de mí; esto debe cambiar”. 

Por ejemplo, en la convocatoria a conformar un consejo político, tendría que haber señales de que existirá un cambio en la manera en que se relaciona con el otro, con el diferente, con el que piensa distinto o con el contrario absoluto.

“Ojalá cambie, porque la ciudadanía cada vez se cansará más de la confrontación; de la lógica amigo/enemigo; del hecho de que si no se trabaja con el MAS, empieza el sabotaje, la denostación, la persecución; se ha visto con los indígenas marchistas del TIPNIS”.

Es cierto que el actual Gobierno tuvo que pasar por duros “escenarios de confrontación” (las movilizaciones por la autonomía departamental en 2008), cuando sí había que responder con fuerza a la arremetida “conservadora”. “Ahí era muy útil polarizar”; en este marco hay que entender el referéndum revocatorio, como respuesta desafiante. El revocatorio, que acaso haya sido el mayor de los errores de la derecha, porque fue este plebiscito el que luego dio pie al triunfo electoral del MAS, con el 64% de los votos en la elecciones de diciembre de 2009. Pero hoy, cuando no hay mayor enemigo al frente, insistir en estos “escenarios de polarización” ya no es lo adecuado, sentencia Yaksic.

Un consejo político y otro económico

Al inaugurar la cumbre social de Cochabamba, el presidente Evo Morales convocó a formar un consejo político junto a los partidos con representación parlamentaria. El ministro de la Presidencia, Carlos Romero, añadió que junto a ese ente también se convocará al consejo económico productivo, “que vendrían a ser unas entidades colegiadas y deliberativas generadoras de conceptos, que podrían coadyuvar a la tarea de las estructuras del Gobierno nacional”.

La autoridad, sin embargo, reconoció que ésta es aún una idea genérica, la cual podrá materializarse precisamente en el debate que viene hasta el 22 de enero.

“Todavía no tenemos precisión acerca de cómo podría ser su estructura, porque es un planteamiento genérico, y precisamente la idea es que en el debate se trate de agilizar esta propuesta”. Al respecto, el diputado Fabián Yaksic apunta a que si de consejos se trata, lo primero que habría que hacer es hacer funcionar lo que actualmente ya dispone las leyes.

Específicamente, el asambleísta se refiere al Consejo Autonómico y a los Consejos Sectoriales establecidos en la Ley Marco de Autonomías y Descentralización, “escenarios de deliberación que a la fecha todavía no fueron convocados”. De este modo, si se plantea futuros consejos políticos y económicos “ojalá no sean otro ejercicio frustrado”, insiste el diputado opositor. 

Por lo demás, el parlamentario añade que en el plano administrativo, la mejor manera de impulsar futuros consejos políticos y económicos es restituir el rol preponderante que debe tener el Ministerio de Planificación del Desarrollo. “El ministerio que finalmente decide las políticas es el de Economía y Finanzas Públicas, no el de Planificación; sería bueno restablecer su importancia, para con base en esto generar este consejo que plantea el Presidente”, apunta Fabián Yaksic.

Mandar obedeciendo, su mecanismo

Para el exministro de Gobierno Alfredo Rada, si alguna repartición gubernamental que tenía en sus manos operativizar la consigna zapatista del “mandar obedeciendo”, ésta no era otra que el Viceministerio de Coordinación con los Movimientos Sociales, del cual Rada fue el primer responsable; hoy está a cargo de César Navarro.

El viceministerio fue creado en 2006, al inicio del primer gobierno del MAS. El nombre completo de este peculiar viceministerio (dependiente del Ministerio de la Presidencia), y que nunca antes existió, destaca Rada, es “Viceministerio de Coordinación con los Movimientos Sociales y Sociedad Civil”, haciendo énfasis en el “y Sociedad Civil”.

Esto marca una completa visión de la relación que el gobierno del MAS pretende con los sectores sociales, alega el exministro. “No se hablaba sólo de coordinación con los movimientos sociales que respalden al Gobierno, sino también con la sociedad civil toda, incluso, o sobre todo, contraria al partido de gobierno. Allí “hay demandas legítimas que también hay que atender”, destaca.

Por lo menos en los tiempos más duros para el MAS, 2008, cuando ocurría la arremetida por las autonomías, dicha búsqueda de coordinación incluso incluía a los sectores radicalizados del departamento de Santa Cruz y aquéllos que conformaban la denominada “media luna”.

“No es culpa nuestra que luego haya habido una radicalización de los comités cívicos por parte de la llamada media luna”. Así, el lema zapatista del mandar obedeciendo precisamente consistía en esto, afirma la exautoridad. “La coordinación con los movimientos sociales y (en especial) la sociedad civil”.

El MAS también es ‘víctima’ de su empoderamiento

En los últimos dos años (2010-2011), la cantidad de conflictos por año prácticamente se ha disparado, según el seguimiento que hace de la conflictividad en el país la Fundación UNIR Bolivia.

En efecto, si entre 2006 y 2009, primer gobierno del MAS, el promedio anual de conflictos era de 295, sólo en 2010 esta cifra trepó a 783, para alcanzar, sólo entre enero y octubre, a los 1.241 conflictos en el año 2011.

En el análisis de la conflictividad, señala el director de UNIR, Antonio Aramayo, lo primero que se debe ver es el cambio de la correlación de fuerzas de los distintos actores políticos, en cada período.

En el primer gobierno de Evo Morales, el tema era la oposición regional, con tomas de oficinas y acciones violentas, de sectores que no sólo querían una reforma administrativa, sino que básicamente pretendían imponer una “hegemonía de poder”, tomar el poder mismo, así sea sólo en las regiones.

Desde los hechos luctuosos de Pando, la muerte de campesinos e indígenas en el municipio de El Porvenir, empezó la debacle de la oposición y el fortalecimiento del MAS, apunta Aramayo.

En el segundo gobierno del MAS, en cambio, cuando ya no había enemigo al frente, esta vez empezaron las pugnas entre las propias fuerzas integrantes del Gobierno, entre los propios sectores sociales adherentes al MAS.

Pugna al interior del bloque gubernamental que se expresó en las crisis de Caranavi, del TIPNIS, el enfrentamiento entre mineros y cooperativistas, entre campesinos y mineros, entre otras tensiones.

Hegemonía. A lo largo de su historia, el MAS ha pasado de la identidad reivindicativa (con que nació) a la de proyecto y de aquí a la identidad hegemónica, apunta Aramayo; y en este proceso, varios sectores se han ido quedando fuera.

En el tratamiento “técnico” de los conflictos, señala el especialista, se echa de menos un tratamiento integral de los problemas, como en el caso del conflicto de límites entre Oruro y Potosí: allí no se indagan o cuestionan que el lío de límites apenas es un aspecto del problema; que éste tiene innumerables aristas, acaso más importantes, y que encarando esto se puede superar lo de los límites: la falta de presencia del Estado, la ausencia de desarrollo y la pobreza en ambos lados de la frontera, la no existencia de proyectos mancomunados, entre otros aspectos. Hoy, todos se centran en lo que separa y se repara muy poco en lo que une a las comunidades de Coroma y Quillacas.

En cuanto a si la cumbre social puede ser una manera de encarar la conflictividad, Aramayo señala que las políticas que puedan salir de allí facilitarán la gestión del Gobierno. Un hecho es de apuntar si se busca diálogo, para que sea productivo sobre todo debe ser con aquellos que no comulgan con uno. El debate entre los afines a una misma línea política, a lo más es planificación, no diálogo.

Ahora, en la convocatoria a la cumbre, no hay que perder de vista que la apertura al diálogo no corresponde sólo al Gobierno, sino también a la oposición.

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