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Descentralización centralista de Costas

Costas ha tenido la suerte de administrar una gobernación con recursos (gracias a la nacionalización), el buen tino de moderar la lengua y acción, y el oportunismo de acudir a un discurso regional y al imaginario del cruceñismo para mantenerse en el poder, en el que se encuentra sin sucesor visible, pero también es cierto, sin rival a la vista.

La Razón (Edición Impresa) / Reymi Ferreira Justiniano es ministro de Defensa

21:37 / 08 de febrero de 2016

En los 10 años que lidera el departamento de Santa Cruz (antes Prefectura, ahora Gobernación) Rubén Costas tiene algunos aciertos y, por supuesto, desaciertos; pero principalmente inconsecuencias y contradicciones discursivas.

Asumida la autonomía departamental como una forma de luchar contra la nueva hegemonía indígena popular que había tomado el Estado central en 2005, y que se había anunciado en 2003 con los sucesos de octubre, la élite neoliberal pensó trasladar a los departamentos partes de las competencias que le permitiera seguir manejando el poder perdido en el Gobierno nacional. Frente a la ausencia de un discurso creíble desde el modelo neoliberal, las fuerzas conservadoras optaron por el discurso facilista y demagógico del “interés regional”, el mismo que en dicho ideario se plasmaba en las autonomías departamentales.

Ha pasado una década desde las feroces embestidas regionalistas que llegaron a constituir la “media luna” con base en las estructuras políticas y económicas de la región oriental del país (Pando, Beni, Santa Cruz y Tarija), y el único liderazgo que ha permanecido incólume ha sido el de Costas, el mismo que de un discurso antediluviano y racista (llamó de “macaco menor” al presidente Evo Morales) ha suavizado su accionar y su lengua, moderación pragmática a la que fue obligado por fuerza de las circunstancias, más que por convicción.

En los 10 años de gestión, no ha podido legalizar los estatutos autonómicos, y a la fecha existen otros departamentos que han adecuado a la Constitución su norma autonómica básica, mientras que el departamento que inició la lucha por las autonomías funciona aún bajo el amparo de la Ley de Descentralización y Autonomías “Andrés Ibáñez”, a falta de una legislación propia. 

El Gobernador  —ahora crítico de la reelección— no vaciló en ignorar en dos oportunidades el Estatuto Autonómico Departamental aprobado en 2008, que claramente especificaba la no reelección del gobernador, y pese a que juró defender dicho Estatuto, se lo hizo a un lado en 2010 y 2015, en una absoluta manifestación de inconsecuencia.

Otra gran contradicción del gobernador Costas es que, pese a declararse partidario de la descentralización y la autonomía en relación con el nivel central del Estado, dentro del departamento ha mantenido una estructura centralista, con base en subgobernadores designados a dedo, y administrando los recursos (incluso los que corresponden a las provincias) desde la capital, dirigiendo la inversión pública en función a designios tecnocráticos desde el nuevo centralismo capitalino.

En la ciudad capital ha sucedido lo propio, como se puede observar el abandono en que se encuentran distritos populares como el Plan Tres Mil o la zona sur de la ciudad.

Las autonomías significan participación social, y en la forma de conducción del gobernador Costas, la participación real y efectiva no existe, sino como formalidad. Se decide, planifica y ejecuta de arriba hacia abajo, de forma vertical y con escasa o nula participación social.

La gestión en general es típica de un modelo centralizado, tecnocrático. Se debe admitir la construcción de caminos, la instalación de agua y el desarrollo de la infraestructura de energía eléctrica, obras que en muchos casos han sido concurrentes con municipios y el propio Gobierno nacional.

Se debe indicar que gran parte de las obras hechas por la Gobernación han sido posibles debido al extraordinario incremento que ha tenido el departamento gracias a la nacionalización llevada a cabo por el presidente Evo Morales, que permitió, solo como ejemplo, que el departamento de Santa Cruz (Gobernación, municipios, universidad pública) pasara de recibir Bs 1.150 millones en 2005, a la cifra de Bs 5.122 millones en 2015; es decir, cinco veces más en menos de una década. Paradójicamente, este enorme beneficio para el departamento, fruto de la nacionalización, tuvo en Costas a uno de los más firmes opositores de dicha medida, como presidente del Comité Cívico cruceño.

La gestión de Costas se caracteriza por el rentismo, debido a que no ha generado proyectos productivos, empresas departamentales que generen recursos a mediano o largo plazo, optando por una gestión caracterizada por la comodidad al limitarse a recibir recursos destinados desde el Tesoro General y sin iniciativa para incrementar sus ingresos sobre la base de medidas administrativas, financieras y económicas. En los próximos meses, cuando debido a la baja de los precios de los hidrocarburos, y cuando los ingresos caigan, se podrá apreciar esta situación con mayor claridad.

Parte de la fuerza regional que mantiene Costas es, principalmente, porque aglutina a los sectores opositores al Gobierno nacional, a las corrientes de opinión racista y regionalista, que, pese a la ineficiente gestión, comulgan con su líder por afinidad ideológica y política reaccionaria.

En el ámbito nacional, un discurso troglodita y pobre como el del gobernador le cierra las posibilidades para una proyección nacional. Este hecho lo obligó a desistir en 2014 a una candidatura nacional, pese ha haber sido proclamado a presidente, y es muy probable que lo mismo ocurra en 2019, hecho que lleva a especular que su futuro desafío será el ser candidato a alcalde, espacio local en el que tendría posibilidades mayores.

En resumen, se podría decir que los 10 años de gestión de Costas en la Gobernación cruceña es la historia del proceso de apaciguamiento de la furia del “león”, que él consideró se había despertado en 2005, para luego convertirse en administrador manso de un espacio de poder que, en gran medida, reproduce a escala departamental el centralismo que él criticaba del poder nacional. Ha tenido la suerte de administrar una gobernación con recursos (gracias a la nacionalización), el buen tino de moderar la lengua y acción, y el oportunismo de acudir a un discurso regional y al imaginario del cruceñismo para mantenerse en el poder, en el que se encuentra sin sucesor visible, pero también es cierto, sin rival a la vista.

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