Animal Político

Despejando mitos en torno al Tratado de 1904

Análisis de la historia desde la visión chilena

Guerra del Pacífico.

Guerra del Pacífico.

La Razón / Cristian Garay

00:02 / 08 de abril de 2012

Historiadores ligados a instituciones del Gobierno boliviano, como asimismo algunos académicos de este país, han manifestado en varias oportunidades, que el Tratado de Paz y Amistad de 1904 fue firmado bajo la coacción y la amenaza militar de Chile. Dicha aseveración, fuera de ser poco rigurosa, carece de fundamentos sólidos y verificables, y suele efectuarse sin haber acudido a fuentes o documentación del periodo que les otorgue el debido respaldo metodológico e historiográfico.

Los hechos históricos, como los factores que conllevan a dichos acontecimientos, suelen ser bastante  complejos de lo que a simple vista parecen y, por lo general, responden a un conjunto de estímulos e intereses soterrados, válidos y vigentes en determinado momento. Las negociaciones que derivaron en la firma   y ratificación del Tratado de 1904 no son una excepción a ello.

Los intereses que estuvieron presentes en las negociaciones del Tratado de 1904 (más allá de los aspectos jurídicos), aún no han sido del todo develados y posiblemente nunca lo sean. Pero a ojos de un investigador acucioso, se podrían desentrañar muchos pasajes y verdades en torno a dicho acuerdo, que no dejarían de sorprender a todo aquel lector que esté dispuesto a indagar más allá de lo que meramente se reseña en los manuales escolares de historia.

A la espera de que surjan dichas investigaciones, podemos aportar brevemente algunos datos indiscutibles que nos pueden ayudar a despejar aspectos y pasajes concernientes a las negociaciones que derivaron en el Tratado de 1904. Entre los antecedentes citables estarían los siguientes:

a) El tiempo trascurrido para su firma: El Tratado de 1904 fue firmado 20 años después del cese de hostilidades entre Chile y Bolivia (y 23 años después del último combate con las fuerzas bolivianas). A lo largo de la historia ha sido una regla que el Estado vencedor imponga sus condiciones al Estado vencido en el momento de la postración total de este último, con el objetivo de que sus demandas sean aceptadas sin resistencia alguna. A nivel mundial existen numerosos ejemplos que confirman lo anterior. Sólo en el caso de Sudamérica podríamos citar los Tratados de Ancón de 1883 y de Petrópolis de 1903. El caso boliviano fue claramente una excepción a la regla.

b) Bolivia fue el país que presentó las bases para el Tratado: En abril de 1902 fue el ministro plenipotenciario de Bolivia en Londres, Félix Avelino Aramayo, quien, por instrucciones del presidente Pando, presentó las bases a Chile para llegar a un acuerdo de paz. Resumidamente, dichas bases señalaban que Bolivia estaba dispuesta a abandonar toda pretensión de un puerto en el Pacífico a cambio de concesiones comerciales y de la construcción, con financiamiento chileno, de ferrocarriles desde el Pacífico hacia el altiplano. Dichos puntos de acuerdo se mantuvieron inamovibles durante el siguiente proceso de negociación y constituyeron finalmente las bases del Tratado de 1904.

¿En cuántas ocasiones el derrotado ha presentado y conseguido imponer las bases de un Tratado de Paz al vencedor?

c) Las negociaciones se llevaron a cabo en La Paz: La gestión de Aramayo provocó la reanudación del diálogo bilateral, cuyas negociaciones se iniciaron en abril de 1902 y se extendieron hasta diciembre de 1903, fecha en la que se firmó un acta preliminar que sentó las bases del Tratado de 1904. Dichas negociaciones, que duraron más de año y medio, se llevaron a cabo casi exclusivamente en la ciudad de La Paz.¿Qué Estado que desea imponer sus términos aceptaría que las negociaciones se llevaran a cabo en un terreno favorable al Estado perdedor?

d) El interés del Gobierno boliviano de dotar al país de una red ferroviaria y facilidades de libre tránsito: A comienzos del siglo XX, al igual que    en la mayor parte de Latinoamérica, predominaban en Bolivia las ideas positivistas que ligaban el desarrollo de una nación con la construcción de líneas férreas. Muchas autoridades en dicha época estimaban que más importante que obtener un puerto en el Pacífico, era el alcanzar una gran conectividad con el interior (los llamados practicistas), y ello, sólo se podía lograr por medio de la construcción de ferrocarriles y el otorgamiento de libre tránsito de mercancías por parte de Chile. Quien resume este pensamiento fue el senador boliviano José Carrasco, que expresó en 1905:

“El fin que se ha propuesto el Tratado es implementar una red ferroviaria que consideramos urgente e indispensable a nuestro progreso y desarrollo. Implementada ella, la aspiración nacional está satisfecha y el espíritu del Tratado quedaría también realizado”. (José Carrasco, Bolivia y Chile. El Tratado de Paz de 20 de octubre de 1904, página 54).

e) La urgencia de Bolivia por alcanzar un acuerdo conveniente con Chile antes de que éste lo alcanzase con el Perú. En Bolivia existía conciencia  en la necesidad de la búsqueda de un acuerdo rápido y satisfactorio  con Chile (ferrocarriles y libre tránsito por Arica y Tarapacá), antes que se resolviera la “Cuestión de Tacna y Arica”. Si eventualmente las citadas provincias volvían a ser parte integrante del Perú, podría volverse al  estado de situación preguerra de 1879, durante el cual los impuestos   y aranceles peruanos asfixiaban al comercio boliviano.

f) La hegemonía del regionalismo por sobre el nacionalismo en Bolivia: El resultado de la Guerra Federal boliviana tuvo una incidencia directa en la reanudación de las negociaciones entre Bolivia y Chile. En dicho conflicto, La Paz se había impuesto política y militarmente a la ciudad de Sucre.

A partir de 1899 a los paceños y los empresarios vinculados con la minería del estaño sólo les faltaba imponerse económica y comercialmente a los políticos y empresarios sureños de La Plata, y ello, sólo se alcanzaría conectando La Paz con su principal salida natural al comercio internacional, es decir, Arica. Por ende, las bases que presentó Aramayo a Chile en 1902 implicaban la construcción de un ferrocarril que ligara a La Paz con el Pacífico, desplazando con ello a las ciudades de Oruro, Potosí y Sucre, cuyo puerto había sido Antofagasta. Para alcanzar tal objetivo, los paceños y los empresarios del estaño no escatimaron ofrecer el antiguo departamento Litoral a cambio de vías férreas que les otorgaran la indiscutida hegemonía comercial en Bolivia. Al respecto podemos citar al historiador boliviano José Luis Roca: “La República no tenía oídos para los argumentos nacionalistas… los mineros del estaño, quienes formaron aquello que apropiadamente se llamó ‘superestado’ o ‘rosca’ tenían ideas muy distintas sobre el desarrollo de Bolivia, y se lanzaron con ímpetu a construir ferrocarriles hacia la costa del Pacífico, no sin antes haber cedido a Chile ‘a perpetuidad’ todo el Litoral boliviano” (José Luis Roca, Fisonomía del regionalismo boliviano, página 135).

g) El Tratado permitía a los liberales bolivianos la consolidación y seguridad fronteriza del país: A comienzos del siglo XX se impuso en el programa político del Partido Liberal boliviano, la idea de que era preciso realizar ciertos sacrificios territoriales con los vecinos (Argentina, Perú, Brasil y Chile), con el objetivo de alcanzar seguridad y un derecho territorial capaz de ser conservado y defendido en toda su extensión. Según el senador José Carrasco, “nada ha sido más perjudicial para Bolivia, que aplazar indefinidamente la solución de las cuestiones de límites. Cuanto más tiempo ha pasado, las dificultades han crecido cual montañas inabordables, y los resultados han sido nefastos”. ( José Carrasco, Bolivia y Chile. El Tratado de Paz de 20 de octubre de 1904, página 99).

h) Los principales responsables bolivianos del Tratado fueron posteriormente reconocidos y electos a los más altos cargos de la nación: Los principales protagonistas bolivianos en las negociaciones que derivaron en el Tratado de 1904, luego fueron elegidos para ocupar la máxima magistratura del país. Eliodoro Villazón, quien fue el canciller y responsable de la firma del Tratado, fue designado democráticamente Presidente de la República el año 1909, ejerciendo el cargo hasta el término constitucional de su mandato en 1913. Asimismo, Ismael Montes, quien encabezó las citadas negociaciones en su calidad de Presidente de la República en 1904, fue democráticamente reelecto para el periodo en 1913-1917. ¿Qué pueblo suele premiar a quienes supuestamente suscriben un tratado desastroso que compromete el de-sarrollo y la soberanía del país? Al respecto, basta recordar, a manera de comparación, la suerte que les tocó correr a los dignatarios alemanes que firmaron el Tratado de Versalles.

i) No hubo operaciones militares fronterizas chilenas de amedrentamiento: A diferencia de 1884, cuando se firmó el Pacto de Tregua entre Bolivia y Chile, en 1903 y 1904 no hubo ejercicios o acciones de amedrentamiento del Ejército chileno en áreas cercanas al territorio boliviano. No  se realizó acción alguna que pudiese implicar presiones indebidas por parte de Chile a las decisiones que el Gobierno boliviano tomase en torno a las negociaciones que derivarían en el Tratado de 1904.

Conclusión: Por los hechos reseñados y expuestos brevemente, no es difícil llegar a la conclusión de que el Tratado de 1904 fue un texto negociado y consensuado entre los gobernantes de Chile y Bolivia, con la participación de los políticos más sobresalientes de su época, el cual en muchos aspectos fue funcional y favorable a determinados intereses bolivianos. Dicha negociación fue voluntaria e informada a la opinión pública de ambos países, y lo principal, estuvo libre de cualquier tipo de coacción política o militar por parte del Estado chileno.

El Tratado de 1904 debe ser visto de acuerdo con la óptica de los intereses y pensamientos de las autoridades de principios del siglo XX, y en dicho contexto debe ser analizado, desglosado y criticado. En una época en la que era políticamente correcto decir que “la victoria otorgaba derechos”, el Tratado de 1904 no fue ni remotamente un instrumento al servicio de dicho axioma.

Cita a un investigador boliviano

Según el historiador, que resume el espíritu y la negociación en torno al Tratado de 1904, es el boliviano Agustín Echalar, quien en abril de 2001, en la revista académica Nueva Crónica, expresó lo siguiente: “En una época en que los vencedores imponían todas las condiciones y los perdedores pagaban todos los perjuicios y daños, logramos un acuerdo que visto con ojos no bolivianos (y no necesariamente chilenos), no fue nada malo.

Las deudas de guerra, incluyendo la indemnización a los ciudadanos chilenos, fueron condonadas, se recibió una determinada suma, 300 mil libras esterlinas, se garantizó el libre tránsito y el vencedor se comprometió a construir un ferrocarril para beneficios del perdedor. Si comparamos la Paz de Versalles de 1919 y lo que le tocó pagar a Alemania perdedora, hasta podríamos ver en el Tratado de 1904 un documento moderado y ecuánime. Con el Tratado de Paz y Amistad de 1904 nuestros gobernantes de entonces renunciaron permanentemente a una ‘soberanía’ del Litoral que una vez había sido boliviano, pero ganaron un libre tránsito, ante todo para el uso del puerto que nunca fue boliviano (Arica), pero que siempre fue el puerto natural de estas tierras”.

*El título y la entrada corresponden a Animal Político.

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