Animal Político

Dilemas filosóficos del periodismo boliviano

Es la dimensión de la verdad en relación al hecho y otra diferente en relación al discurso, donde se presentan los mayores problemas. El periodismo trabaja sobre “hechos” y ellos existen más allá de la participación del periodista.

La Razón (Edición Impresa) / Gabriel Romano

00:00 / 25 de junio de 2017

Cómo debe ser el periodismo o qué debe hacer para que sea creíble. Éstas son las preguntas frecuentes dentro y fuera de las fronteras de la asignatura. La manera “adecuada” que algunos tienen de concebirlo se opone a la idea “adecuada” de los otros. Se contraponen visiones de corrientes y estilos de informar. Emerge un hecho polémico de impacto masivo y de inmediato aparece aquello que Paul Ricoeur llamaría el “conflicto de las interpretaciones”.

Unos dicen tener la verdad mientras que otros aseguran que está en otro lado. De inmediato, surgen voces que aseguran que hay “muchas verdades” como para complacer a todos y el periodismo se ve metido en un lodazal. Para terminar de perder la brújula los que están en pugna política niegan la objetividad, dicen que los intereses —empresariales o subjetivos—  condicionan la forma de transmitir la información. Ante ello no faltan quienes defienden la idea de un periodismo políticamente orientado y militante. Cuando esto último se da en el debate epistemológico, el periodismo se degrada.

Estas disputas que aparecen en la coyuntura actual (pero no son necesariamente coyunturales) evocan la necesidad de la reflexión filosófica pues tocan el fondo del asunto. Cuando el caos abruma y se pierde el sentido del oficio el juicio de la razón aparece con la intención de recobrar el horizonte, de encontrar la esencia, de hallar certeza. Por ello, propongo abordar algunos dilemas que hacen a la situación del periodismo abordados desde el ámbito filosófico:

Dilema sujeto-objeto. La objetividad en el periodismo parece ser cuestión imposible (yo digo que no lo es). Algunos la niegan rotundamente en un afán simplista de resolver la cuestión. El periodismo trabaja sobre “hechos” y ellos existen más allá de la participación del periodista, los hechos suceden, por tanto tienen contexto específico (tiempo y espacio). Negar la relación objetiva del periodismo con los hechos sería caer en dos prejuicios: el primero, asumir que ni el periodismo ni ninguna rama del conocimiento humano (el derecho, la sociología, la física, etc.) tendría la capacidad de hablar sobre hechos, pues estarían expuestas a la deformación constante. El segundo: negar el acceso del periodista a la realidad del hecho, ya que de no existir la objetividad la tarea periodística no sería más que un ejercicio de tergiversación y deformación permanente, cosa que no es lógica ni aceptable. Este vínculo del sujeto con el hecho noticioso es, en sí mismo, ontológico y luego fenomenológico, ambos posibles y sujetos a lo filosófico.

Dilema periodismo-poder. Después de reconocer que existe un momento ontológico y luego una relación fenomenológica se abre la cuestión de cómo se conoce el hecho informativo. El periodista aquel que llega a lo sucedido, por lo general no es protagonista del hecho. Saber qué sucedió es un paso estrictamente gnoseológico. El conocimiento del hecho se hace mediante las fuentes informativas (formales y no formales, de primera o segunda mano), las que cuentan, explican e interpretan lo acontecido. Es en este plano donde entran en juego las subjetividades, los intereses y el conflicto interpretativo. Acá, el ejercicio periodístico se caldea, se da algo contrario a lo que pasa con hecho en sí que es frío de-suyo. El poder es parte determinante este momento. El poder (macro o micro aludiendo a Foucault, es decir, no necesariamente estatal) puede ser facilitador del acceso al hecho noticioso, pero también puede ser un obstáculo y un dispositivo para ocultarlo. La relación del periodista con el poder ha de ser asimilada siempre que no impida el acceso gnoseológico honesto hacia hecho noticioso. Cuando ello no sucede el objeto del periodismo se pierde y junto a él la ética misma.

Dilema periodismo-verdad. La cuestión de la verdad es el elemento central del conocimiento del hecho informativo. Lo noticioso está relacionado al hecho y el hecho debe existir para ser “noticiable”, al existir es verdadero. Poner en duda la verdad fáctica o hablar de muchas verdades para sustituirla no suele ser un elemento sostenible. ¿Cuál podría ser la “verdad” de un feminicida o la de un violador de un menor? Pese a esto una es la dimensión de la verdad en relación al hecho y otra diferente en relación al discurso, donde se presentan los mayores problemas. Para aclarar lo último, recurro a una definición aplicable al periodismo que aparece en la introducción de unas de las obras de Karl-Otto Apel: la verdad debe ser referencial (que lo que se diga remita a algo), coherente (que tenga estructura lógica), intersubjetiva (que pueda ser contrastada) y mostrarse por sí misma (capacidad de develación). Por tanto, la verdad tiene condición de realidad.

Dilema periodismo-método. El secreto de la calidad del periodismo está relacionado a la forma en la que se aplican las reglas de acceso a la información. Si bien no podemos hablar de un método único, sí es factible hacer referencia a una serie de procedimientos formales que deben tener como elemento regulador a lo ético. El proceder ético del periodista (forma) influye directamente sobre la información (contenido), es decir, la hace legítima, y la diferencia de aquella que en algunos casos aparece como “apadrinada”. El sentido ético evitará que el periodista utilice truculentamente la metodología para favorecer a alguien o influenciar sobre alguien, esto es aplicar una sistematización concreta con unas fuentes y de omitirla intencionalmente con otras. Partamos de algo: que no se puede hacer periodismo sin las reglas mínimas o elementales de manejo informativo y sin que éstas pasen por el filtro ético.

¿Periodismo tibio o caliente? A primera vista podría entenderse como una cuestión meramente formal. La tibieza o no de un periodista puede responder a una cuestión enteramente psicológica, si de ello se tratara no valdría siquiera nombrarlo. Me refiero a la actitud intelectual del sujeto ante su objeto de conocimiento.

Considero que vivimos tiempos de tibieza con algunos destellos de irascibilidad en el periodismo boliviano, ante ello ninguno de los dos extremos constituye una virtud si hablamos en términos aristotélicos. Ante este dilema es preciso recuperar la actitud intelectiva del científico que se compenetra con el fenómeno que estudia, aquel al que “desmenuza”, que analiza, al que revisa y vuelve a revisar, sobre el que machaca insistentemente con la finalidad única de descubrir el hecho noticioso. Ante la necesidad de acceder al núcleo ontológico no hay tibieza que valga.

Los cinco dilemas plantean un problema de fondo: la posibilidad de la objetividad periodística. Considero un error fundamental negarla desde intereses externos o de los campos que influyen en el periodismo. Permítaseme plantear una metodología contraria que “vuelva a las cosas mismas” como pensaba la escuela fenomenológica. El problema de la objetividad periodística es más profunda y no basta con un análisis sociológico, ético o político de la cuestión, se trata de indagar esencias que solo la aplicación de un método filosófico puede resolver. Para ello, los componentes periodísticos que desglosan la noticia y los hechos deben abrirse al análisis metódico de la ontología, la fenomenología trascendental, la teoría de la realidad, la gnoseología y la hermenéutica; ramas que pueden aportar y apuntalar las bases periodísticas que la coyuntura quiere poner en duda.

  • Gabriel Romano es periodista y filósofo

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