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Disculpe, presidente Evo Morales

Usted, señor Presidente, fue víctima de una agresión incluso más humillante, pero no se le escapará el hecho de que, en su caso, Europa no actuó espontáneamente. Lo hizo al mando de Estados Unidos y, al hacerlo, se sometió a la ilegalidad internacional impuesta por el imperialismo.

Una imagen de Evo Morales en el avión presidencial.

Una imagen de Evo Morales en el avión presidencial. Rubén Atahuichi-Archivo.

La Razón / Boaventura de Sousa Santos

00:03 / 14 de julio de 2013

Esperé una semana que el Gobierno de mi país (Portugal) pidiese formalmente disculpas por el acto de piratería aérea y de terrorismo de Estado que cometió     —juntamente con España, Francia e Italia— al no autorizar la escala técnica de su avión en vuelo de regreso a Bolivia luego de una reunión en Moscú, ofendiendo   la dignidad y la soberanía de su país y poniendo en riesgo su propia vida. No esperaba que lo hiciese, pues conozco y sufro el colapso diario de la legalidad nacional e internacional en curso en mi país y en los países vecinos, la mediocridad moral y política de las élites que nos gobiernan, y el refugio precario de la dignidad y de la esperanza en las conciencias, en las calles y en las plazas, luego de haber sido expulsadas hace mucho de las instituciones.

El Gobierno de Portugal no pidió disculpas. Las pido yo, ciudadano común, avergonzado por pertenecer a un país y a un continente que es capaz de cometer esta afrenta y de hacerlo de modo impune, ya que ninguna instancia internacional se atreve a enfrentar a los autores y a los mandantes de este crimen internacional. Mi pedido de disculpas no tiene ningún valor diplomático, pero tiene quizás un valor todavía mayor en la medida en que, lejos de ser un acto individual, es la expresión de un sentimiento colectivo, mucho más vasto de lo que puede imaginar, por parte de ciudadanos indignados que todos los días acumulan más razones para no sentirse representados por sus representantes. El crimen cometido contra usted fue una más de esas razones. Nos alegramos con su regreso seguro a casa y vibramos con la calurosa acogida que le dio su pueblo al aterrizar en El Alto. Crea, señor Presidente, que a muchos kilómetros de distancia muchos de nosotros estábamos allá, embebidos en el aire mágico de los Andes.

Usted, señor Presidente, sabe mejor que cualquiera de nosotros que se trató de un acto más de arrogancia colonial en la continuidad  de una larga y dolorosa historia de opresión, violencia y supremacía racial. Para Europa, un presidente indio es siempre más indio que presidente, y por eso es de esperar que transporte droga o terroristas en su avión presidencial.

Una sospecha de un blanco contra un indio es mil veces más creíble que la sospecha de un indio contra un blanco. Acuérdese bien que los europeos, en la persona del papa Paulo III, sólo reconocieron que la gente de su pueblo tenía alma humana en 1537 (bula Sublimis Deus), y consiguieron ser tan ignominiosos en los términos en que rechazaron ese reconocimiento durante décadas como en los términos en los que finalmente lo aceptaron. Fueron necesarios 469 años para que, en su persona, fuese electo presidente un indígena en un país de mayoría indígena.

Pero sé que también está atento a las diferencias en las continuidades. ¿La humillación de que fue víctima fue un acto de arrogancia colonial o de servilismo colonial? Acordémonos de otro “incidente” reciente entre gobernantes europeos y latinoamericanos. El 10 de noviembre de 2007, durante la XVII Cumbre Iberoamericana realizada en Chile, el Rey de España, disgustado por lo que oía del presidente Hugo Chávez, se dirigió a él intempestivamente y le mandó a callar. La frase “por qué no te callas” quedará en la historia de las relaciones internacionales como un símbolo cruelmente revelador de las cuentas por saldar entre las potencias excolonizadoras y sus excolonias. De hecho, no se imagina a un jefe de Estado europeo dirigiéndose en esos términos públicamente a  su análogo europeo, cualesquiera que fuesen las razones.

Usted, señor Presidente, fue víctima de una agresión incluso más humillante, pero no se le escapará el hecho de que, en su caso, Europa no actuó espontáneamente. Lo hizo al mando de Estados Unidos y, al hacerlo, se sometió a la ilegalidad internacional impuesta por el imperialismo norteamericano, tal como, años antes, lo hiciera al autorizar el sobrevuelo de su espacio aéreo para vuelos clandestinos de la CIA transportando sospechosos camino a Guantánamo, en clara violación del derecho internacional.

Señales de los tiempos, señor Presidente: la arrogancia colonial europea ya no puede ser ejercida sin servilismo colonial. Este continente está quedando demasiado pequeño para poder ser grande sin subirse a los hombros de otro. Nada de esto absuelve a las élites europeas. Solamente profundiza la distancia entre ellas y tantos europeos, como yo, que ven en Bolivia un país amigo y respetan la dignidad de su pueblo y la legitimidad de sus autoridades democráticas.

Coímbra, Portugal, 10 de julio de 2013

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