Animal Político

Divergencias prebendales versus estructurales

Algunas disidencias no son sino búsqueda de espacios de poder, otras cambian estructuras. Asimismo, se observa que el debate político excede a los partidos y se vuelca a las calles o aparece en otros espacios como las organizaciones sociales, los sindicatos, las agrupaciones ciudadanas o los pueblos indígenas.

La Razón / Ricardo Aguilar agramont / La Paz

00:04 / 23 de junio de 2013

La disidencia no es siempre la misma. De hecho, tras una revisión hemerográfica se llega a la conclusión de que al disidente siempre se lo acusó de tener intereses prebendales o electoralistas, o de querer cambiarse de partido por alguna elección próxima. Es lo que hoy el Movimiento Al Socialismo (MAS) dice del grupo denominado “librepensantes”, en el que resalta la diputada Rebeca Delgado, como siempre se dijo de figuras contrarias en la misma fuerza política.

Así, sin afirmar que determinada controversia interna tenga este carácter prebendal, hay otras que cambian las estructuras de un gobierno o de un partido.

La analista Helena Argirakis pretende abarcar aún más esto al señalar que se deben distinguir tres niveles: uno que tiene que ver con las rupturas a título personal por causas ideológicas o personales (por ejemplo Raúl Prada, del MAS); las disidencias en el Gobierno (como la de Jaime Paz Zamora al abandonar Unidad Democrática y Popular, UDP) y aquéllas respecto del modelo que dan lugar a “fracturas de la gobernabilidad” e incluso del Estado (por ejemplo, las de 2000 al 2002 que destruyeron la democracia pactada, “cuando hubo un desbande generalizado”).

Estas disidencias no sólo ocasionaron una fractura en la gobernabilidad, sino también en el modelo de Estado. Luego generó una sucesión de varios gobiernos en menos de un año que dio paso al clima de crisis de los movimientos sociales que llevó a la Asamblea Constituyente y posteriormente al ascenso del MAS, partido que hoy experimenta la disidencia de manera pública con un grupo de asambleístas, entre ellos Delgado, Carmen Tellería, Samuel Pamuri y Manuel Limachi.

Se acusa a los protagonistas de estas divergencias de buscar candidaturas con los partidos de oposición para las elecciones de 2014. No obstante, el periodista Remberto Cárdenas califica a éstos de ser “muy comedidos”. “Mencionan a una cúpula que engaña al presidente Evo Morales y no cuestionan su liderazgo, haciendo énfasis en una necesidad de reconducción del proceso de cambio”.

Más crítica todavía es Argirakis, quien ubica al grupo dentro del primer tipo de contravención que proponía, es decir, la prebendal. “Se plantean globos de ensayo frente a las elecciones”, dice.

Érika Brockmann, en cambio, cuestiona la actitud contradictoria del oficialismo respecto de las voces críticas cuando dice que ahora se “sataniza el desacuerdo mientras se exalta el pluralismo”. Añade que el conflicto en el MAS no es de carácter ideológico, sino de principios constitucionales.

Siguiendo con el tema de las disidencias vistas en general, el exdiputado por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) Hugo San Martín también ensaya una taxonomía al respecto. “Unas son las disidencias que se producen con la intención de formar parte de un gobierno (oportunistas) y otras las que se reproducen dejando un gobierno por diferencias ideológicas (principistas)”. Éstas tienen que ver con la ruptura con líneas “férreas” dentro de partidos “que hablan mucho de democracia pero no la practican en absoluto”.

A pesar de esto, ¿realmente es importante el debate interno en los partidos políticos cuando éstos han perdido desde hace tiempo el monopolio de hacer política y son las organizaciones sociales las que toman la iniciativa?

Argirakis contesta a esta pregunta haciendo primero referencia a las disidencias de la coalición gobernante que dejaron solo a Gonzalo Sánchez de Lozada en 2003, a las cuales llama “pragmáticas”, pues la verdadera disidencia “estaba en las calles”. Las rupturas de políticos eran de personas que trataban de “pescar en río revuelto”.

Esto es lo que ella considera central en los nuevos escenarios políticos, es decir, las organizaciones sociales y ya no los partidos políticos como el lugar supuestamente “natural” donde se debería llevar a cabo el debate político.

Así, concluye que la democracia se expande “vía disidencias partidarias o no”. Por “reconocimiento” a los movimientos sociales, Argirakis no quiere que se monopolice la forma de expansión democrática sólo atribuyéndosela a la de los partidos. “Las verdaderas disidencias siempre han estado en las calles, las partidarias siempre fueron acomodaticias (sic)”, afirma.

Actualmente, los partidos ya no tienen el monopolio, las organizaciones ciudadanas, los pueblos indígenas, etc., también participan, dice. “Poco a poco la función del partido se minimizará a sólo las etapas electorales”, arriesga.

Brockmann señala al respecto que el sistema político aún está en reconfiguración. Los partidos “ya no son los únicos actores y las organizaciones sociales cobran importancia; no obstante, también hay que preguntarse ¿qué grado de tolerancia tienen éstas?”.

En cambio, para San Martín, lo ideal sería tener partidos políticos “fuertes” y su fortaleza se gana al “ser consecuentes” con lo que expresan como postulados. “Lo primero es la democracia interna y, por tanto, el debate dentro de los partidos”, contradice a Argirakis.

Cuenta que el MNR trató de practicar esa cultura, sin embargo se acabó, porque todas las decisiones del partido “recaían sobre una pequeña rosca. Eso es lo que pasa en la totalidad de los partidos. Hoy no hay un solo partido que no sea caudillista, lo que va a hacer que las disidencias se multipliquen”.

Como recomendación final se puede tomar la que hace Brockmann, quien cree que no se debe “demonizar el debate” y se debe hacer público su contenido de fondo evitando el espectáculo en los medios.

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