Animal Político

Docente socialista

Jaime Vilela fue uno de los impulsores del frustrado Partido de los Trabajadores (PT), organización política que intentó ser creada desde la Central Obrera Boliviana (COB).

Jaime Vilela

Jaime Vilela Foto: Pedro Laguna

La Razón (Edición Impresa) / Álvaro Montenegro es periodista de La Razón

00:00 / 08 de marzo de 2015

Si algo me hizo gente, creo que fue el marxismo”. Desde la secundaria, el actual docente universitario Jaime Vilela estuvo en contacto con las ideas de Marx. Fue en esos años cuando conoció a un grupo de trotskistas relacionados con Filemón Escóbar.  Más tarde, en su época universitaria como estudiante de Economía en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), fundó junto con otros jóvenes la Organización Socialista de los Trabajadores (OST), agrupación ligada al trotskista argentino Hugo Bressano, mejor conocido como Nahuel Moreno. Este sería solo el inicio de su participación en la política.

Hoy Vilela tiene dos hijos. El mayor se dedicó a estudiar arte y el menor sigue viviendo con él. Aparte de sus dos grandes pasiones, el marxismo y la política, al catedrático le gusta jugar ráquet y baloncesto cuando no está dando clases de Economía Política y Procesos Históricos en las carreras de Comunicación Social y Trabajo Social de la UMSA. No obstante, sigue involucrado en la política. Hace 15 años que encabeza el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST), agrupación que tuvo como dirigentes, cuenta, a Amalia Pando y Pablo Solón.

En la década de los 80, junto al movimiento obrero, Vilela participó del derrocamiento del dictador Luis García Meza. Posteriormente, afirma, vivió las consecuencias del Decreto 21060 y su famosa “relocalización”; fue uno de los 1.200 trabajadores del Banco Central que quedaron sin fuente laboral. “Fue una masacre blanca; dos de mis colegas se suicidaron”, recuerda. Desempleado, se fue a Oruro con el objetivo de apoyar a los trabajadores de los distritos de Colquiri, Siglo XX y San José. En 2003, nuevamente, participando en el movimiento obrero, ayudó al derribamiento de Gonzalo Sánchez de Lozada. La consigna de ese momento era: “Fuera Goni, todo a la COB”. Sin embargo, a pesar de haber participado en dos momentos históricos en que la posibilidad de los trabajadores de tomar el poder era cercana, “ambas posibles revoluciones fueron derrotadas por falta de dirección política y de fuerza organizativa”, sostiene el entrevistado.

En 2013, Vilela participó en un nuevo intento de la Central Obrera Boliviana (COB) de tener su propio partido y así participar en las elecciones nacionales de 2014. Pese a tener ya listo el Documento Político y la Declaración de Principios del nuevo Partido de los Trabajadores y ante esperanzadoras posibilidades (el PT tendría un 8% de apoyo según una encuesta de la red Erbol), el oficialismo (Movimiento Al Socialismo) obstaculizó la consolidación del proyecto. “Conocían el precio de cada dirigente”, señala Vilela.

Ante la actual coyuntura política nacional, este militante de izquierda no es muy optimista. “En el periodo (que va) de 2009 a 2015 el (régimen del) MAS pasó a ser un gobierno de la burguesía, pero con una imagen de un líder indígena perseguido por el neoliberalismo”.

Para Vilela, los bonos y el doble aguinaldo “son pequeñas migajas que caen del Estado y la oligarquía”. El denominado proceso de cambio también es cuestionado por el docente universitario: “Bolivia en el contexto internacional era una hormiga famélica. Ahora somos una hormiga menos famélica”.

Perfil

Nombre: Jaime Vilela

Nació: 17-02-1958

Profesión: Economista, docente universitario

Vida

Tiene dos hijos y es divorciado. Es catedrático en las carreras de Comunicación y Trabajo Social. Está inmerso en la difusión de las ideas de su partido, el Movimiento Socialista de los Trabajadores, mediante la web y la publicación mensual de Chasqui Socialista.

¿Evo Morales chantajista y no democrático? Un apunte

Discurso del presidente Evo Morales en Beni, a fines del mes pasado: “¿Cómo yo puedo trabajar con la ciudad de El Alto con la gente de la derecha? Yo no voy a trabajar (con la derecha), hermanos. Si quieren más obras, ahí está Édgar Patana; si quieren más obras, ahí está Felipa Huanca. Hagan una reflexión, depende de ustedes”, fueron las palabras que el sábado 28 de febrero lanzó el presidente Evo Morales sobre sus militantes. Algo así como que “si quieren obras, sí o sí tienen que votar por el MAS” (Movimiento Al Socialismo).

“Chantajista” y “antidemocrático” le llamaron al presidente Morales los de la oposición, pero el Gobierno nacional ni se inmutó.

Al contrario, el vicepresidente Álvaro García Linera llamó flojas a las autoridades de oposición que son alcaldes o gobernadores. “No quieren trabajar, cómo vamos a trabajar con autoridades que no quieren trabajar”, se quejó días después de las declaraciones de Morales, cuyas repercusiones se amplificaron en los diarios.

Similares palabras, en otro contexto y otro tiempo, fueron dichas por el embajador de Estados Unidos en Bolivia, Manuel Rocha, poco antes de las elecciones presidenciales de 2002, que llevaron a Morales a conseguir el segundo lugar; luego la historia es conocida.

Pero en este caso, lo más previsible es que las advertencias de Morales, en vez de beneficiar a sus candidatos, resulten todo lo contrario y beneficien a sus contrincantes; se convertirán en un bumerán. Solo el tiempo lo dirá.

Entender el mundo de la política es complicado. La reacción del mandatario Morales al parecer ha sido efecto de las encuestas divulgadas por Ipsos y Equipos Mori. En la primera, el exalcalde Luis Revilla (Sol.bo) alcanza el 54%, mientras que Guillermo Mendoza, del MAS, un 32%. El mismo sondeo establece que Soledad Chapetón,de UN, tiene 36% de apoyo en El Alto, frente al 26% de Édgar Patana, del MAS. La segunda le da a Revilla el 56% de los votos y el 31% a Mendoza.

En El Alto los resultados benefician a Chapetón, con el 35%, sobre el 28% de Patana.

¿Hormonal o planificada habrá sido la reacción de Morales? Lo cierto es que observa con pinzas, a mi modo de ver, cómo las plazas más importantes para el MAS, como La Paz y El Alto, quedan en manos opositoras.

Paulo Cuiza

es periodista de La Razón

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