Animal Político

Doctor google miente

Deberían sancionar a los motores de búsqueda y sitios web que alienten o alojen información médica falsa.

La Razón (Edición Impresa) / Haider Warraich es médico y escritor, Estados Unidos (*)

13:00 / 02 de enero de 2019

Comenzó durante una clase de yoga. Sintió un jalón extraño en el cuello, una sensación desconocida para ella. Su amiga sugirió que fuera a urgencias de inmediato. Resultó que estaba teniendo un ataque cardiaco. La paciente no encajaba en el estereotipo de una persona con probabilidades de padecer un ataque cardiaco. Hacía ejercicio, no fumaba y cuidaba su alimentación; sin embargo, al revisar su historial médico, vi que sus niveles de colesterol estaban elevadísimos. Le habían recetado estatinas para reducir el colesterol, pero nunca siguió su receta debido a las cosas terribles que había leído en internet acerca de estos medicamentos. Fue víctima de un padecimiento que está convirtiéndose a toda velocidad en una pandemia de la era moderna: las noticias médicas falsas.

Aunque la desinformación ha sido objeto de gran atención en el ámbito político, la desinformación médica podría provocar bajas aún más numerosas. Como sucede con las noticias falsas en general, las mentiras médicas suelen tener mayor alcance en internet que las verdaderas, y tienen repercusiones bastante reales.

Muchos estudios demostraron que los beneficios de las estatinas superan ampliamente los riesgos. No obstante, estos fármacos se han vuelto el blanco de un grupo discrepante en línea que incluye fanáticos paranoicos, gente que vende terapias alternativas y aquellos que solo buscan obtener clics. Una cantidad incalculable de sitios web y publicaciones en redes sociales exageran los riesgos que en realidad son poco frecuentes y fomentan aseveraciones infundadas, desde afirmar que las estatinas provocan cáncer hasta sugerir que un nivel bajo de colesterol es dañino para la salud. 

¿Qué otro objetivo tienen en la mira las noticias falsas? Como siempre, las vacunas. La semana pasada, Mark Green, un médico de Tennessee, recién electo para el Congreso, repitió la falsedad ampliamente desmentida de que las vacunas pueden provocar autismo (después dijo que sus comentarios habían sido “malinterpretados”).

Las falsas preocupaciones de que la vacuna contra el virus del papiloma humano provoca convulsiones y otros efectos secundarios redujo los índices de cobertura en Japón del 70% a menos del 1% en años recientes. Quienes aplican la vacuna contra la polio en Pakistán son atacados con frecuencia por militantes, pues creen que la vacuna tiene el objetivo de esterilizar a la población local.

El cáncer es otro gran objetivo de quienes fomentan la desinformación médica; muchos de ellos ganan dinero con terapias alternativas. En un artículo falso se lee lo siguiente: “Aunque mucha gente cree que los tumores cancerosos son malos, en realidad es la forma en la que el cuerpo busca detener las células dañinas”. Esta noticia sugiere que una intervención quirúrgica “implica el riesgo de propagar las células dañinas”, y advierte que “los medicamentos recetados provocan un aumento de la acidez en el cuerpo, lo cual incrementa las mutaciones celulares incontrolables”. 

Los médicos y enfermeras con frecuencia tratan de desalentar a los pacientes de buscar respuestas en internet. Aun así, los pacientes siguen consultando Google sobre sus síntomas y medicamentos porque en internet no hay necesidad de hacer citas ni de esperar mucho tiempo, no hay prisa, la red no emite juicios, no requiere un deducible cuantioso y a menudo provee información que parece fácil de comprender.

Silicon Valley debe hacerse cargo de este problema. No soy abogado especializado en la libertad de expresión, pero cuando la salud de las personas está en riesgo, quizá debería responsabilizarse a los motores de búsqueda, las plataformas de redes sociales y los sitios de internet por promover o alojar información falsa.

La comunidad científica debe hacer lo que le corresponde en cuanto a educar al público respecto de los conceptos clave en las investigaciones, como la diferencia entre estudios observacionales y estudios aleatorios de calidad más alta.

Por último, los periodistas pueden hacer un mejor trabajo al difundir información veraz. Hay más probabilidades de que los sitios de noticias cubran estudios observacionales llamativos que estudios aleatorios controlados, quizá porque es menos probable que estos últimos generen resultados sorprendentes. Ese tipo de cobertura puede exagerar los beneficios al asegurar, por ejemplo, que las estatinas pueden curar el cáncer o contribuir a que los hombres tengan erecciones; también puede exagerar el énfasis en los riesgos potenciales, como sugerir una correlación engañosa con la demencia. (Aunque una pequeña cantidad de personas parece tener episodios de fallos de memoria temporales después de tomar estatinas, ningún estudio aleatorio controlado ha comprobado una asociación entre el medicamento y las fallas cognitivas y ciertamente tampoco entre este y la demencia). 

Para tener la mínima oportunidad de ganar la guerra de la información, los médicos e investigadores debemos entretejer nuestras historias con hechos científicos. Esta es la única manera de zanjar la brecha que se ha abierto entre la medicina y las masas, y que ahora es explotada por los comerciantes de la desinformación médica.

(*) Artículo tomado de The New York Times.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6 7
8 9 10 11 12 13 14
15 16 17 18 19 20 21
22 23 24 25 26 27 28
29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia