Animal Político

Dudas de la oposición ante el Estado Plurinacional

Una mirada al campo político de la oposición da cuenta de que el mismo es un archipiélago de tendencias, lo que, sumado a intereses de sus liderazgos personales y grupales, alienta un horizonte ideológico difuso y sin cohesión.

La Razón (Edición Impresa) / Yuri F. Tórrez

00:03 / 23 de febrero de 2014

El tiempo pasa inexorable y este axioma se constituye en una espada de Damocles para las oposiciones en Bolivia, por la proximidad de las elecciones presidenciales y parlamentarias previstas para octubre. Esto precipita y reactualiza sus propios dilemas políticos e ideológicos para revertir, en el corto plazo, la hegemonía del Movimiento Al Socialismo (MAS), partido que, por lo demás, tiene en el campo electoral su ‘verificación cuantificable del poder’ (como diría René Zavaleta Mercado).

Ahora bien, una mirada al campo político de la oposición da cuenta de que el mismo es un archipiélago de tendencias políticas e ideológicas, lo que, sumado a los intereses de sus liderazgos personales y grupales que alientan sus distintas corrientes, perfilan un escenario abigarrado para las posibilidades de cohesión que permita unidad para enfrentar al MAS.

En rigor, esta complejidad explica que no hay un horizonte ideológico que permita su cohesión. Muchos dirán que en el terreno concreto de las alianzas políticas, lo ideológico queda subordinado; aunque en la realidad sociopolítica de hoy cambiaron muchas cosas en el imaginario social boliviano.

Efectivamente, uno de los cambios cognitivos que ha signado la política boliviana en los últimos años está concentrado en un horizonte innegable, marcado por la predominancia de un modelo estatal: el Estado Plurinacional. En este contexto, hoy este horizonte es un derrotero irreversible. Aquí radica otro meollo de la oposición más “conservadora” como de aquélla surgida del mismo “proceso de cambio”.

En el primer caso, se oponían a rajatabla a este modelo estatal, argumentando que el mismo iba a cercenar al país. Esgrimieron el discurso de la autonomía como una posibilidad discursiva y, por lo tanto, política para frenar el proyecto estatal de la plurinacionalidad. Aquí apareció la capacidad hegemónica del MAS de articular el Estado Plurinacional al proyecto autonómico de las élites orientales.

En este contexto, Fernando Mayorga dice: “Después de la aprobación de la CPE, los cuestionamientos opositores se pertrecharon en la antinomia: República/Estado Plurinacional”. Hoy, ya nadie pone en duda esta cualidad estatal, como asevera Mayorga: “Porque lo plurinacional tiene que ver con el protagonismo indígena y éste llegó para quedarse”. Este dato no es menor, ya que rompe con esa estructura mental colonial de algunos opositores, que inclusive hasta hoy vieron con recelo esta impronta indígena en el poder.

El principal dilema de la oposición “conservadora” no está en su incapacidad de lograr alianzas para estructurar una candidatura única para lidiar con el liderazgo de Evo Morales. Esa disputa interna se reduce a saber qué candidato tendrá “mayor aceptación”, posiblemente acudiendo a una encuesta, como ellos mismos anticiparon. Su mayor problema es a nivel discursivo; vale decir, su incapacidad de trazar un horizonte ideológico suficientemente interpelador para cuestionar el propio sentido de la plurinacionalidad —senda que inclusive algunos analistas próximos a ellos ven como algo improbable—. De allí emerge una interrogante clave: ¿cómo insertarse en el universo discursivo de la plurinacionalidad? Es un reto que implica una “misión imposible” a sabiendas que muchos de ellos, en su momento, criticaron al proyecto estatal que emergía de las mismas entrañas de las organizaciones indígena-campesinas.

Ciertamente, hasta el momento se percibe que no tienen un proyecto estatal alternativo a la plurinacionalidad, ya que en sus manifestaciones discursivas no se halla todavía una “fórmula” para encontrar un resquicio en el proyecto estatal en curso y permitirse “hacerse de un campito” (como dice Mayorga). En este escenario, tanto el Frente Amplio como el Movimiento Demócrata Social (MDS) develaron la ausencia de una visión estratégica para encarar este dilema discursivo y allí les viene el síndrome de Jano (aquel Dios de la mitología romana que tenía dos caras mirando hacia ambos lados de su perfil).

Mientras tanto, en el caso de los “desertores” o “expulsados” del MAS también padecen sus propios dilemas muy parecidos al de Hamlet, ese personaje shakesperiano que se preguntaba: ¿Ser o no ser?

Por ejemplo, el Movimiento Sin Miedo (MSM) o aquellos exmilitantes del MAS que bajo ese ropaje de “librepensantes” hoy operan políticamente en el terreno de la oposición, aunque con el cuidado de no establecer alianzas con los conservadores, ya que saben que con ello embargarían su identidad “progresista” y declinarían la posibilidad de disputarle discursivamente al MAS el terreno de la “izquierda”.

No es casualidad que en 2013, el propio líder del MSM, Juan del Granado, descartó categóricamente en una carta pública cualquier alianza con el partido de Doria Medina argumentado que no será  parte de la  “debacle conservadora”. Del mismo modo sucede con los “librepensantes”, de los que su argumento discursivo estriba en que se debe “reconducir” el proceso de cambio, ya que el mismo estaría siendo extraviado ideológicamente por el MAS. El drama de los “librepensantes” es que lo único que les une es su “desencanto” y de allí sus esporádicas alianzas con determinados sectores sociales; empero, sin hacer mella a su expartido, ya que no trastoca la legitimidad alcanzada por el MAS en sus alianzas con sus “movimientos sociales”. Además, la hegemonía del MAS tiene un alcance territorial significativo.

Trazadas así la correlación de fuerzas y los dilemas de la oposición, tanto conservadora como aquella que viene de las mismas entrañas del MAS, algunos analistas prevén una segunda vuelta e inclusive la posibilidad de una derrota del MAS; empero, la realidad demuestra lo contrario. Por otra parte, el MAS, en los últimos tiempos, está rearticulando para sí a los sectores sindicales (caso COB) y de organizaciones indígena-campesinas que habían marcado una distancia anteriormente.

La nueva articulación con estos sectores sociales debilita mucho más las aspiraciones de las oposiciones, que por ahora tienen un propósito menos ambicioso que el de ganar al MAS, es decir que aspiran a que el partido de gobierno no tenga los dos tercios y así evitar que, constitucionalmente, logre reformar la Carta Magna posibilitando la reelección del actual Presidente.

Estas aspiraciones son pírricas. Las oposiciones inclusive tienen otro dilema, ya que Evo Morales, hoy es la condensación simbólica del Estado Plurinacional. Por lo tanto, de cara a las elecciones venideras, tienen un desafío descomunal para revertir una hegemonía que parece estar intacta. En esa dirección, la oposición, especialmente conservadora, utilizará el camino más fácil de acusar al gobierno de Evo Morales, como ocurrió en otras latitudes, de ser un “régimen autoritario”.

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