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Eduardo Chávez Ballón : El embajador que perdió el libreto y no se libró de pensar

La designación simbólica llegaba con buenos augurios, tomando en cuenta que la representación boliviana en otros países no siempre está en manos de diplomáticos de carrera.

La Razón / La Paz

00:01 / 02 de junio de 2013

La vida está llena de paradojas y si así no fuera sería aburrida. El Gobierno nombra embajadores y éstos, como buenos nolibrepensadores, acompañan con una armónica segunda voz al cantante, recitando un libreto elaborado meticulosamente en la esquina Ingavi y Junín.

Para evitar improvisaciones se realizó una reunión de todos los representantes diplomáticos bolivianos acreditados en el exterior y, casi de inmediato, visitó el país Sean Penn, dos veces ganador del Oscar al mejor actor.

El hombre de Hollywood fue nombrado embajador de buena voluntad para la causa marítima, para agilizar la extradición del expresidente Gonzalo Sánchez de Lozada, refugiado en Estados Unidos, y para defender la legalidad de la hoja de coca, como muestra del compromiso de la estrella con la justicia y los derechos humanos.

La designación simbólica llegaba con buenos augurios, tomando en cuenta que la representación boliviana en otros países no siempre está en manos de diplomáticos de carrera.

El nombramiento en el servicio exterior era por demás alentador porque Penn es un actor profesional, es capaz de repetir libretos y por ello fue reconocido por la Academia con dos estatuillas, algo así como el Cóndor de los Andes de la actuación. Esa cualidad conjugaba con el deseo de las autoridades de evitar librepensadores y más bien sumar intérpretes de un discurso acorde a las políticas del proceso de cambio.

Pero, como dice Maradona —otro amigo del proceso y del Presidente—, la tortuga se tomó la Milk. Pues Penn, como buen amigo de la justicia y de Jacob Ostreicher (el estadounidense acusado en Bolivia de legitimación ilegal de bienes), criticó a los tribunales nacionales para lograr la liberación de su compatriota. No se le hizo caso y como buen actor hollywoodense, acostumbrado a efectos especiales y conocedor de que lo que él dice en una película puede desencadenar la trama, decidió cruzar la delgada línea roja y pedir que el Dakar no pase por Bolivia mientras su amigo judío siga preso. Ese pedido habría sido atendido en el filme, pero en la realidad los organizadores del rally son ajenos al capricho del actor.

Así, Sean Penn dejó de ser confiable porque se salió de libreto y valoró más su pasaporte que el nombramiento simbólico.

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