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Efectos de las nuevas políticas de Estados Unidos

Los más vulnerables a la política económica estadounidense son aquellos cuyos principales ingresos descansan en la exportación de materias primas. Debemos mirar con preocupación cualquier acción que ese Estado lleve adelante, porque nos guste o no, aún continua influyendo en el resto del mundo.

La Razón (Edición Impresa) / Ramiro Paredes Zárate es economista

00:00 / 05 de marzo de 2017

Este año parece que en materia económica a escala mundial no habrá mayores cambios con referencia a la gestión pasada: los mercados continuarán volátiles, las relaciones internacionales serán más inciertas y existe una probable vuelta a la inflación. Ello se desprende de las acciones políticas que se dieron en 2016.

Entre los hechos más relevantes podemos citar la decisión de los ingleses de abandonar la Unión Europea y los resultados de las elecciones norteamericanas de noviembre.

En el primer caso, el proyecto de integración europea perdió fuerza, y en el segundo, la victoria del candidato republicano alienta un nacionalismo contrario a la globalización y el desdén por la integración, amén de otros prejuicios; posturas que desde la óptica de Trump buscan hacer de Estados Unidos “grande de nuevo”, imponiendo su propia agenda a nivel global, con el bilateralismo como medio para acercarse al resto del mundo, contrariando al actual modelo globalizador diseñado por esa potencia.

Esas manifestaciones políticas que se dieron influyeron en los mercados internacionales, aunque de manera diferente. Así en el de divisas, la libra esterlina (tercera en importancia) se depreció en 2016; por el contrario y luego de un periodo de inestabilidad y tras los resultados electorales en Estados Unidos y el incremento de la tasa de interés hasta 0,75% en diciembre pasado, el dólar se fortaleció, cotizando por encima de otras monedas.

Dicha apreciación se mantendría en 2017 por los factores de respaldo expresados en mayores expectativas de crecimiento económico, particularmente a partir de las propuestas de Trump, que se enfocan en el flujo de importantes inversiones en infraestructura; en mecanismos orientados al “incentivo fiscal” para el retorno de los capitales de las multinacionales gringas, en el alivio de la carga impositiva a los ingresos de las empresas y de las personas; en el aumento de aranceles sobre las importaciones chinas y de otras naciones; en el desconocimiento de los tratados de integración y en el sustento de una política comercial proteccionista.

Esas medidas generarían incrementos en el PIB de esa nación, pero a la vez traerían consigo inflación, indicador que daría pie a que la Reserva Federal extienda durante el año el ritmo de sus alzas en las tasas de interés.

Ahora bien: ¿a quién le viene bien ese comportamiento? y ¿a quién le perjudica?

BENEFICIOS. Observando el primer escenario, se benefician:

I) Los ahorros e inversiones en dólares; esto por la sencilla razón de que la subida de las tasas de interés incrementará la remuneración de los depósitos en esa moneda frente a otras. Su efecto no es inmediato, sino gradual, y atraerá a más capitales hacia Estados Unidos, especialmente si continúa esa práctica, ya que los inversores harán más rentable su dinero en ese territorio que, por ejemplo, en América Latina u otro continente, lo cual daría la vuelta a la tendencia pasada, en la que los flujos de capital salían de ese país, principalmente hacia las economías emergentes en busca de un mayor rendimiento. Consecuentemente, el resultado positivo es favorable para quienes mantienen ahorros e inversiones en billetes verdes.

II) Las importaciones de Estados Unidos y las exportaciones de otros países, puesto que, la inversión crecerá, dado que la retribución en esa divisa será mayor frente a las demás. Un dólar fuerte beneficia a los importadores estadounidenses, que podrán adquirir los mismos productos de otros países pagando menos.

En el otro lado de la transacción, se hallan los exportadores que habrán hecho de sus productos más atractivos y competitivos para que se compren en Estados Unidos. Esto favorecerá a las empresas que vendan o tengan negocios allí, ya que verán elevar sus ingresos cuando traduzcan esa moneda a su divisa de referencia.

III) El sector bancario, porque aumentará el margen de intereses (la diferencia entre lo que pagan por sus depósitos y lo que cobran por los préstamos que conceden) de los bancos que operan en dólares.

IV) Freno a las burbujas, debido a que toda política expansiva tiene el riesgo de generar burbujas financieras (aumento progresivo y exagerado del precio de un activo o de un bien, muy por encima de su valor de equilibrio). Ahora que la FED está normalizando esa política con crédito más caro y con un alto a la expansión monetaria, esto debería ayudar a evitar que se alimenten ese tipo de crisis.

PERJUICIOS. En el segundo escenario, ¿quiénes pierden?

I) Los endeudados en dólares, particularmente las economías emergentes (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, conocidos como BRICS, y México, Indonesia o Tailandia) y otros que se ajustan a esa figura, se verán claramente afectadas por la potencial valoración de esa divisa, encareciendo la devolución de sus deudas, tanto por amortización como por pago de intereses, en especial de los bonos emitidos en el mercado internacional.

II) La inversión en mercados emergentes, toda vez que los inversionistas van a encontrar ahora más rentable invertir en dólares, lo que daría lugar a que las economías en desarrollo pierdan depósitos en sus monedas, motivando una salida de capitales de sus respectivas naciones.

III) Los exportadores estadounidenses y los importadores de otros países, esto porque esa apreciación es nociva para la competitividad exterior de los productos norteamericanos; con un dólar más caro, los compradores extranjeros tendrán que pagar más dinero por la compra de esos bienes, lo que puede motivar a que acudan a proveedores asentados en otros territorios.

IV) Las importaciones, ya que un dólar fuerte tiene dos caras: si bien los países exportadores ganan, aquellos que tienen economías importadoras —vale decir, que para su funcionamiento dependen de la compra de materia prima y productos en el exterior— se verán seriamente golpeados, tendrán que pagar más por lo bienes requeridos, tanto para el consumo de las familias como de las empresas, lo cual se traducirá en un efecto inflacionario, al colocar esos productos en sus respectivos mercados nacionales. Entonces, mientras dure esa figura cambiaria, el precio de los bienes importados subirá, lo cual generará a la vez, una elevación de los costos de producción internos.

V) Los exportadores de materias primas, por la relación inversa que existe entre el dólar y los commodities, lo cual agrava las caídas de estos bienes, especialmente el petróleo, cuyo precio podrá reducirse a pesar de los recortes de la producción de la OPEP y Rusia principalmente, pero también esa corriente se lleva consigo a los metales. Es muy común que los recursos naturales renovables y no renovables sigan esa norma porque cuando el dólar se aprecia los precios caen; en cambio, si se debilita frente a una canasta importante de otras monedas, se levantan.

Hay muchas razones para esta actuación. Una es que cuando el valor del dólar se hunde, costará más comprar materias primas. Otra es que los productos se comercializan en todo el mundo con el billete verde.

Consecuentemente, los más vulnerables a la política económica estadounidense son aquellos cuyos principales ingresos descansan en la exportación de productos primarios. Por tal razón, debemos mirar con preocupación cualquier acción que ese Estado lleve adelante, porque nos guste o no, aún continua influyendo, directa e indirectamente, en el resto del mundo.

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