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Efectos del shock externo en la economía boliviana

En el libro ‘Bolivia. El shock externo: efectos y medidas anti shock’ se profundizan las opciones y posibles medidas que el país podría aplicar para atenuar los impactos del shock externo, preservar la estabilidad económica y continuar en la senda del crecimiento económico.

La Razón (Edición Impresa) / Gabriel Loza Tellería

00:02 / 11 de abril de 2016

Comparada con anteriores crisis que atravesó la economía boliviana en el siglo pasado, la caída de las exportaciones de 32,3% en 2015 fue similar al desplome de las exportaciones durante la crisis de los años 30 o de la Gran Depresión. La baja del precio promedio anual de exportación del gas (36,2%) fue mayor a la caída del precio del estaño durante el primer año de la crisis (31,1%), por lo que se estaría enfrentando el shock externo más adverso de la historia económica de Bolivia desde el siglo XX.

Este shock externo es más prolongado e intenso que la caída de precios en la  gran recesión global de 2009, la más severa desde 1929. La duración de la caída de los precios de exportación (IPPBX) de Bolivia fue de 11 meses, desde mayo de 2008 hasta abril de 2009, mientras que en la actual crisis, el descenso del precio de los minerales ya se prolonga por cuatro años y de la soya y combustibles, más de tres años. El colapso del petróleo en 2008-2009 fue del 70,8% en intensidad pero duró solo ocho meses, en cambio, actualmente el desplome es ya similar en magnitud, pero es mayor su duración con 21 meses de declinación y no se sabe aún si tocó piso.

Este shock en realidad es el fin del superciclo de los commodities, la otra fase distinta del boom, la de la caída o declinación; una etapa que si bien se inició con la desaceleración de la economía china en 2011, solo explica cerca de la mitad de la caída del precio de los metales y solo una parte del descenso de los precios del petróleo. Por lo tanto, el desplome posterior del petróleo fue debido, en primer lugar, a la disrupción y reconfiguración del mercado del petróleo y, en segundo lugar, a una conjunción de factores financieros como la apreciación de la divisa norteamericana o el llamado dólar fuerte, el anuncio y posterior subida de tasas de interés por parte del FED [Sistema de Reserva Federal, banco central de Estados Unidos, por sus siglas en inglés] y al elevado endeudamiento público y privado, especialmente de las economías emergentes.  

Lo curioso es que todavía la economía mundial no está en recesión, salvo algunos países como Brasil y Rusia, sino que está atravesando por una situación de desaceleración prolongada, caracterizada por la coexistencia del ciclo financiero con el ciclo económico y por una crisis del mercado petrolero. La caída de los commodities, la desaceleración de los emergentes, el crédito elevado y un dólar fuerte son manifestaciones de las fuerzas económicas y financieras globales. El Banco Mundial estima que un tercio de la desaceleración del crecimiento entre 2010 y 2014 ha sido contribuido por factores estructurales, lo que significa que hay indicadores que hacen ver que no se trata de un shock transitorio o temporal, sino de mayor alcance y duración.

El shock externo se inició, en una primera fase, con la caída del precio de la minería en 2012 y el suave descenso en los precios del petróleo y agrícolas en 2013, para acentuarse, en una segunda fase, con el colapso en 2015 de los precios del gas (36%) junto con los precios de metales y agrícolas (15,8%). Sus efectos se han transmitido principalmente por el canal de precios; mediante la caída de la cotización de las materias primas; por el canal financiero a través de la salida de los flujos de capital, lo que se explica por el aumento de las transferencias financieras al exterior a través del Banco Central; y, por el canal cambiario, mediante las fuertes devaluaciones competitivas de los socios comerciales de la región, en magnitudes no registradas ni durante la crisis financiera de 2008.

El impacto de un shock externo es más fuerte en una economía como la de Bolivia, pequeña y abierta con mayor grado de dependencia a las exportaciones de productos primarios (30% del PIB), donde su especialización corresponde a la clásica división internacional del trabajo; como exportadora de commodities o materias primas, un 93,3% de sus exportaciones, e importadora de manufacturas, un 77% del total de sus importaciones. Muestra una elevada dependencia de los ingresos fiscales provenientes del sector petrolero, correspondiendo a un tercio respecto a los ingresos del Gobierno central y 10,7% respecto al PIB.

La economía básica del shock externo señala que la caída de los términos de intercambio afecta el ingreso disponible nacional y de los agentes económicos; disminuye el ingreso de divisas y el ingreso fiscal asociado a los tributos de exportación, así como un menor ingreso de las empresas exportadoras privadas y, en el caso de Bolivia, de sus empresas estatales. Se transmite al resto de la economía a través de menores ingresos de los factores productivos ocupados en la actividad exportadora, que junto a la postergación de decisiones de consumo e inversión termina afectando a la demanda agregada y el nivel del producto.

Como consecuencia del shock externo, la economía boliviana en 2015 ha retornado al déficit mellizo del periodo pre boom de commodities de 2002. El impacto del shock en la balanza de pagos en cuenta corriente explicaría la mitad del déficit en cuenta corriente de 4 puntos porcentuales del PIB y el impacto de la caída de los ingresos tributarios de los hidrocarburos explica un poco más de la mitad del déficit fiscal de 6,6% del PIB.

El impacto del shock externo en términos del PIB en 2015 se reflejó en la caída de la demanda externa, en 2,6%, pero la demanda interna creció 5,1% y se espera un crecimiento de 4,8%, aunque se tenía presupuestado crecer 5,9%. Para el caso de los países exportadores de combustibles como Bolivia, hay estimaciones de que la debilidad en los precios de los commodities sustraiga 2,5% puntos porcentuales del crecimiento del producto en promedio para el periodo 2015-2017, comparado con el periodo 2012-2014.

Pese a enfrentar el shock externo más adverso de su historia, la economía boliviana presenta fortalezas que le han permitido ser resiliente a la crisis. Bolivia cumple cómodamente los niveles requeridos de reservas internacionales, presenta una deuda pública y externa sustentable y cuenta con un sistema financiero saludable presentando indicadores de baja vulnerabilidad. Sin embargo, su colchón externo disminuyó con una pérdida en 2015 de sus reservas internacionales por 1.900 millones de dólares, equivalente a 5,5% del PIB y su colchón fiscal, constituido por los depósitos del sector público en el Banco Central, disminuyó en 14,9%, equivalente a 3,5 puntos porcentuales del PIB.

En el libro Bolivia. El shock externo: efectos y medidas anti shock, que será presentado en Auditorium el jueves 14 de abril, se profundizan las opciones y posibles medidas que el país podría aplicar para atenuar los impactos del shock externo, preservar la estabilidad económica y continuar en la senda del crecimiento económico.

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