Animal Político

‘Ego Verde’, la versión andina del mito de Narciso

La Razón / Gonzalo Jordán Lora

00:00 / 01 de enero de 2011

En su libro Metamorfosis, el poeta romano Ovidio relata que cuando la ninfa Liríope le preguntó al sabio Tiresias si su hijo llegaría a ver los largos días de una vejez avanzada, éste le respondió que sí, pero sólo “si no llega a conocerse”. Durante años, el oráculo del agorero pareció vano; sin embargo, la suerte de Narciso ya estaba echada, y no tanto por la profecía sino por su soberbia, que llevó a uno de sus tantos admiradores despechados a clamar al cielo por su desgracia, con las siguientes palabras: “así ame él; ojalá no consiga al objeto de sus deseos”.

Dicho y hecho, una mañana, a la edad de 16 años, cuando el tierno y hermoso zagal se tumbó al borde de una fuente, fatigado por la caza y el calor, contempló su imagen y al instante quedó prendado. Sin darse cuenta que era él mismo a quien veía  en el agua, se enamoró de su reflejo, pasión inaudita e imposible de saciar que primero acabó con su cordura y finalmente, con su vida.

No cabe duda que Ovidio nunca se imaginó que, dos mil años después de ser escritos, éste y otros de sus mitos serían rescatados por un doctor austriaco para explicar el comportamiento humano. Y mucho menos que en un país completamente ajeno al mundo griego, otro hombre se enamoraría de su imagen con igual intensidad y pasión como Narciso. No obstante, a diferencia del hijo de la ninfa Liríope, este personaje boliviano hace ya muchos años que dejó atrás los tiernos 16; y con ellos, la ingenuidad propia de la adolescencia. Pero a cambio, ostenta un cargo departamental de jerarquía que le permite erogar recursos del Estado para dar rienda suelta a su pasión, ordenando la impresión de cientos de ejemplares de una revista especializada en catapultar su imagen hasta el infinito y más allá.

En la primera edición de esta revista, en tan sólo 28 páginas fueron 25 los retratos que salieron publicados, algunos enfocados en su rostro, otros, de cuerpo entero.

Cuando se pensaba que ya no había forma ni espacio para superar esa cifra histórica, la última entrega llegó con más de una sorpresa, al ofrecer de manera gratuita la posibilidad de observar al menos 40 de sus fotografías, y una oda, al final de la revista, en honor a su trayectoria. Huelga resaltar que esta extraña afición le obliga a manifestarse cortés con los reporteros, al menos con aquellos que monopolizan el empleo de las cámaras, a diferencia de su cuasi par cruceño, de apellido Fernández.

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