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El TIpnis bajo asedio

El autor replantea la preocupación por el parque, en el marco de un encuentro que se celebró la pasada semana en La Paz.

El TIpnis bajo asedio.

El TIpnis bajo asedio.

La Razón (Edición Impresa) / Gonzalo Colque

02:00 / 25 de octubre de 2017

El Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) está expuesto a crecientes presiones externas. Los efectos son tan devastadores que los indígenas en resistencia denunciaron el peligro de extinción al que estarían expuestos a nombre del desarrollo y progreso.

Una de las amenazas más inquietantes se asoma desde el Polígono 7. Esta zona, ubicada al sur del territorio indígena, está demarcada desde 2009 por una “línea roja”, comprende 123.000 hectáreas ocupadas por cerca de 60 comunidades de campesinos que, especialmente, se dedican a la producción de coca.

Al menos seis comunidades del TIPNIS quedaron enclaustradas en esta zona y otras seis fueron gradualmente reducidas y expulsadas. Como va la cosa, la tendencia es la asimilación y desaparición de estas comunidades indígenas asentadas en el Polígono 7.

Para la consulta de 2012 —previa, libre e informada, según la Ley 222— el Gobierno identificó a las seis comunidades indígenas (Limo de Isiboro, Secejsama, Villa San Juan de Dios, San Juan de Isiboro y Mercedes de Lojojota), pero que en la práctica ya están casi extinguidas como sujetos de derechos sobre el TIPNIS. Sobre lo que solían ser hábitats indígenas, hoy en día se sobreponen y consolidan sindicatos de campesinos: Puerto Patiño, Villa Bolívar, 10 de Agosto, Ismael Montes y Valle Alto, respectivamente. De forma similar, las comunidades indígenas Fátima de Moleto, San José de Angostura, San Antonio de Moleto, San Benito, Sanandita y San Miguelito han sido avasalladas por los sindicatos Moleto, Ichoa, Ismael Montes, Primavera, Puerto Liberación y Puerto Zudáñez. La única comunidad indígena que todavía no sucumbe es Santísima Trinidad. Estos cambios muestran que ahora predominan los campesinos cocaleros, quienes muchas veces se presentan como indígenas.

Los datos demográficos reconfirman lo dicho. En el periodo intercensal 2001-2012, la población indígena de Polígono 7 se redujo de 741 a 385 habitantes mientras que la campesina creció de 7.578 a 13.040 habitantes. Esto significa que la tasa anual de crecimiento poblacional de los colonos alcanza el 5,7%, un ritmo extraordinario en comparación con la media rural (0,5%) y la nacional (1,7%). Las proyecciones demográficas indican que la población de Polígono 7 se duplicará en menos de 11 años.

Otro factor de presión emerge desde el Gobierno nacional. Desde hace años, el gobierno del presidente Evo Morales intenta tomar control sobre Gundonovia, la puerta norte de entrada al TIPNIS. Es una intervención sin disimulos. Desde 2012 se dedicó a doblegar a los indígenas regalando motores fuera de borda, chatas o barcazas, alimentos, juguetes o material deportivo para jóvenes. Prometió viviendas, aulas educativas, coliseos deportivos, dotación de ganado vacuno y apoyo a la producción. La intención: una consulta favorable para la carretera.

Pero como Gundonovia se mantuvo firme, los brigadistas de la consulta optaron por instalar la reunión decisiva en una estancia colindante, llamada El Triunfo, y con presencia de unas cuantas personas atraídas con prebendas. Aunque no puede existir un extravío mayor que esta seudoconsulta, el informe fue contundente: “en consenso, los comunarios y comunarias en este cabildo decidieron levantar la Ley 180 de intangibilidad”. Y remataron los brigadistas: “los comunarios y comunarias de Gundonovia están de acuerdo con la construcción de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos”.

Recientemente, en agosto de 2017, el Gobierno se dedicó a apoyar uno de los dos encuentros paralelos de corregidores del TIPNIS. Mientras que los indígenas en resistencia —opositores en el lenguaje del MAS— organizaban su encuentro con medios propios en el Centro de Gestión. La otra dirigencia, digamos oficialista, celebró un encuentro en San Pablo que fue inaugurado por el presidente Evo Morales y con un respaldo que movilizó decenas de vehículos oficiales, barcazas militares, avionetas y helicópteros. Las resoluciones finales respaldaron firmemente la construcción de la carretera.

Por su lado, los indígenas bajo asedio firmaron sus propios votos resolutivos, denunciando que las naciones y pueblos indígenas del TIPNIS están en serio riesgo de extinción, biocidio y etnocidio con la Ley 969. Esperan que el pueblo les extienda la mano, pero el Gobierno dice que este asunto no concierne a todos los bolivianos. Y al parecer, la tibieza de muchos parece darles la razón.

Esta temática fue analizada en el Cuarto Foro Andino Amazónico que se realizó entre el 18 y 19 de octubre en la ciudad de La Paz.

  • Gonzalo Colque es director de la fundación Tierra

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