Animal Político

Bolsonaro y el voto por el macho alfa

¿Por qué el 46% de los brasileños votó por un nazi, misógino, homofóbico y racista?

La Razón (Edición Impresa) / Jaime Iturri Salmón / Periodista / La Paz

00:02 / 17 de octubre de 2018

Es difícil de asimilar. Casi la mitad de Brasil votó por un nazi, misógino, homofóbico y racista. Y ya sabemos que la culpa no es del chancho sino del que le da de comer. Y el 46% de los brasileños en edad de votar demostraron que alimentan a alguien que refiriéndose a una diputada de izquierda dijo: “Ella no merece ser violada porque es muy mala, muy fea, no es de mi gusto, jamás la violaría”.

Jair Bolsonaro lleva por segundo nombre nada menos que Messias y vaya que se creyó que su nombre es destino. Hace pocos días el general de ejército Hamilton Antônio Mourão, a la sazón candidato a vicepresidente de la ultraderecha, señaló que el futuro gobierno de Bolsonaro no tomará medidas duras. Inmediatamente Jair Messias saltó a aclarar que Mourão será general pero el que manda es él. Es un hombre violento que fue capitán del ejército y que ha hecho su carrera políticamente pronunciándose contra todas las minorías:

  • Ha señalado que no dará ni un centavo a los pueblos indígenas.
  • Se opone a la discriminación positiva para que estudiantes afrodescendientes tengan un mayor cupo en las universidades.
  • Desprecia a las mujeres y dijo que la quinta de sus vástagos es mujer porque fue un momento de debilidad suyo.
  • Declaró que prefiere que sus hijos mueran en un accidente de automovilismo antes de que sean homosexuales.

Y la lista es larguísima. Sumémosle que representa a un sector ultra conservador de los evangelistas que se oponen al matrimonio gay, al aborto, etc.

Pero volvamos a la pregunta central, ¿por qué una buena parte de la juventud y de las mujeres votaron masivamente por ese esperpento?

Una crisis de relato. El maestro Noah Harari señala que “en 1938 a los humanos se les ofrecían tres relatos globales entre los que elegir, en 1968 solo dos, en 1998 parecía que se imponía un solo relato; en 2018 hemos bajado a cero…” Terminada la Segunda Guerra Mundial desapareció del escenario el relato fascista derrotado por el liberalismo occidental y, sobre todo, por el comunismo (la URSS puso 21 millones de muertos y las guerrillas en Yugoslavia, Italia y Francia fueron predominantemente rojas). Pero en 1989 con la caída del Muro de Berlín caía también el socialismo real.

Los teóricos del Departamento de Estado de Estados Unidos proclamaron el fin de la historia y el liberalismo se impuso a nivel casi global. Hoy, este sistema también ha entrado en crisis. Incapaz de ofrecer bienestar, seguridad alimentaria, trabajo, envejecimiento digno y un largo etcétera; el liberalismo ha fracasado.

Esta crisis de relato es una crisis civilizatoria y es el marco del surgimiento de las derechas nacionalistas. Trump y Bolsonaro son dignos casos de ir al siquiatra. Desequilibrados y pendencieros, sin embargo, parecen ser la tabla de salvación de personas que están dispuestas a entregar libertades a cambio de la seguridad que brinda el macho Alfa.

La revancha del hombre blanco. Las últimas décadas trajeron grandes avances para las minorías en sus luchas de reconocimiento e igualdad de derechos. Los homosexuales pueden pasear sus banderas multicolores orgullosos de su día y de su derecho, los indígenas han ganado un reconocimiento que nunca tuvieron desde que fueron conquistados y las mujeres han logrado espacios muy grandes. Un ejemplo: la discriminación positiva ha permitido a grupos sociales poner en las mejores universidades a muchos de sus vástagos.

Y, sin embargo, todo esto ha generado una reacción entre los que pierden sus privilegios. Los blancos han visto su mundo temblar. Y ya se sabe que no todos quieren el cambio, que no todos quieren la igualdad, que no todos quieren la equidad. No todos quieren que triunfe lo políticamente correcto. Quizá porque sienten que la pita se ha jalado demasiado, que no es justo que su hijo no reciba una beca porque alguien con menores calificaciones pero representante de una minoría la haya obtenido. Quizá porque muchos hombres consideran que son demasiado vulnerables a cualquier acusación (cierta o no) en temas de acoso sexual. La lista es larga.

Así se explica el triunfo de Trump y, en parte, el de Bolsonaro. Pero ¿por qué las mujeres (sobre todo las jóvenes) votaron por un candidato que justifica la violación, la tortura y el asesinato?

El macho Alfa. Luiz Inácio Lula da Silva tenía la mayor predilección del voto hasta que no permitieron que se presentara. No pudo migrar este favoritismo a Fernando Haddad y parte de los que hubieran sufragado por él se fueron con Jair. Estremecedor, pero es que Bolsonaro promete fuerza y seguridad, lo que también daba Lula. El militar y el dirigente sindical son machos Alfa. El PT llevó a un profesor universitario, extraordinario ministro de educación e intelectual de lustre pero… macho Beta.

En el cielo de la prehistoria, nuestros tatarabuelos deben estarse matando de risa.

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