Animal Político

Elecciones, jornada para reflexionar sobre la calidad de la democracia

Día de elecciones, día del voto; pero también día de volver a pensar, de evaluar la calidad de la democracia  y el rol tanto de los partidos como de los ciudadanos en la misma. Para el caso, reflexionar cómo hace la descentralización a la democracia y viceversa.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos Zamorano

00:03 / 29 de marzo de 2015

Las elecciones subnacionales que tienen lugar hoy 29 también son un buen parámetro para repensar la calidad de la democracia que vive Bolivia y, por esta vía, analizar la responsabilidad que en esto tienen los partidos políticos y las agrupaciones ciudadanas que participan en los actuales comicios locales, concluyeron los tres panelistas que el jueves 26 estuvieron en Estamos a tiempo de elegir, propuesta televisiva producida en alianza de La Razón, el Instituto Prisma y Cadena A.

En efecto, la politóloga Moira Zuazo, la exsenadora Érika Brockmann y el investigador en temas electorales Ludwing Valverde, coincidieron en que si algo de peculiar tienen las elecciones departamentales y municipales es que muestran de modo más directo la madurez o inmadurez alcanzada por el sistema político en cuanto a cómo se encaran los problemas más urgentes del ciudadano.

Una vez que los niveles de gobiernos subnacionales, especialmente el municipal, son “el Estado más cercano” a la gente, el voto en estos comicios suele ser más exigente, concentrado en la gestión pública “tangible”, de los servicios; en el candidato más “técnico” que “político”; en el partido más un conjunto de gestores públicos que personas con simple militancia.

DESCENTRALIZACIÓN. La propuesta básica de reflexión fue la lanzada por Moira Zuazo, quien provocó a los panelistas planteando que la democracia hoy es descentralización, esto es, desconcentración del poder, y que tanto la clase política como la ciudadanía deberían asumir este hecho para el bien del sistema político y la gestión pública, para el caso, local.  Dicha desconcentración del poder evidentemente implica mayor ejercicio democrático en el sentido de “no consultar al nivel nacional, también tener un diálogo más directo y más tangible con las obras que hace el Estado con quienes nos consideramos ciudadanos”, añadió Brockmann.

Para Valverde, acaso la mayor ventaja de la democracia local y departamental con respecto a la nacional radique en el hecho de que la ciudadanía se siente más plena en ella, percibe que se incrementa la calidad de la democracia cuando accede a más servicios; por la cercanía del Estado, es en el espacio local, afirma, donde se “aterriza los derechos abstractos que están en la Constitución y las leyes”.

Con las elecciones subnacionales de 2015, se puede decir, recuerda Brockmann, se cumplen 30 años de democracia local, desde las primeras en el reciente periodo democrático, en 1985, cuando la elección municipal solo ocurrió en 26 ciudades del país.

Para Valverde, hoy ya existe “una conciencia ciudadana del poder local, que es la instancia del Estado que más certeza da”. Es cierto, el Estado central, y especialmente bajo el gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS), tiende a opacar lo hecho en alcaldías y gobernaciones. “Por eso, a algunas regiones les cuesta desprenderse de este tutelaje, esta sombra, del poder central, por su mayor cercanía al mismo; en otras regiones —complementa— se avanzó más en esto”.

La politóloga Zuazo, en cambio, insiste en que el verdadero problema de la democracia (lo que se está viendo en la actual elección) son las organizaciones políticas. Hay que “poner el dedo en la llaga”: “¿Cómo explicarnos que el MAS haya obtenido en octubre el 61%, y ahora vemos que ese apoyo muestra grandes resquebrajamientos? Es el sistema de partidos el que muestra sus debilidades”. Una vez que el MAS no entiende su baja y la oposición no logra su unidad, no logra “tejer de lo local hacia arriba”, lo que pasa es que “los partidos no están acabando de leer que el gran desafío es su democratización”, que haya formas más directas de incidencia del ciudadano en dichas organizaciones, con elecciones primarias, por ejemplo; y esto tanto en el oficialismo como en la oposición. “Tenemos que tener partidos políticos y agrupaciones ciudadanas más permeables, que permitan esa comunicación con la sociedad”, concluye.

SISTEMA. Para Brockmann, el tema también es de sistema; así como, mal que bien, existe un sistema nacional de partidos, al parecer hace falta institucionalizar esto mismo en el nivel local y regional: “Plantearía el tema (el problema) de la importancia de la construcción de un subsistema político departamental, y la imposibilidad de generar partidos que puedan abrazar el país desde la base”.

La elección local también da para revisar el sistema electoral, insiste la exparlamentaria: votar por tres autoridades en una misma papeleta (en la departamental), el tener a los candidatos a alcalde y gobernador como los del gana o pierde todo, porque si no son electos se van a su casa y no pueden acceder a ser parte del Concejo Municipal o de la asamblea departamental, también son problemas que se deben encarar. “Nos hemos ido al otro extremo: eliminando la posibilidad de que quienes son candidatos, los verdaderos líderes subnacionales luego no pueden ser parte del concejo o la asamblea”. De alguna manera, se tiende a reproducir el sistema presidencialista en el ámbito  local, apunta.

Y claro, al hablar de los partidos y su responsabilidad en la democracia, en el Estamos a tiempo de elegir del jueves 26 necesariamente se derivó en la Ley de Organizaciones Políticas, aún en preparación. Valverde, por ejemplo, recordó que los partidos también tienen la obligación de formar a su militancia en gestión pública. “La ley de partidos también proponía trabajar la educación democrática, hacia la militancia; una educación interna, ideológica”. Todos los partidos tienen que reestructurarse, dice el analista, incluso ver el tema del caudillismo, cómo manejarlo de modo que no afecte a la democracia.

Para Brockmann se trata de recuperar el carácter mediador del partido entre el Estado y la ciudadanía: “Hoy tenemos que exigirles a los líderes y a los partidos el desafío de constituirse nuevamente en factores de mediación, de pedagogía democrática, de propuestas; además tienen que formar gestores públicos, ya no se trata solamente de oratoria, se trata de conocer el Estado; estamos en pañales en la reconstitución de los partidos”.

Zuazo polemiza a partir de ver cuál ha sido realmente la responsabilidad de los partidos en la construcción democrática boliviana. “Es una salida muy fácil plantear que somos una democracia joven, que ‘los partidos nunca han sido como nosotros hubiéramos querido, partidos ideales’; porque hay una responsabilidad enorme, cuando a principios de los 80 los partidos recibieron la tarea de la gestión política, de ocupar el espacio político con altísima legitimidad, yo creo que los partidos políticos desarrollaron una ceguera que le está costando mucho al país, y que no acabamos de superar”. Dicha ceguera consiste, afirma Zuazo, en que no se asumió la descentralización como un hecho vital de la democracia: “Hoy estamos ante dos grandes desafíos: uno, la descentralización; en los años 90 se descentralizó, pero los partidos centralistas, autoritarios, verticales no supieron qué hacer ante esa nueva realidad; y dos, hoy la comunicación se ha democratizado profundamente, y los partidos ni se han enterado”.

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