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Empieza la fase más dura del deshielo

Puede que autoridades cubanas y estadounidenses se den la mano y comiencen a hablar. Pero las protestas a favor y en contra del proceso de normalización recordaron que disipar las tensiones de más de medio siglo no será tan sencillo como cambiar el cartel de la embajada o izar una bandera.

La Razón (Edición Impresa) / Silvia Ayuso

00:00 / 26 de julio de 2015

Un momento para celebrar, tomar aire, hacerse la foto “histórica” y vuelta a empezar. Han tenido que pasar 54 años para que Cuba y Estados Unidos reanuden sus relaciones diplomáticas y la bandera cubana ondee de nuevo en su reabierta embajada, a menos de tres kilómetros de la Casa Blanca. Pero ni Washington ni La Habana se engañan en cuanto a que, una vez apagados los focos, lo difícil, la negociación en profundidad para llegar a una verdadera normalización de relaciones como decidieron los presidentes Barack Obama y Raúl Castro el 17 de diciembre, empieza ahora.

Muestra de ello es que el ministro de Relaciones Exteriores cubano, Bruno Rodríguez, tras izar el lunes la bandera de Cuba frente a la embajada y pronunciar el discurso oficial, apenas se permitió celebrar el momento con uno de los mojitos que circulaban generosamente por las repletas salas y pasillos de la embajada. No había tiempo. Le esperaba en el Departamento de Estado norteamericano John Kerry para ponerse de inmediato manos a la obra.

BANDERAS. Otra imagen para la historia. Al fin y al cabo, era la primera vez desde 1958 que un canciller cubano visita oficialmente Washington y entra en la sede de la política exterior norteamericana. Según anunció Kerry, justo antes del encuentro, también él hará historia el 14 de agosto, cuando se convierta en el primer secretario de Estado que visita Cuba también en décadas, para izar asimismo con toda la ceremonia requerida la bandera estadounidense en la flamante embajada en La Habana.

“Con el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y la reapertura de embajadas culmina una primera etapa del diálogo bilateral y se abre paso al complejo, y seguramente largo proceso hacia la normalización de las relaciones bilaterales”, dijo Rodríguez al celebrar el recuperado estatus de embajada perdido con la ruptura de relaciones en 1961.

Por si no quedara claro, en su discurso, pronunciado ante altos funcionarios estadounidenses encabezados por la secretaria de Estado adjunta para América Latina y negociadora jefe de la normalización, Roberta Jacobson, Rodríguez marcó las pautas que Cuba quiere imponer a esta nueva fase del diálogo bilateral. No habrá normalización plena hasta que se logre la “eliminación del bloqueo [embargo]”, la devolución de Guantánamo y “el respeto a la soberanía de Cuba”, recalcó. Y de tratar de tocar asuntos de la “exclusiva soberanía de los cubanos” —léase temas como democracia o derechos humanos—, nada de nada.

Desde la Casa Blanca, el portavoz, Josh Earnest, manifestó la “esperanza” del gobierno de Obama de que “en los próximos años se empiece a ver un respeto a los derechos humanos básicos en Cuba”. Kerry por su parte negó ante la prensa que Guantánamo esté, por el momento, sobre la mesa de negociaciones. “Persistir en objetivos obsoletos e injustos y solo proponerse un mero cambio en los métodos para conseguirlos no hará legítimos aquéllos ni ayudará al interés nacional de Estados Unidos ni de sus ciudadanos”, replicó Rodríguez.

No obstante, la nueva fase que ahora se abre cuenta con el apoyo explícito de Raúl y hasta de Fidel Castro, un sello sin el cual probablemente habría sido imposible llegar siquiera a esta fase inimaginable hace menos de un año.

“Hoy se abre la oportunidad de empezar a trabajar para fundar unas relaciones bilaterales nuevas y distintas a todo lo anterior. Para ello, el Gobierno cubano compromete toda su voluntad”, aseguró Rodríguez en la embajada.

“Hoy es un día para acabar con barreras, reparar lo que ha sido dañado y abrir lo que durante demasiado tiempo ha estado cerrado”, coincidió poco después Kerry —en español— tras su reunión con Rodríguez. El Secretario de Estado regresó al inglés para reconocer que este “hito” no significa que hayan acabado “las diferencias que siguen separando a nuestros gobiernos”, pero sí abre el camino, subrayó, para “vivir como buenos vecinos sobre la base del respeto mutuo”.

“Este es el paso que nadie quería dar, es mejor que la política absurda y obsoleta que teníamos tres días atrás”, celebraba el influyente empresario cubanoamericano Hugo Cancio, uno de los invitados a la ceremonia.

DIFÍCIL Nadie en Washington, ni siquiera los que más han apoyado el difícil proceso de diálogo con un país antagonista desde hace más de medio siglo, se engaña ante los desafíos que se abren ahora. “Que nadie se equivoque, el proceso de normalizar plenamente las relaciones seguirá y puede que sea largo y complejo”, corroboró Kerry. Y a lo largo de ese camino, continuó, “seguro que tropezaremos aquí y allá y habrá momentos de tensión que requerirán de paciencia. Pero eso no es más que una razón de más para empezar ya este camino largamente pendiente”.

“Reabrir las embajadas es un paso histórico y por mucho tiempo debido en la dirección correcta”, insistió. Por eso, llegar hasta donde se ha llegado, la reapertura de embajadas y la promesa de un diálogo continuado, es motivo ya de por sí de celebración. En eso coincidían tanto los políticos como los empresarios, politólogos o actores como Danny Glover —que acudió raudo a saludar al cantautor cubano Silvio Rodríguez, otro de los invitados— que este lunes se agolpaban en la magnífica pero pequeña nueva embajada cubana para celebrar el restablecimiento de relaciones diplomáticas.

Tender puentes. “Esto es maravilloso, y el mes que viene iremos allí para izar la bandera estadounidense y eso también será una ocasión maravillosa”, opinó el senador republicano Jeff Flake, uno de los promotores del acercamiento a La Habana tan criticado por pesos pesados de su partido como el candidato presidencial Marco Rubio.

Con el restablecimiento de relaciones diplomáticas, coincidió el congresista demócrata Raúl Grijalva, “estamos dando una oportunidad para tender puentes, y eso es esencial en nuestro hemisferio”. “No tenemos que estar de acuerdo con todos los gobiernos o su ideología, pero debemos comprender que tanto estadounidenses como cubanos se van a beneficiar de esto”, dijo tras la ceremonia.Vivas a la revolución junto a protestas por la represión. Puede que las autoridades a ambos lados del estrecho de la Florida se den ahora la mano y comiencen a hablar, restablecidas ya las relaciones diplomáticas. Pero las protestas a favor y en contra del proceso de normalización y de los gobiernos respectivos que acompañaron desde la calle los discursos puertas adentro de la embajada, fueron un recordatorio de que disipar las tensiones de más de medio siglo no será tan sencillo como cambiar el cartel de la embajada o izar una bandera.

En una escena más propia de una concentración política en La Habana que de Washington, decenas de personas rodearon el lunes la embajada cubana lanzando entusiastas “viva Fidel, viva Raúl” y vivas a la revolución cubana mientras agitaban carteles reclamando el fin del embargo estadounidense contra la isla y entonaban el himno cubano. Pero entre tanto grupo organizado y vigilancia policial, un hombre logró escabullirse y llegar casi hasta la entrada de la embajada, donde se arrojó haciendo estallar unas bolsas de pintura roja que llevaba pegadas al cuerpo a modo de sangre. “¡Esto es un paredón de fusilamiento! ¡En Cuba están matando a todos los disidentes!”, gritó el hombre mientras era reducido por agentes estadounidenses que lo esposaron y se lo llevaron en un furgón. La escena duró apenas unos minutos. Pero el charco de violento rojo que quedó frente a la remozada embajada cubana será tan difícil de hacer desaparecer como las suspicacias.

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