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Empleo de calidad, la tarea pendiente para reducir la informalidad

El Gobierno asegura que se crearán 880.000 nuevos empleos en los próximos cuatro años, pero analistas aseguran que si la mayor cantidad son en el sector de la construcción, éstos serán temporales y por ende precarios.

La Razón (Edición Impresa) / Elisa Medrano Cruz es periodista

00:00 / 07 de mayo de 2017

La creación de empleo de calidad—entendido éste como la oportunidad de acceder a una ocupación productiva que genere un ingreso justo, seguridad en el lugar de trabajo y protección social para el empleado y su familia, entre otros beneficios, según lo define la Organización Internacional de Trabajo (OIT)— es una tarea que el Gobierno admite está pendiente. La importancia de incidir en ello radica en que una buena política que apunte en ese sentido contribuirá a reducir la brecha entre las fuentes laborales formales e informales, cuyos índices están calculados en 31% y 69%, respectivamente.

Al conmemorarse este 1 de mayo el Día Internacional del Trabajo, el titular del sector, Héctor Hinojosa, afirma que uno de los retos fundamentales del Ejecutivo es la generación de fuentes de trabajo dignas, tarea poco sencilla dado que el Gobierno recibió “una herencia pesada de empleos informales”, producto de la política neoliberal que destruyó el aparato productivo del país.

Según sus datos, en 2006, cuando Evo Morales se hizo cargo de la administración del Estado, la relación entre trabajo formal e informal era del 20% y 80%, respectivamente, índice que al momento se incrementó a 31%, en el primer caso, y se redujo a 69%, en el segundo. Con base en datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el Ministro informa que en el área urbana, la Población Económicamente Activa (PEA), es decir las personas con una ocupación o desocupadas, asciende a 3,35 millones de personas. De ellas, el 69% se desempeña en la informalidad y solo el 31% en empleos formales.

Hinojosa precisa que los avances en la formalización del empleo en los últimos años se expresa en la cantidad de personas afiliadas al seguro social de corto plazo, que subió de 1,5 millones, registrado en 2006, a más de 4 millones, a la fecha. “Eso demuestra que ha habido un crecimiento importante en la formalización, pero sigue siendo un reto el generar trabajo estable, digno, con beneficios; lógicamente este es un proceso que está siendo encargado por la Agenda Patriótica 2025”.

La calidad del trabajo, según la OIT, también tiene que ver con mejores perspectivas de desarrollo personal e integración a la sociedad del trabajador, libertad para que exprese sus opiniones, organización y participación en decisiones que afectan su vida, e igualdad de oportunidades y trato para mujeres y hombres.

El analista en materia laboral Rodolfo Eróstegui sostiene que en vista de que estas condiciones laborales han sido insuficientes desde hace años, la tendencia es que cada vez más personas engrosen las filas de la informalidad. “Casi 70% de los trabajadores está en situación precaria, este es un fenómeno que se sostiene y no se ha hecho prácticamente nada para lograr que pasen a una situación de trabajo decente o digno”.

Para Eróstegui, las tasas de formalidad y de informalidad expresadas por el Gobierno no demuestran necesariamente que la brecha entre ambas se haya reducido, pues la medición que se hace del trabajo asalariado respecto del que no lo es, únicamente toma en cuenta a ciudades del eje troncal, no a las poblaciones del área rural, como los centros mineros, donde hay una alta incidencia de puestos precarios, por la labor que desarrollan los cooperativistas. “Lo que ha ocurrido es que se trasladaron los bolsones de informalidad a esos lugares, no que se hayan reducido en términos absolutos”, dice.

El investigador del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA) Bruno Rojas considera que una mejora en la calidad del empleo amerita una política ligada al fortalecimiento de la actividad productiva, que apunte a la transformación de la economía boliviana y que no solamente apueste por la actividad extractiva.

“Es el gran desafío que hoy está pendiente y quienes lamentablemente tienen que pagar esta ausencia de políticas, de cambios políticos en el país son los trabajadores, las personas que todos los días están en la incertidumbre de si van a seguir trabajando, si mañana los despiden, si están desempleados, es aquello que en teoría psicológica se conoce como alto riesgo”, apunta.

Para generar más empleos de calidad, tanto en el sector público como privado, el Gobierno apuesta al proceso de industrialización prevista en la Agenda Patriótica 2025. Según el ministro Hinojosa, la implementación de complejos industriales en distintas áreas repercutirá en la creación de trabajo digno en diversos sectores de la economía.

Recuerda que el Plan Nacional de Desarrollo prevé una inversión de aproximadamente $us 48.000 millones hasta 2020, de los que más del 50% están destinados al sector productivo, es decir, a la formación de empresas, en tanto que el 21% se asignará a la construcción de infraestructura. Con todo ese financiamiento se prevé generar 880.000 fuentes laborales, a razón de 220.000 por año, 442.000 de parte del Estado y un número similar en el sector privado.

“Con la construcción de carreteras, de infraestructura vinculada a servicios de educación, salud, además de puentes, teleférico, ferrocarriles se prevé que se generen aproximadamente 600.000 empleos en los cuatro años que restan de inversión en ese sector, que es uno de los más dinámicos porque, aparte de la inversión del Estado, existe otra privada muy importante”, indica el ministro.

CIFRAS. Eróstegui explica que anualmente, entre 180.000 y 200.000 personas se incorporan al mercado laboral. Considerando esa información, el Gobierno estima que se podrá cubrir ese requerimiento.

No obstante, Rojas califica esas previsiones de una “ilusión”, tomando en cuenta que en los 11 años de gobierno que lleva el Movimiento Al Socialismo (MAS), la mayoría de los empleos creados han sido precarios, con derechos laborales restringidos o sin ellos, con alto subempleo (trabajo por horas) y una subutilización de capacidades de los más jóvenes, que tienen mayor nivel de formación.

“Si uno revisa estos 11 últimos años, el tipo de programa que ha ido ejecutando el Gobierno, como por ejemplo Mi Primer Empleo, el Apoyo al Empleo, la Bolsa de Trabajo y otros, han apuntado a fuentes laborales temporales, en algunos casos con salarios bordeando el mínimo nacional, y sobre todo sin derechos. Si vamos a generar más de 800.000 nuevas fuentes laborales, seguramente una buena parte será con esas mismas características”, lamenta.

Igual opina Eróstegui. Por experiencia sabe que los trabajos en obras de construcción son temporales, por lo que el empleo sostenido solo lo pueden generar las empresas que duren en el tiempo.

Bajo esa lógica, el empresariado privado afirma que la creación de fuentes laborales sostenibles pasa por este sector y para ello requiere que el Estado genere las condiciones necesarias para que la actividad productiva se expanda.

“En este momento hay inversión del sector privado, pero no está yendo a la actividad productiva que es de largo plazo y sostenible. Para crear ese ecosistema que genere empresas micro, pequeñas, medianas y grandes que crezcan a lo largo de una escalera, adquiriendo trabajadores, reduciendo el costo de su mano de obra y por ende con mejores posibilidades para darles beneficios, el Gobierno tiene que dar incentivos y circunstancias propicias”, reflexionó la semana pasada el presidente de la Cámara de Exportadores de Bolivia (Caneb), Guillermo Pou Mont en el programa Piedra, papel y tinta, que La Razón difunde los sábados a las 11.30 por Cadena A.

Lamentó que este sector reciba cero incentivos y enfrente un sinnúmero de problemas comerciales, desde el encarecimiento de la logística para trasladar sus productos hasta la falta de acuerdos comerciales para vender al exterior.

A ello, según Eróstegui, se suman los costos laborales, es decir, los nuevos niveles salariales fijados por el Ejecutivo, el doble aguinaldo y otros que terminaron afectando a los pequeños empresarios, cuya productividad está basada en la mano de obra y no en innovación tecnológica. Reconoce, no obstante, que este sector se benefició de la bonanza de los altos precios de las materias primas en el mercado externo, que dinamizaron la economía del país.

PERJUICIO. Ese tipo de carga laboral, afirma, resulta insostenible y termina perjudicando a las empresas formales, más si se considera que el 80% del empleo está ubicado en micro y pequeñas empresas.

Para el Gobierno, la generación de fuentes laborales en el sector privado pasa porque éste haga más inversiones a fin de aumentar su competitividad con innovación y renovación tecnológica. El ministro Hinojosa reclama que los empresarios apuesten a la mayor productividad con la reducción de su costo de producción, a través del abaratamiento de la mano de obra. Lamenta que este sector no haya aprovechado la estabilidad económica y la ganancia que generó para invertir en desarrollo productivo. “En el sector minero el porcentaje de ganancia se ha cuadruplicado, quintuplicado; es envidiable la rentabilidad que obtiene la banca, igual que el sector del transporte, donde se han subido tarifas, pero se mantiene congelado el precio de los carburantes, sumado a ello que gracias a la estabilidad cambiaria no han subido gran cosa los repuestos”, dice.

Pero además, afirma, el Estado generó la suficiente garantía jurídica, a través de la Ley de Inversiones y de otras normas, para promover el desarrollo empresarial.

Al sector privado le falta musculatura

Héctor Hinojosa, ministro de Trabajo

Lamentablemente el esfuerzo estatal no siempre ha ido acompañado con el esfuerzo privado, por eso el Presidente les convocó varias veces a que se incorporen a este proceso de cambio y que aumenten sus niveles de inversión. Esa limitación se ve sobre todo cuando tenemos que licitar obras, al empresario privado le falta musculatura y no colma las expectativas.

Hay que apuntar al empleo digno

Rodolfo Eróstegui, analista en materia laboral

El desempleo en este momento no es un problema, con una tasa de 4,1% se podría decir que estamos tendiendo a una economía de pleno empleo. Lo que se tiene que buscar es la generación de empleos de calidad, que sean asalariados, con jornadas estables, de ocho horas, tal cual plantea la Ley General del Trabajo, que tengan atención médica y otros beneficios.

Se cubre solo una canasta alimentaria

Bruno Rojas, investigador CEDLA

El mercado de trabajo genera más empleos precarios y en esa medida, jóvenes y mujeres, así como los pobres —que han ingresado en él en buen número en estos últimos 20 años— no necesariamente encuentran una fuente de trabajo a la altura de lo que esperan, una que les permita cubrir por lo menos una canasta alimentaria y no una canasta básica familiar.

La tasa de desempleo se incrementa

La tasa de desempleo en el país se incrementó de 3,5%, reportada en 2015, a 4,1%, en 2016, índice que se mantiene. Aunque el dato no es menor, Gobierno y analistas coinciden en que la situación del país frente a otros de la región no es la peor, pues la cifra (4,1%) se sitúa por debajo del promedio del 8,1% calculado en América Latina y el Caribe, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

El ministro del sector, Héctor Hinojosa, explica que el índice del 4,1% está por debajo del reportado, por ejemplo, en Brasil, donde superó el 12%, y Argentina, donde llegó al 7%.

Según la autoridad, el índice de desempleo se redujo paulatinamente desde que el presidente Evo Morales asumió el mando del país hace 11 años. En 2005, el porcentaje de desocupación llegaba al 8,2% y fue decreciendo hasta alcanzar su nivel más bajo en 2012, con el 3,2%. Para este año, dice Hinojosa, el Gobierno prevé reducir la tasa de 4,1% a 3,2%.

De acuerdo con el ministro, el desempleo aumentó como efecto de la crisis internacional, que tuvo repercusión en algunos sectores de la actividad económica, en los que hubo reducción de personal. A ello se suma que en sectores como la industria manufacturera textilera deben competir con productos extranjeros más baratos, lo que afecta sus ingresos y causa pérdida de empleos.

Con esto último coincide el analista en materia laboral Rodolfo Eróstegui, quien menciona que hay una competencia desleal de productos importados, porque son más baratos. No obstante, señala que esa merma también se explica por el aumento de los costos laborales para las empresas, es decir, incrementos salariales, dobles aguinaldos, aumento del salario mínimo nacional, lo que afectó a las pequeñas empresas, que concentran el 80% del empleo.

El investigador del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA) Bruno Rojas afirma que el índice del 4,1% de desempleo es discutible, debido a que la metodología que emplea el Instituto Nacional de Estadística (INE) para hacer la medición no expresa el comportamiento real del empleo, desempleo y subempleo, pues a través de una encuesta pregunta si la persona tuvo una ocupación de al menos una hora la semana anterior. Y asegura que la tasa de desocupación puede ser mayor porque esta institución contabilizó 22 despidos masivos entre mayo de 2016 y abril de este año, entre ellos los despidos de la ex Enatex y La Paz Limpia. Suma a estos las personas desocupadas a raíz de que grandes empresas, privadas y estatales, no renovaron contratos con pequeñas y medianas empresas que prestaban servicios.

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