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Encíclica Laudato si’ sobre el cuidado de la casa común

La encíclica medioambiental del papa Francisco (Laudato si’, Alabado seas) es no solo un diagnóstico de la actual situación climática, medioambiental y social, sino también es como un programa de acción.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos Zamorano / La Paz

00:06 / 19 de julio de 2015

Laudato si’, mi’ Signore - Alabado seas, mi Señor, cantaba San Francisco de Asís”, empieza su  Carta Encíclica el “Santo Padre Francisco sobre el cuidado de la casa común”. El “Cántico de las criaturas: Fonti Francescane”, es: “Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba”.

En su discurso en el II Encuentro Mundial de Movimientos Populares, en Santa Cruz de la Sierra, el papa Francisco, acaso por lo largo de la disertación que hizo antes, dejó de leer —dijo— “dos páginas y media” de su Encíclica Laudato si’. ¿En qué consiste este importante documento?

Firmado el 24 de mayo por Franciscus, el documento fue presentado al público el 18 de junio de 2015. Se trata de un texto de 192 páginas, seis capítulos, además de una introducción. En esta parte, Francisco deja en claro que desde al menos 1971, con el papa Pablo VI, la Iglesia ya se ocupó de la “problemática ecológica”; recuerda también a Juan Pablo II, que en 2001 llamó a una “conversión ecológica global”, o que el propio Benedicto XVI, su antecesor, hizo un llamado por el bien de la ecología.

Es cuando el papa Francisco añade su propio “llamado”: “Hago una invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo cómo estamos construyendo el futuro del planeta. Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos”.

Como el mismo Papa resume, primero hace un recorrido por diversos aspectos de la crisis ecológica actual, tomando “los mejores frutos de la investigación científica” disponible hoy. Luego, señala tratar de llegar a las raíces de la situación actual con el fin de entender no solo los síntomas de la crisis, sino arribar a sus “causas profundas”. Con base a este estudio, Francisco afirma que podrá “proponer una ecología que, en sus diversas dimensiones, incorpore el lugar peculiar del ser humano en este mundo y sus relaciones con la realidad que lo rodea”.

En el Capítulo V. Algunas líneas de orientación y acción, el papa Francisco propone un “diálogo sobre el medio ambiente en la política internacional”; aboga por el cambio más o menos acelerado de la tecnología basada en combustibles fósiles (sobre todo del carbón, el petróleo y, en menor medida, del gas), por formas de energía renovables.

“En lo relacionado con el cambio climático, los avances son lamentablemente muy escasos. La reducción de gases de efecto invernadero requiere honestidad, valentía y responsabilidad, sobre todo de los países más poderosos y más contaminantes”, reclama la Laudato si’.

Es en esta parte que la encíclica cita a la Carta Pastoral sobre medio ambiente y desarrollo humano en Bolivia de la Conferencia Episcopal Boliviana: “los países que se han beneficiado por un alto grado de industrialización, a costa de una enorme emisión de gases invernaderos, tienen mayor responsabilidad en aportar a la solución de los problemas que han causado”, dijo la Iglesia local.

En lo relativo al crecimiento económico y las consecuencias que esto trae para el medio ambiente, la encíclica razona: hay la necesidad de regular los ritmos del crecimiento, “pensar también en detener un poco la marcha, en poner algunos límites racionales e incluso en volver atrás antes que sea tarde (...) Por eso ha llegado la hora de aceptar cierto decrecimiento en algunas partes del mundo aportando recursos para que se pueda crecer sanamente en otras partes”, destaca el documento.

Asimismo, se propone el debate acerca del “progreso”. “Se trata de redefinir el progreso. Un desarrollo tecnológico y económico que no deja un mundo mejor y una calidad de vida integralmente superior no puede considerarse progreso”.   Es el Capítulo VI. Educación y Espiritualidad Ecológica, el que a lo largo de 50 páginas expone el ‘programa’ del Papa en el tema.

Es allí donde se plantea “apostar por otro estilo de vida”. Pensemos, dice Francisco, no solo en la posibilidad de fenómenos climáticos o grandes desastres naturales, “sino también en catástrofes derivadas de crisis sociales, porque la obsesión por un estilo de vida consumista, sobre todo cuando solo unos pocos puedan sostenerlo, solo podrá provocar violencia y destrucción recíproca”.

Sin embargo, continúa, no todo está perdido, “porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, también pueden sobreponerse, volver a optar por el bien y regenerarse, más allá de todos los condicionamientos mentales y sociales que les impongan”. Se trata, dice, por ejemplo, de “movimientos de consumidores” que logren que se deje de adquirir ciertos productos para así cambiar la conducta de las empresas.

El Papa luego insiste en la necesidad de implementar una “educación para la alianza entre la humanidad y el medio ambiente”, con el fin de que la conciencia de la gravedad de la crisis cultural y ecológica pueda traducirse en nuevos hábitos.

La encíclica también llama, sobre todo a los cristianos,  a lo que denomina una “conversión ecológica”, en vista a la crisis medioambiental asumir el cambio de actitud sobre la base de la doctrina cristiana, “reconciliarse con la creación”, seguir el ejemplo, dice, de San Francisco de Asís, que hablaba de la “hermana madre tierra”. Luego acude a lo que llama “amor civil y político”, el cuidado de la naturaleza como “parte de un estilo de vida que implica capacidad de convivencia y de comunión”.

“El amor, lleno de pequeños  gestos de cuidado mutuo, —dice— es también civil y político, y se manifiesta en todas las acciones que procuran construir un mundo mejor”. La Encíclica Laudato si’ sobre el cuidado de la casa común, finaliza con dos oraciones. Una de ellas, es:

Oración por nuestra tierra

Dios omnipotente, / que estás presente en todo el universo / y en la más pequeña de tus criaturas, / Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe, / derrama en nosotros la fuerza de tu amor / para que cuidemos la vida y la belleza.  Inúndanos de paz, / para que vivamos como hermanos y hermanas / sin dañar a nadie. Dios de los pobres, / ayúdanos a rescatar / a los abandonados y olvidados de esta tierra / que tanto valen a tus ojos. Sana nuestras vidas, / para que seamos protectores del mundo / y no depredadores, / para que sembremos hermosura / y no contaminación y destrucción. Toca los corazones / de los que buscan solo beneficios / a costa de los pobres y de la tierra. Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa, / a contemplar admirados, / a reconocer que estamos profundamente unidos / con todas las criaturas / en nuestro camino hacia tu luz infinita. Gracias porque  estás con nosotros todos los días. Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha / por la justicia, el amor y la paz.

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