Animal Político

Encuentro Plurinacional y perspectiva estratégica

¿Es la cumbre social un salvavidas?

La Razón / Hugo Moldiz Mercado

01:00 / 11 de diciembre de 2011

El autor considera que el gobierno de Evo Morales todavía tiene fuerza para reponerse del mal momento y recuperar una confianza armoniosa con ciertos movimientos sociales. Así, dice que se pueden superar los peligros de fragmentación, por mandato de la cumbre social de diciembre.La convocatoria del Gobierno al Primer Encuentro Plurinacional, en un año en que ha tenido que enfrentar difíciles momentos como el fracasado intento de nivelar los precios de los carburantes y el desencuentro con los indígenas de las tierras bajas por la construcción de una carretera, puede ser leído desde varias perspectivas.

Un primera perspectiva tiene dos variantes y dos puntos de partida distintos: una, que el gobierno del presidente Evo Morales está naufragando a dos años de una elección —la primera después de aprobarse la nueva Constitución Política del Estado (CPE)— en la que superó su propio record histórico, al pasar del 54% en 2005 al 64% en diciembre de 2009.

Los que hacen esa lectura sostienen, además, que al Gobierno se le acabaron las ideas, que carece de un Plan Nacional para enfrentar los desafíos de la coyuntura económica, que tiene grandes problemas para alcanzar una gestión exitosa y que, por tanto, el encuentro con sus organizaciones leales es para salvarse de un acelerado desastre.

La segunda variante parte de algunos niveles de la administración gubernamental y se ubica en el otro extremo: todo está bien, sólo hay desajustes que requieren ser encarados y que los problemas hay que atribuirle exclusivamente a los planes del frente opositor.

Una mirada objetiva de lo que está sucediendo, dejando atrás los deseos y aprehendiendo la cruda realidad, conduce a descartar ambas variantes de esa primera perspectiva, porque, desde distintos intereses, omiten un mejor acercamiento a la lectura de la relación de fuerzas existente.

La segunda perspectiva, bastante alejada de la primera y sus dos variantes, conduce a la consideración de otros criterios y, por tanto, hace una lectura objetiva de los motivos y los objetivos de la organización de este diálogo nacional.

Se parte de la constatación de que el presidente Evo Morales cuenta con un nivel de aceptación tal, que aún bajando al 32% (según Ipsos), es un punto de partida que ningún político tuvo en el pasado.

El Gobierno cuenta con un Plan Nacional que parte de la determinación política de la “agenda de octubre”, pero que requiere, para su proyección, de una adecuación y actualización en función de la configuración política y económica que se desprende de la realidad nacional e internacional. El eje central del plan es la industrialización de los recursos naturales y el mayor desafío es cómo se logra una armonía con la naturaleza.

El tema es, por tanto, más político que programático. A casi dos años de este segundo mandato del presidente Morales, el proceso de cambio —que va más allá del gobierno, pero que al mismo tiempo está directamente atado a su destino— requiere retomar la iniciativa y, redefiniendo objetivos estratégicos, una nueva aceleración.

Para encarar los tres años que se vienen antes de las próximas elecciones generales, el proceso tiene el gran desafío de recuperar una relación de correspondencia armoniosa entre el Gobierno y los movimientos sociales, para de esa manera definir en nuevos términos las complejas relaciones entre Estado y sociedad. Lo que el proceso demanda, dicho de otra manera, es dejar atrás las relaciones de correspondencia no armoniosa entre Gobierno y movimientos sociales, para enfrentar con mayor coherencia la aplicación de la CPE, cuya visión estratégica es el horizonte a construir.

Al restablecerse esa relación, en la que se aparta el riesgo de la fetichización del Estado de parte de sus titulares y al mismo tiempo se asume el carácter de bloque en el poder, se resuelven positivamente las contradicciones internas dentro del proceso y se aporta a una nueva forma de ver la relación Estado/sociedad. Es decir, en la medida que Gobierno y movimientos sociales se reinventan y cohesionan sobre las condiciones objetivas y subjetivas actuales, se vencen los peligros de la fragmentación, las miradas particulares y los énfasis en las razones de Estado.

Por tanto, el Primer Encuentro Plurinacional es necesario y útil por varias razones, no contradictorias: saca a las autoridades del Gobierno de los tentáculos de la pesada administración y las conduce, sin abandonar la gestión cotidiana, a otro nivel de la política, indispensable para los momentos de revolución. Gobierno y movimientos sociales repolitizan su relación y construyen otro sentido común. Al hacer eso, que en otras palabras es rearmar las fuerzas internas, los conductores del proceso (que están dentro y fuera del Gobierno) construyen condiciones objetivas para recuperar y ampliar su hegemonía hacia el resto de la sociedad y retoman la iniciativa estratégica.

Pero además de restablecer una nueva y positiva relación entre Estado y sociedad a partir de la relación de correspondencia armoniosa del bloque de poder, el proceso pone al descubierto las debilidades de la oposición y, sobre todo, desnuda los planes activados para derrotar a la revolución más profunda de nuestra historia.

Un exitoso Primer Encuentro Plurinacional, para lo que es deseable se extremen esfuerzos para incorporar a los actores que faltan (ya que después de la primera etapa del 12 al 14 de diciembre en Cochabamba, se tendrán otras dos más durante cerca de un mes), será la mejor respuesta para obtener una victoria sobre la estrategia de desgaste para la derrota política e institucional del proceso de cambio y de Evo Morales.

En síntesis, el diálogo convocado por el Gobierno es oportuno, en el corto y mediano plazo, para ordenada y responsablemente ir construyendo políticas públicas con la participación de la sociedad organizada, que no es otra cosa que cualificar la democracia participativa y comunitaria.

En el largo plazo, esta iniciativa, que será una de muchas (pues es el primer encuentro), también es oportuna para rectificar los errores cometidos, salir de la desaceleración del proceso, recomponer el frente interno (Gobierno y movimientos sociales), ampliar la hegemonía hacia otros sectores (incorporación de los empresarios en el marco de la economía plural establecida por la CPE), pasar de la revolución política a su dimensión social y aislar a los sectores más conservadores.

La revolución no es un acto de deseo o resultado de un solo impulso. La revolución es un proceso en la que las relaciones de fuerza no son estáticas y que demanda, por esa su complejidad, permanentes ajustes y recreaciones para no sufrir una derrota estratégica que sería su lado contrarrevolucionario. La revolución es una constante creación heroica.

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