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Entrelíneas de ‘Mi vida, de Orinoca al Palacio Quemado’

En la vida de Evo existen muchos pasajes y situaciones que hubieran evitado, primero, su migración al Chapare y, después, que sea elegido dirigente de su sindicato, en el trópico de Cochabamba. El solo hecho, por ejemplo, de que estuvo a punto de perder 10.000 dólares en el valle, dinero para comprar un terreno, hubiera cambiado su vida.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Canelas Alurralde

00:03 / 06 de abril de 2014

La abuela Luisa salvó la vida de Evo y María, su mamá, aquel 26 de octubre de 1959, hace casi 55 años. Lo hizo aplicando la sabiduría natural, ante la total ausencia de médicos y enfermeras. Se podría conjeturar y decir que gracias a ella hoy tenemos al primer presidente indígena, aquel que abrió la puerta al cambio. A la Bolivia que millones soñamos.

La abuela hizo cocer a medias un pan, el que María se había antojado un mes antes en el pueblo de Orinoca. La que vendía, impávida, le dijo, sin tomar en cuenta los ocho meses de su embarazo, que era para los maestros. Apenas le puso ese pan poco cocido en su boca, mientras desangraba echada en cueros de ovejas, nació la guagua, nació Evo y rompió el dicho bíblico que alerta: no solo de pan vivirá el hombre.

Con ese recuerdo contado por sus padres, parientes y hermana comienza Mi vida, de Orinoca al Palacio Quemado, el libro que recoge el testimonio de la vida del dirigente sindical, político y presidente Evo Morales Ayma.

Sin embargo, su vida no se la podría comprender sin la presencia de sus padres Dionisio Morales y María Ayma, ambos nacidos en la misma región altiplánica, en el departamento de Oruro, distante aproximadamente a unos 189 kilómetros de su capital.

María era 15 años mayor que Dionisio. Ambos tuvieron siete hijos, pero se les murieron cuatro y sobrevivieron tres: Esther, Evo y Hugo. Tuvieron una fuerte influencia en sus hijos. Les enseñaron a trabajar desde muy niños, a ser honrados, madrugadores y sobre todo a respetar los principios universales y de luchar por los demás.

La idea de escribir el libro surgió hace más de tres años durante uno de los viajes, de los innumerables que hizo Evo, y a quien tuve el privilegio de acompañar. “Habría que escribir un libro sobre tu vida”, le dije y no contestó nada. Pero entre mayo y junio de 2012 me llamó para decirme que trabajemos en su biografía. Quién mejor que él para recordar su vida.

Semanas después hicimos la primera grabación. Comenzamos con recuerdos de su nacimiento. Fueron muchas sesiones, siempre en Cochabamba, en su domicilio particular y en los momentos en que llegaba y tenía tiempo, alejados del ajetreo que tiene siempre un presidente.

Al principio, pudimos trabajar al menos una vez al mes, sin embargo, con el pasar de las semanas, los tiempos se alargaron por la intensa actividad del Presidente. Sus viajes al exterior y al interior del país, donde entrega obras en todos los municipios, impidieron seguir el ritmo de las primeras grabaciones. En general siempre se aprovechó sus pocas horas de descanso en Cochabamba.

También a sugerencia de él realizamos entrevistas a más de 20 personas, hombres y mujeres, que a lo largo de su vida lo acompañaron, no solo en su niñez y juventud, como estudiante, músico, dirigente sindical; sino también en su lucha política. Hablamos con sus hermanos, sus profesores, compañeros de actividades sindicales y políticas, entre otros.

Por otra parte, leímos otros libros que hablan de él y de su comunidad, con pocos datos biográficos, en algunos casos hasta erróneos. Las hemerotecas fueron muy importantes para guiarnos sobre su lucha sindical y política, desde que asumió la secretaría ejecutiva de la Federación de Trabajadores Campesinos del Trópico de Cochabamba, en 1988.

En cada uno de los casos, las conversaciones sobrepasaron la hora. Para cada una de ellas tuvimos que viajar o aprovechar nuestra estadía principalmente en el trópico de Cochabamba, Oruro y La Paz. También en varias ocasiones estuvimos en su casa donde nació, en Isallavi. Fuimos a la primera escuela donde pasó clases los dos primeros cursos, en Calavillca. Estuvimos en Orinoca, en su casa, donde vivió solo a sus ocho años. Estuvimos en el colegio, vimos las aulas, el patio, las campanas que aún se conservan. Visitamos la iglesia construida en 1732, el campanario donde Evo solía treparse.   También fuimos a Oruro, conocimos la casa donde vivió. Aunque de afuera, vimos la panadería donde trabajó y el colegio Marcos Beltrán Ávila, donde estudió tercero y cuarto medio.

Sin duda, es probable que muchos pasajes de su vida hayan quedado fuera del libro, pero con seguridad también, están los más importantes, desde que nació hasta que ingresó, un 22 de enero de 2006, al Palacio Quemado, cerca de las 18.30 horas, luego de ser posesionado como Presidente de la República en el Congreso Nacional.

En el libro, autobiográfico, no solo está el recuerdo de su nacimiento, sino su afán por jugar con la pelota desde cuando gateaba. Su primer accidente, el día que comenzó a pastar llamas y ovejas, la escuela, el colegio, su trabajo de panadero y ladrillero.

Su rico relato cuando fue trompetista de la Banda Imperial. Su paso por el cuartel, en el Regimiento Ingavi de La Paz, y los golpes de Estado que se registraron en un año. Sus desvelos y sufrimientos, junto a su familia, por las pérdidas de su cosecha, debido a las condiciones climáticas, principalmente las heladas.

En la vida de Evo existen muchos pasajes y situaciones que hubieran evitado, primero su migración al Chapare y después que sea elegido dirigente sindical de su sindicato, en el trópico de Cochabamba. Será el destino o no, pero lo cierto es que su vida de lucha, sus sufrimientos y alegrías, su defensa de la tierra, de la coca y de sus compañeros, lo encumbraron como un líder nato, que escaló peldaños hasta llegar a ser Presidente, primero de la República, y después del Estado Plurinacional.

El solo hecho de que estuvo a punto de perder 10.000 dólares en la ciudad de Cochabamba, cuando se trasladaba con su papá Dionisio a Villa 14, en el Chapare, para comprar el terreno, hubiera cambiado su vida. Si el intento de robo que sufrió se perpetraba, no hubiera migrado al trópico y con seguridad, hoy no estaríamos hablando de Evo Morales Ayma, presidente del Estado Plurinacional.

En el libro, Evo relató muchos hechos inéditos que nunca fueron conocidos, no solo de su vida, sino también de la lucha sindical y política. El testimonio de su vida, desde su nacimiento, se ubica dentro de los marcos históricos, políticos y culturales del país. La importancia del ayllu y las costumbres milenarias de los campesinos del altiplano. La veneración a los cerros que se mantiene por miles de años y la presencia de una iglesia que intentó cambiar nuestra cultura, son elementos importantes para entender a los campesinos en Bolivia. La lectura de Mi vida, de Orinoca al Palacio Quemado es indispensable para comprender la vida de miles de niños y adolescentes del altiplano que por su lucha permanente nos han devuelto la dignidad y el orgullo de ser bolivianos.

El libro tiene más de 400 páginas, incluyendo fotografías. En él está el lenguaje y la forma de pensar de Evo. Recoge el relato cronológico, desde su nacimiento, pasando por la escuela, el colegio, sus largas caminatas con su papá Dionisio desde Isallavi hasta Independencia, su primer viaje al exterior, Calilegua en la Argentina. Su vida en Oruro, su paso por la Banda Imperial, el cuartel, los golpes de Estado, el Chapare, la dirigencia sindical, la represión, sus detenciones y confinamientos, los abusos y torturas que sufrió, sus viajes, accidentes, la política.

La vida del Presidente es apasionante. Su relato es cautivador porque imprime en su testimonio un realismo mágico. El libro tiene 28 capítulos y en cada uno tiene varios subtítulos. Las fotografías muestran también su vida, desde niño, adolescente, en el colegio, el cuartel y dirigente sindical y político, las campañas, febrero y octubre de 2003, los intentos para asesinarlo hasta su ascenso al poder, el 22 de enero de 2006. Quedaron fuera muchas fotografías, sobre todo de su actividad sindical, empero de su niñez y familia son las únicas que existen.

El libro estuvo listo en septiembre de 2013; sin embargo, ingresó, como es normal en estos casos, a un proceso de revisión. Antes de su aprobación pasó por algunas manos de profesionales con experiencia en la redacción y edición de libros y de personas que conocieron a Evo en su lucha sindical y política.

La vida de Evo es como él la recuerda. Probablemente hayan quedado muchos pasajes en el olvido, pero con seguridad que lo más importante, lo que marcó su vida desde su niñez hasta la política, se encuentra en el libro. Es probable también que en la posibilidad de una segunda edición, se puedan agregar otros hechos, que retornaron a la memoria del Presidente.

Es también posible que el libro sirva de guía para otras investigaciones y la publicación de otros textos que profundicen otros aspectos de su vida con mayor detalle. Aunque con seguridad en Mi vida, de Orinoca al Palacio Quemado está todo lo más importante de la vida de un hombre que logró llegar, desde la cuna más pobre al cargo más importante que un boliviano pueda lograr.

Su vida como presidente es otra historia. El libro termina con su ingreso al Palacio Quemado, pero tiene un gran valor histórico, cultural y político, porque se trata de una personalidad legendaria no solo entre los bolivianos, sino a nivel internacional.

En su actividad sindical y política, el libro consigna la visión de Evo. Por ser un testimonio, una autobiografía, no consigna visiones de personas que en un momento de su vida se cruzaron en su camino, por la vereda del frente. Evo fue víctima de muchas injusticias. Fue detenido en varias ocasiones, confinado, torturado y sufrió una serie de abusos. Los responsables de estos hechos están mencionados en el libro como los autores de haber ejecutado y aplicado con insistencia principalmente una política neoliberal, que afectó a miles de bolivianos y benefició solo a grupos políticos y empresariales minoritarios.

La lectura de Mi vida, de Orinoca al Palacio Quemado sin lugar a dudas es indispensable, si se quiere comprender la cultura y la vida de miles de niños, adolescentes y adultos, que viven principalmente en el altiplano y, por qué no, en todo el territorio nacional.

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