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Erbol: lecciones periodísticas de 2003

Durante la crisis de octubre de 2003, radio Erbol se convirtió en la principal fuente de información, al punto de que fue referencia de los periódicos, radios o televisiones nacionales y cadenas internacionales.

La Razón / René Zeballos C.

00:00 / 13 de octubre de 2013

Cuando hablaba con un periodista mayor a mí respecto de la tarea informativa de Erbol en octubre 2003, éste me decía que este hecho le recordaba su experiencia, y de otros colegas, en épocas de dictadura militar, aunque había sido muchísimo peor. Esto es evidente, aunque para otra generación de comunicadores que estuvimos trabajando en medios los días de la masacre de octubre, sin duda, aquella crisis fue una de las vividas con mayor intensidad, ante el difícil contexto político, que incluyó la caída de un presidente.

Lo cierto es que octubre marcó un hito notable en la historia de Erbol. Si otro tipo de medios no lograba realizar una mejor cobertura o tener la inmediatez en la información, la radio no podía excusarse de estar cerca de los acontecimientos y difundirlos de manera permanente desde donde ocurrían, y nada menos que en vivo. Así, Erbol, superando adversidades, estuvo firme en su labor comunicacional e informativa durante las jornadas de octubre, tarea que con el tiempo ha permitido rescatar algunas lecciones.

Aunque a veces se diga que en el periodismo se hace como casi imposible planificar porque no se logra controlar el ritmo de los hechos del entorno, octubre sirvió para ratificar que la organización de una o más estrategias informativas es siempre imprescindible, y quizá más en situaciones de tanto conflicto, cuando las decisiones y las acciones que se ejecutan desde los medios de comunicación deben tener un sentido claro, a pesar de la dinámica y la velocidad con que se asumen.Un sustento que ayudó, y siempre permite desarrollar con nitidez la tarea periodística, fue tener precisos los principios con que se trabaja. En el caso de octubre, concatenamos los fundamentos institucionales (como aquel básico de la defensa de la vida), la protección de la institucionalidad democrática, los postulados de los códigos de ética periodística, el informar sin poner como barrera temores que el contexto podía promover y, sobre todo, el derecho de la población a estar informada de lo que sucedía.

La estrategia consistió en lograr la mayor cobertura geográfica en los sitios donde sucedían los hechos, particularmente en El Alto y La Paz, gracias al desplazamiento de personal propio y de periodistas externos que realizaron una tarea voluntaria destacada. El celular fue fundamental para reflejar lo que sucedía. Si en un principio se permitió que los ciudadanos informaran lo que acontecía a su alrededor, por la precisión periodística, esto luego se fue eliminando. Lo que no debía borrarse era el sentido de la pluralidad, reflejada en la presencia de diversas voces, como las de los propios miembros del Gobierno. Algo que aquellos momentos se disminuyó fue la opinión, tanto de integrantes del medio como de los denominados analistas, porque lo que primaba era la información como tal. La dimensión del trabajo hizo que Erbol se convirtiera en referente de medios nacionales e internacionales respecto a lo que pasaba en el país. Esto estaba claro en ediciones de diarios de aquellos días, que tomaban como importante fuente a Erbol. También se notaba en la cantidad de radios de otras ciudades que pedían permiso para bajar la señal satelital y en la frecuencia con que agencias extranjeras mencionaban a Erbol. Los anuncios de Erbol de que Gonzalo Sánchez de Lozada iba a renunciar y de que Carlos Mesa se preparaba para asumir la presidencia tuvieron una repercusión impresionante.

La programación de la radio varió notablemente. Con la cantidad de noticias que había se podía hacer dos radios paralelamente; la información no se interrumpía. Se eliminó la publicidad. El esquema ya pasado de que los medios educan, informan y entretienen quedó una vez más descartado porque en este caso se intentó generar espacios de diálogo entre algunos actores políticos, se sensibilizó a la colectividad nacional e internacional respecto a lo que sucedía, se generaron espacios de comunicación y hasta de catarsis con la audiencia, y se convocó continuamente a pacificar la situación, con mensajes leídos en directo y grabados. Por lo mismo, otra lección es que los medios deben adecuarse a la situación, tendiendo siempre a humanizar su desempeño y sin despegarse de los principios preestablecidos.

A pedido de la propia audiencia es que Erbol comenzó a transmitir en plena masacre las 24 horas. Cual si fueran recursos de primera necesidad, la información, el acompañamiento y la posibilidad de expresión se habían convertido en vitales, especialmente en horas de la noche y madrugada, para vecinos de la ciudad de El Alto, que en medio de la oscuridad y hasta de sonidos semejantes a disparos podían expresar su angustia y llanto por el no retorno a la casa del algún familiar. La razón de ser de un medio de comunicación siempre debe ser la población, pero no como un dato para medir el rating o como una posible compradora de productos publicitados, sino como aquel inmenso conglomerado de personas que piensa, siente y tiene múltiples necesidades, que en muchos casos desde los medios se puede atender.

Está claro que cuando la ciudadanía identifica que un medio de comunicación realiza una labor que se adecua a lo que requiere y le ayuda a en su vida, su reconocimiento a aquél aumenta. Ante la posibilidad de una intervención o un atentado a las antenas para cortar sus emisiones, como sucedió con radio Pio XII de Oruro, sectores de la sociedad cuidaron a Erbol durante los días de octubre, con variedad de expresiones, alertas e incluso con la protección física al edificio donde están sus estudios. Aquel reconocimiento se distinguía también en la cobertura periodística que por momentos me tocó realizar en la calle y en los desplazamientos en vehículo por la ciudad, cuando muchas personas se acercaban para saludar y hacer constar con su receptor en la mano que escuchaban Erbol.

Un motor central para hacer determinado tipo de comunicación y periodismo es también la calidad de equipo humano que lo plasma de forma pública. No es sólo preciso un compromiso con la institución que a uno lo cobija, sino sobre todo con los principios éticos profesionales y con la población. Para Erbol, esas jornadas significaron un momento de alta cohesión institucional porque el seguimiento, la crítica, la sugerencia y la participación surgían en cualquier momento, desde la diversidad de lugares donde están sus radios asociadas. A ello se sumó la atención y la solidaridad de organismos y medios internacionales, ante la tarea informativa efectuada en un contexto con el rumor constante del estado de sitio e incluso de golpe de Estado.

Esa experiencia nos trae lecciones individuales y colectivas. Lo fundamental es quizá siempre tener claro el norte o el sur adonde vamos y queremos llegar, lo que  nos evitará con seguridad caer en la desorientación o la improvisación. Entiendo que el trabajo comunicacional y periodístico también debería fundamentarse en este espíritu. Haber estado siguiendo de cerca lo sucedido en octubre fue impactante profesionalmente, pero, sobre todo, doloroso humanamente. Ojalá que, con más hechos y menos palabras y discursos, la historia reconozca siempre a quienes lucharon, murieron y quedaron con heridas aquellos días. Al final, esas personas nos dieron la lección más importante.

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