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Ernesto Araníbar: Solo en democracia se pudo reducir la desigualdad

Ernesto Araníbar habla de su nuevo libro. Encuentra los cuatro logros más destacables del periodo democrático iniciado en 1982. Dice que esos éxitos son producto de una continuidad en políticas de Estado de los distintos gobiernos.

Ernesto Araníbar.

Ernesto Araníbar. Foto: Ignacio Prudencio.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz

00:53 / 02 de mayo de 2016

Ernesto Araníbar, ministro de Hernán Siles Zuazo, habla de su nuevo libro Del péndulo al cubo: La configuración del mercado nacional en una era transnacional, publicado por las editoriales 3.600 y Heterodoxia. A través de las imágenes del péndulo y el cubo explica el recorrido político-económico del país en la era democrática. Como miembro del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) fue ministro de Finanzas del gobierno de Hernán Siles Zuazo en 1982. A principios de 1983 hubo una crisis tras la que su partido se salió de la coalición, pero en 1984 hubo un entendimiento y el MIR retornó, Araníbar esta vez encabezó el Ministerio de Planificación.

— Estuvo en los ministerios más complicados durante la UDP (Unidad Democrática y Popular).

— Ciertamente la llegada de la UDP fue muy esperanzadora en la medida en que ponía fin a 18 años de gobiernos autoritarios. Fue un escenario extraordinariamente difícil, signado por el inicio dramático de los efectos de la crisis de la deuda externa que vivía Latinoamérica. Fue una enorme casualidad histórica que la UDP llegara al gobierno pocos días después de que en septiembre del 82 México anunciara que no iba a poder cumplir los plazos de pago de su deuda externa. Ese fue el inicio de la crisis en América Latina. Cinco países de la región tuvieron hiperinflación, uno de ellos el nuestro, que tuvo la hiperinflación más alta, pero al mismo tiempo el que se recuperó más rápidamente. Fuimos los que, [aunque] no gracias al gobierno de la UDP, pusimos freno a la hiperinflación y Bolivia se recuperó antes que otros.

— Veamos el presente a través de lo que plantea su libro.

— Más de una ocasión se ha sentido que en Bolivia la democracia se escapaba de las manos, pero se ha dado paso al periodo más extenso del país y probablemente el más fructífero. La democracia demostró que es capaz de cambiar de signo ideológico, de visión nacional, sin modificar la esencia democrática de los gobiernos. Esperemos que esta propiedad pueda seguir, porque ha permitido tener experiencias y logros extraordinarios para nuestra historia.

— ¿Cuáles?

— En el libro se relatan los cuatro logros más destacables atribuibles a distintos gobiernos. El primero es el mantenimiento de la democracia como tal. Los jóvenes no tienen la noción de que el sistema democrático en los 70 era extraño porque solo lo tenían tres países en América Latina. Había teorías que decían que en Latinoamérica no éramos aptos para ello. Al final de los 70 se inicia la “tercera ola democrática”, la gente comienza a pensar que era esperable tener democracia y se pasa a un continente en el que la mayoría de los países son democráticos. El hecho de que la democracia rápidamente enfrenta problemas económicos agudísimos, como la hiperinflación, hace temer que la democracia fue un sueño muy corto, pero perduró. Es un logro del que hay que admirarse, no tomarlo como algo natural.

— ¿El siguiente logro?

— Que la democracia controla los procesos hiperinflacionarios, cosa que era impensable en Bolivia. La tasa de inflación de un dígito es un hecho tremendamente importante, que hoy lo damos como normal, en circunstancias en que es un lujo impensado durante los primeros años de la democracia. El tercer logro es tener un crecimiento económico; había teorías de por qué en América Latina no era conveniente tener una inflación de un solo dígito. Pero logramos tasas de un solo dígito y eso permitió un crecimiento económico relativamente significativo. Las tasas de crecimiento de América Latina eran, en comparación con Asia, muy bajas, pero con el correr del tiempo, particularmente luego de la crisis de 2008, la región se recuperó más rápida e intensamente que el resto, y mostramos tasas de crecimiento más elevadas que en el pasado. Las explicaciones abundan…

— Como la de la coyuntura externa favorable...

— Sí, hay explicaciones de que hemos tenido estas tasas de crecimiento por una coyuntura externa favorable. Pero el hecho evidente es que hemos conocido ese tercer logro. Estos tres alcanzan un cuarto casi impensable en la región: disminuir los niveles de desigualdad. En el pasado se decía que éramos la región más desigual en distribución de ingresos en el mundo. Resulta que Bolivia y otros países de la región comienzan a reducir la desigualdad. Éste es un cuarto logro. Obviamente, dichos logros no pertenecen a un solo gobierno; es insensato pensar eso; son un resultado conjunto de los gobiernos de la democracia.

— ¿Cómo se logra esto?

— No se habría podido tener estos éxitos sin un sistema tributario tan potente como el que tenemos. Los gobiernos neoliberales comienzan a incrementar la presión tributaria y llegamos al siglo XXI con una del 20%, y hemos seguido aumentando, cosa que era muy difícil. En este momento nuestra presión tributaria está por el 26%. Es una muestra clara de que hay una continuidad entre distintos gobiernos de distinta orientación ideológica, que han ido incrementando la capacidad del Estado de aumentar la tributación. Esto demuestra que la política de Estado que se sostiene de gobierno a gobierno genera sinergias, alianzas o colaboración estratégica entre distintos sectores de la sociedad. Se muestra que el Estado y el sector privado cumplieron su función. En 1994 se rompe una ley perversa que decía que medidas redistributivas no compaginaban con crecimiento económico. Esfuerzos enormes de redistribución de la riqueza, como la reforma de los 50 y los intentos de escala móvil de los 80, terminan en una caída del crecimiento.

— Con el Bonosol de Gonzalo Sánchez de Lozada no hubo esto.

— El 94 lo que sucede es que con la Ley de Participación Popular, que si bien se da en un marco distinto al de ahora, lo que se hace es redistribuir los ingresos entre el centro y las municipalidades.

— Pero esta distribución no provoca esa ruptura con el crecimiento.

— Y esa es la primera medida, acompañada luego con bonos que contribuían a la mejora en la distribución del ingreso, que rompe la relación entre redistribución y caída del crecimiento. No se tiene crecimiento negativo y se acompaña con el establecimiento de bonos que después se intensifican y contribuyen a la disminución de la desigualdad. Era impensable tener estos logros si los distintos gobiernos de la democracia no hubieran cumplido las labores que les tocó; por ello la democracia tiene que ser conservada. Hay un elemento adicional que nos toca a los bolivianos ahora: el hecho de que gracias a la permanencia de la democracia y gracias a estos cuatro logros vamos a tener en 2020, por primera vez en 100 años de nuestra historia, tres décadas de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), en contraste con que Bolivia, junto con Haití, tiene tres o más décadas perdidas en su historia.

— ¿En qué consisten y cuáles son?

— Son 10 años seguidos de empobrecerse, de perder el PIB. Bolivia, en cien años, ha tenido tres décadas perdidas, los 30, 50 y 80. Entre los 90 y 2020 se cumplirán 30 años seguidos de crecimiento, lo que es de importancia capital. Es un privilegio vivir en esa generación. Los economistas no prestan atención a las décadas perdidas. Es una casualidad que las nuestras hayan sido justo al inicio del hecho generador de la década: la crisis del 29 y la Guerra del Chaco en los 30; la Revolución del 52, en los 50; y el estallido de la deuda externa para los 80. A los economistas les gusta hablar del ciclo económico, cuándo comienza y termina. Eso no ayudó a estudiar el tema de las décadas perdidas, que son peor que las plagas egipcias. Las tres décadas de crecimiento son una ventaja y responsabilidad enormes. Es probable que eliminemos de nuestro horizonte, aún con shocks externos, las décadas perdidas.

— Los economistas, como dijo, gustan hablar de ciclos; hoy dicen que el ciclo de auge de los commodities ha finalizado, ¿qué perspectivas ve para Bolivia en el sentido de no volver al crecimiento negativo?

— Es evidente que desde hace dos años el ciclo que vivía la mayoría de las economías latinoamericanas cambia de naturaleza, ya no se da el incremento significativo y sostenido del producto de nuestras principales exportaciones, y hay caídas significativas, la del petróleo, la más notable, y vinculada a nuestro gas. Ciertamente que enfrentamos un ciclo distinto; ahora, lo más importante, señala el libro, es que ojalá Bolivia haya aprendido de su experiencia democrática y de su memoria histórica. El cambio de ciclo no necesariamente significa polarización y pendularización. Seguramente se necesitarán políticas diferentes. El asunto es que haya una continuidad y no regresión en los logros establecidos. En ese sentido, el libro propone que en vez de pensar un péndulo que va del estatismo al libre mercado, como hasta hoy se hizo, mejor tener una visión tal vez menos excitante pero sí más consistente y fértil de nuestra realidad: que es el cubo. Y no poéticamente, sino que ahí se muestran 12 variables del índice de competitividad global que analiza la realidad de los países. Esas 12 variables deben ser tomadas en cuenta, sea un gobierno de izquierda o derecha. Variando las políticas atendiendo a estas 12 variables que conforman las 12 aristas del cubo se puede manejar el ciclo. Por ejemplo, la política fiscal, que quizá tenga que ser expansiva para evitar la caída de la demanda en momentos de contracción de las exportaciones; de pronto en algunos momentos tenga que ser más contractiva. Esa es una variable dentro de un cubo que no ve grandes cambios, sino un camino de políticas de Estado que está signado por flexibilidad y adaptabilidad, para poder lograr nuevos avances sin perder lo realizado y evitar el mito de Sísifo: volver a comenzar y decir que lo pasado no tuvo ninguna importancia. Es evidente que este Gobierno no ha llegado en la pura noche del neoliberalismo, hay cosas significativas que se han hecho.

— La política tributaria es un ejemplo.

— Además del gasoducto al Brasil.

— Que lo firma Tuto.

— Creo que sí.

— ¿Cómo observa, mediante la imagen del péndulo, al actual Gobierno, que tiene un discurso radical que contrasta con medidas más bien moderadas?

— Si uno ve con esperanza, primero, la realización del Gobierno ha sido muy sensata y no de un manual de antiimperialismo. La retórica antiimperialista obviamente no lleva a tener una jornada entera en un gran hotel en Nueva York con potenciales inversores. Está bien la retórica antiimperialista pero con un manejo muy sensato de la economía. Hacer manejo sensato de la economía en momentos de auge es de todas maneras encomiable, pero naturalmente es más fácil ser sensato en la abundancia que ser sensato cuando te has acostumbrado a la abundancia y no quieres reconocer que la abundancia está terminando y tienes que aplicar medidas que pueden no ser populares, además de tener que reconocer que no has inventado la pólvora. Entonces tienes que extender tu sensatez a manejar bien la relativa escasez. En ese sentido, el gran desafío es esta suerte de consenso que hay en la necesidad de mantener los cuatro logros. Y aparece uno quinto, esencial, sin el que puede retroceder el resto, y es la institucionalidad, que es más compleja y más polifacética. Cuando se habla de institucionalización, viene a la cabeza el tema de la Justicia, el Tribunal Electoral, pero también la institucionalidad económica vía lo que propone el Gobierno, retóricamente aún, que es la “industrialización” del Vivir Bien, la cual parece que no se puede hacer sin un grado de institucionalización mayor.

Perfil

Nombre: Ernesto Araníbar Quiroga

Nació: 1951

Profesión: Economista

Carrera

Ernesto Araníbar Quiroga es economista (Universidad Católica de Lovaina). Profesor de las universidades San Andrés, Andina, Militar de Ingeniería, Católica y Privada Boliviana. Fue ministro de Finanzas y de Planificación y Coordinación; embajador ante las Naciones Unidas; secretario y representante del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF); asesor regional de Planeación y Evaluación de Unicef; coordinador de Ágora Democrática; gerente del Eje Interoceánico Central (IIRSA); director ejecutivo de la Federación de Entidades Empresariales Privadas, entre otros. Es autor de ‘Crecimiento económico y procesos políticos’, Creación, funcionamiento y eliminación del Ministerio de Desarrollo Humano en Bolivia, CEPAL 2003.

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