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Ernesto Mattos: Si Dilma perdía, era el inicio del ALCA en la región

Ernesto Mattos, economista. Hay un razonamiento suyo que lo retrata: “Yo egresé de una universidad pública, mi responsabilidad es ir a los pueblos, a los lugares más alejados de Argentina, a hablar con la gente y contarles de economía, porque son ellos los que todos los días pagando el IVA y otros impuestos, aportan al Estado, y así se sustenta la universidad pública”.

Ernesto Mattos.

Ernesto Mattos. Foto: Wara Vargas.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos / La Paz

00:03 / 14 de diciembre de 2014

El joven economista argentino Ernesto Mattos estuvo en el país para hablar de “procesos de cambio y alternativas a la crisis del capital” (nombre del seminario internacional organizado por la Vicepresidencia del Estado en la primera semana de diciembre, en el que expusieron, además de Mattos, el mexicano José Gandarilla y la ministra de Producción, Teresa Morales). El tema no podía ser otro que la economía regional, la economía política en la región; de cómo los regímenes de izquierda pelean, dice, el tiempo y los dilemas de la transición, de cómo se han avanzado en prácticas posneoliberales (acaso mejor decir ‘contra-neoliberales’) y cómo aquello de ‘acciones anticapitalistas’ hacen referencia más a un ‘horizonte’ o meta que orienta, que a un hecho tangible. Lejos está Mattos de entender que Bolivia, Venezuela o Ecuador, entre otros, están en avance irreversible hacia el socialismo; no, hay hechos que siendo coyunturales, bien pueden dar tremendos golpes de timón: uno de éstos pudo ser una eventual derrota de Dilma Rousseff en las recientes elecciones en Brasil; que haya ganado salvó en mucho el actual proceso, apunta.

— Se habla de ser posneoliberal, tener avances post o anticapitalista. ¿Cuánto de entusiasmo o realismo hay en esto?

— Lo de posneoliberal tiene que ver con un objetivo. Estamos en un proceso de cambio en el cual se están profundizando transformaciones sociales e institucionales, pero a la vez todavía hay sectores sociales que son conservadores, que están en la puja distributiva por la riqueza, y justamente quieren volver a lo anterior. América Latina está en esa transición; justamente, el horizonte es salirse de este mundo liberal y entrar un poco a una región con un poquito más de justicia social, soberanía política, independencia económica. El rumbo es ese, el tema es que las transformaciones tienen que tomar en cuenta la participación del pueblo, porque lo liberal supone la no participación del pueblo.

— ¿Y las experiencias o hechos anticapitalistas?

— Son consignas. Vivimos en el capitalismo desde que publicamos en una web hasta cuando vamos a comprar pan en una esquina, estamos haciendo transacción en el marco capitalista. De lo que se trata es de transformar ese marco capitalista en un momento, si se quiere, de más justicia social. Sí, la consigna anticapitalista está bien, pero el horizonte más profundo es la socialización de las mercancías, la mejor vida, digna, del trabajador; ese es el horizonte que tiene hoy día cada país en América Latina.

— Mucho de lo que dice se puede traducir en una mayor y más fuerte presencia del Estado en la economía; esto ya ocurrió en el pasado. ¿Qué de nuevo hay hoy?

— Lo nuevo es que tenemos internet; lo viejo, en los 90 lo vimos, los liberales gobernaron desde el 91 al 2001 y fracasó; el Estado no regulando al mercado fracasó; el resultado fue desempleo del 25%; pobreza del 50%. Allá (Argentina) también hicimos el experimento liberal, la diferencia en la actualidad son las tecnologías, que nos permiten saber lo que pasa en Bolivia, en Venezuela, en Haití, en Nicaragua, en China; todos los informes estadísticos están colgados on line, cada uno puede hacer un análisis sobre cómo vienen las tendencias en el mundo, eso antes no pasaba. Pero también, la realidad de la intervención (del Estado) hoy es una con participación de la gente.

— Una forma de esa intervención es regular, digamos, las exportaciones, como pasa en Bolivia...

— Pasa que la estrategia nacional del Estado de profundizar el desarrollo muchas veces no coincide con el interés de las grandes empresas; esa empresa quiere girar utilidades y dividendos y el Estado le pide regulación de esto o que invierta en el país. En varios países pasamos a una etapa de crecimiento económico e inclusión, y ahora se pide que el industrial esté a la altura de lo que nosotros denominamos ser más capitalistas; esto es, innovar, invertir en tecnología, en ciencia para mejorar las mercancías que venden en el mercado interno; pero cuando se les pide a los empresarios invertir en mejores máquinas, no lo hacen.

— En la intervención, aparte de la regulación, también puede darse el Estado capitalista compitiendo con los privados...

— Hay que hacer una distinción. El capitalista o la empresa privada busca un beneficio económico; el Estado busca un beneficio social. Entonces, no es que las grandes empresas del Estado compiten con las privadas; al revés: cuando las empresas estatales existían en Latinoamérica, competían con las grandes industrias europeas; y ellas lo dijeron, en 1976: ‘para nosotros la competencia son esas empresas estatales y la regulación estatal que hay en América Latina’, y ahí vino la época liberal, la desregulación económica, del comercio exterior; la privatización. Pero ahora dimos ya la oportunidad al libre mercado; ahora es hora del Estado y las nuevas tecnologías, y a la vez con una mayor participación del pueblo; el pueblo tiene que saber qué es lo que hace el Estado.

— Todo esto también plantea el tema de los bloques económicos en la región: la Alianza para el Pacífico frente al Alba…

— Creo que la última elección de Brasil fue clave. Creo que todos estábamos pendientes de que en Brasil ganara Dilma; la realidad es que si perdía Dilma se iba a fortalecer la Alianza para el Pacífico, formada por Chile, Perú, Colombia y México, y que solamente es una comunidad de bolsas del mercado financiero. Ahora ¿qué es lo que estaba pasando alrededor y no se dijo demasiado? Que Estados Unidos está llevando adelante un acuerdo con la Unión Europea, el Acuerdo Transatlántico de Libre Comercio; ni siquiera el pueblo europeo sabe qué es lo que están firmando sus representantes; y, por otro lado, está negociando con China, el Tratado del Pacífico de Libre Comercio. Esa búsqueda de libre comercio que está haciendo Estados Unidos por fuera de América Latina, si hubiera ganado Aecio (Neves, contrincante de Rousseff) en Brasil, se hubiera profundizado, y ahí sí se hubiera concretado el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas). La idea de la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas), de fortalecer el Alba (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América) o las prácticas de Petrocaribe, me parece que es la dirección.

— ¿Pero cuáles serían los pasos efectivos?

— Eso depende de cada uno de los pueblos. Podemos crear el Banco del Sur, pero si éste está en manos de tecnócratas liberales, ¿qué sentido tiene? El Estado, antes de llegar a eso, tiene que incrementar inversión pública, tiene que lograr que la gente se apropie del instrumento público para la transformación, porque es lo único que tiene.

— ¿Qué fuerza tendrá una de las consignas del Alba: la complementariedad económica, un intercambio más solidario?

— Ahí se empezó los tratados de comercio entre los pueblos, que son como la antítesis de los tratados de libre comercio. Argentina tiene en el norte, en Jujuy y Salta litio, y hay una ley que se está empezando a estudiar para tratar de coordinar; esta ley establece que tenemos que empezar a coordinar acciones con Bolivia y con Chile. Nosotros tenemos que lograr, con la experiencia en litio de Bolivia y Chile, coordinar acciones y, por qué no, pensar en una empresa de un yacimiento de litio estatal, trinacional.

— ¿No es una inercia contra que pelear, el hecho de que todavía, en Mercosur por ejemplo, las economías aún están en plena competencia entre sí?

— No, no hay tanta competencia en el Mercosur. Lo que sí hay es que en el Mercosur se expresa la estrategia de las transnacionales. Las automotrices están tanto en Argentina como en Brasil; están en Bolivia, Paraguay, en toda la región. Y la transnacional no le va a pedir competir a su subsidiaria de Argentina con su subsidiaria de Brasil. Ahí es cuando el Estado tiene que ir a regular o por lo menos proponer una alternativa; el tema es ¿podemos fabricar autos? Entonces, es muy complicado tratar de pensar en cómo romper eso sin tener una propuesta, porque habrá que pensar que si vos vas a romper con una transnacional, hay millones de familias que tienen que trabajar. Si no, sería muy fácil: rompemos con las transnacionales, con el FMI; no, no es así, todavía tenemos cierta dependencia, en términos tecnológicos y comerciales.

Perfil

Nombre: Ernesto Mattos

Nació: 18 de noviembre de 1978

Cargo: Docente investigador de varios centros de estudio en Argentina

Vida

Ernesto Mattos es licenciado en Economía de la Universidad de Buenos Aires (UBA); economista del Centro de Investigación y Gestión de la Economía Solidaria (CIGES); investigador del grupo “Hegemonía, Estado y Neoliberalismo (2013)” del Instituto Gino Germani.

China, el nuevo imperialismo que está reordenando casi todo

En la economía regional ya es imposible dejar de hablar de China; entre dudas, Mattos también aquí propone debate.

—  ¿Y China? Se dice que está ‘reprimarizando’ nuestras economías (llevando a los países a concentrarse otra vez en la producción de materias primas).

— China es un imperialismo que todavía no logro definir. Sí te puedo contar las acciones de China. China ahora está quebrando a Nicaragua, a base de inversión; para generar qué: el Canal de Nicaragua. Esto es similar a lo que hizo Estados Unidos cuando fue a invadir Colombia e inventó Panamá y creó el Canal de Panamá para sus buques. Qué hace China, no es que invadió militarmente; invirtió. Está cambiando la forma el imperialismo chino, no es ese imperialismo militar, financiero como era el norteamericano y el inglés.

— Es más amigable…

— Más amigable, por eso hay que estar atento; por qué quiere hacer ese canal en Nicaragua. Porque los barcos cambiaron de porte, ya no son los panamás, son los pospanamás, y llevan cuatro veces lo que llevan los barcos hoy; se necesita un mayor dragado; por eso Argentina tiene que proponerse hoy una industria naval, porque no tiene que quedar fuera de ese avance tecnológico. Son barcos más largos y ahorran energía, porque entran más de lleno en el mar. China está apostando a eso; está haciendo un cambio en toda la economía mundial, como lo hizo Estados Unidos en 1910. Y en ese cambio hay que ver cómo hacemos como región, o por lo menos cómo está haciendo cada país para tratar de no quedarnos en la gran dependencia económica.

— ¿Pero China en la región?

— Si bien ha habido la reprimarización, se ha frenado en algunos puntos; pero también han salido 50 millones de pobres de la indigencia; y eso representa un Estado que interviene, que distribuye; hay mayor igualdad, pero no en términos de la distribución del ingreso; todavía en América Latina el 10% más rico se lleva el 40% de los ingresos; y el 10% más pobre, apenas el 1,3% del ingreso de toda la región; son desafíos que podemos profundizar; si pudimos bajar el desempleo al 6% en toda la Unasur, ahora hay que ir por la distribución del ingreso entre las poblaciones más pobres, y eso supone tener una mayor  regulación de la ganancia de las empresas.

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