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Ernesto Samper: 'La Celac debe avanzar, hasta por instinto de sobrevivencia'

Para ver la crisis venezolana no era necesario el Grupo de Lima; esto se puede tratar en la Unasur, asegura.

Ernesto Samper Pizano, expresidente de Colombia (1994-1998) y ex secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur)

Ernesto Samper Pizano, expresidente de Colombia (1994-1998) y ex secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) Foto: Luis Gandarillas

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos es periodista

00:00 / 20 de febrero de 2019

El expresidente de Colombia (1994-1998) y ex secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), entre julio de 2014 y enero de 2017, Ernesto Samper, está convencido de que los mecanismos de integración regional, especialmente Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) y Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe), deben consolidarse, hasta por necesidad de sobrevivencia. Niega que Unasur sea una “apuesta ideológica”; reprocha a Brasil que no asuma consciencia de su rol de líder regional; critica al “Grupo de Lima” por formar un club para ver la crisis venezolana, cuando el tema bien puede tratarse dentro de Unasur...

— Parece que la razón de ser de Unasur fue ideológica; su ventaja pero también su debilidad...

— La primera persona que habló de Unasur como una apuesta regional fue Fernando Henrique Cardoso, un presidente de centroderecha en Brasil. Después fue respaldado por otros dirigentes, como los presidentes (Hugo) Chávez y (Néstor) Kirchner. Pero no nació como una apuesta ideológica, nunca lo fue. El hecho de que coincidieran países gobernados por partidos progresistas, entre 2014 y 2016, fue resultado del juego de la democracia. Cuando estuve de secretario general, nunca aprecié que hubiera una especie de sesgo ideológico en los proyectos de Unasur. Así, la ‘infección ideológica’ no fue por cuenta de los países con partidos progresistas, sino lamentablemente de algunos de derecha, que quieren sacar a todos los demás.

— En varias ocasiones reclamó por el patrimonio de Unasur.

— La gente tiene el concepto equivocado, y ahora con mayor razón, de que Unasur es Venezuela. Se le olvida que son 12 países, y que al margen de las acciones políticas que cumplió Unasur, como evitar la disgregación territorial de Bolivia, conjurar el golpe de Estado contra Chávez, o evitar el golpe policial contra Correa; al margen de esto, Unasur tiene toda una infraestructura de consejos sectoriales y grupos de trabajo que desde hace 10 años vienen identificando agendas regionales sectoriales que permitan, con la teoría de las buenas prácticas, que lo que se hace bien en un país se pueda reproducir en otro. Por eso hay iniciativas muy importantes en el área de salud, el fondo de compra de vacunas infantiles es un resultado de ese esfuerzo; en Defensa, el hecho de que estén todos los altos mandos reunidos en el Consejo de Defensa es una garantía de que en esta región no habrá guerras, por lo menos entre nosotros. Que se acepte que el documento de identidad nacional se pueda usar como pasaporte es también algo que se le abona a Unasur. La gente debe entender que Unasur es mucho más que diferencias políticas; tiene un largo recorrido, un patrimonio.

— Justo en migración, Chile y Brasil se retiraron del pacto global en este tema...

— Claro, lo que pasa es que Brasil ya tiene una concepción ideológica marcada, y que es lamentable, porque la política exterior de Brasil está toda afincada sobre la influencia que tiene en Sudamérica. Es decir, Brasil aseguró que su vecindario era un vecindario solidario y por eso para este país es tan importante actuar de mediador y de componedor de los líos que hay en el vecindario, que es lo que no está haciendo en el caso de Venezuela, ni está haciendo en el caso de preservar Unasur. Brasil no está jugando su papel, en términos futbolísticos, de ser el armador del equipo sudamericano; ese es el papel que le correspondería en una crisis tan importante como la que se está viviendo; en lugar de tomar partido, ponerse la camiseta de uno de los equipos, debería jugar su papel de armador y repartir juego para que la región respire.

— ¿Qué hay que hacer para restituir de una vez el secretariado general de Unasur?

— Lo que permitió que naciera Unasur fueron las normas del consenso, que todas las decisiones tenían que tomarse por consenso de los 12 países; es esto lo que en este momento la está matando (a Unasur), y es que no ha sido posible nombrar un secretario general porque no se ha logrado un consenso. Y ahí Venezuela ha sido generosa en la interpretación del consenso y permitió que hubiera un secretario escogido por mayoría simple.

— Aunque ni eso se ha podido hacer.

— No descarto que en un inmediato futuro se pueda llegar a unas conclusiones favorables.

— La Celac misma está paralizada, el Grupo de Lima apartado del resto...

— La Celac es un punto de llegada muy importante para todos los procesos de integración; en la región hay nueve o diez procesos de integración en marcha. No se trata de liquidar esos procesos, que además es una tarea imposible, sino que se trata de organizar a través de una política de convergencia, que todos estos esfuerzos terminen bajo la sombrilla grande de la Celac que, para ponerlo en términos gráficos, es una OEA sin Estados Unidos y Canadá. Es lo nuestro, nuestra casa, el concepto original de la ‘casa grande’.

— ¿Pero avanzará con Venezuela de por medio?, porque ese parece ser el problema que plantea el Grupo de Lima.

— Yo pienso que tiene que avanzar, necesariamente, por la amenaza del presidente (Donald) Trump contra la región; por lo menos por instinto de supervivencia, la debe llevar [a la Celac] a integrarse. Están sacando 10 millones de migrantes latinos, construyendo un muro que va a dividir Estados Unidos de América Latina; se opone a las normas de calentamiento global, que es lo que nos está golpeando a nosotros. Entonces, hay demasiados factores en el relacionamiento tormentoso que tenemos con Trump como para que no hagamos un esfuerzo de consensuar entre nosotros, aunque sea nuestro modus vivendi.

— ¿Qué opina del Grupo de Lima, que se forma por Venezuela?, asume posición frente al resto de los países de la Celac.

— Esos son anexos temporales que le van saliendo a los procesos de integración, de gente que no quiere ejercer su derecho a la discrepancia dentro de la misma organización. En Unasur se pueden tramitar todas las diferencias que están planteando los del Grupo de Lima; no necesitan armar otro club para ser escuchados. Lo que sí es muy difícil es pensar lo que creen algunos de ellos, que Unasur se pueda acabar fácilmente; yo creo que el costo para salirse de Unasur va a ser un costo grande.

— ¿Cree que tenga futuro la Alianza del Pacífico? O sea, ¿la idea de una integración alineada a Estados Unidos?

— En la región, las dos fuerzas de integración importantes históricamente han sido: la fuerza que podríamos definir en términos latinos, respisce in polo, o sea mirar hacia el polo, que han tratado de hacer integración con Estados Unidos. El último esfuerzo de eso fue la convocatoria que hizo el presidente Clinton a una Cumbre de las Américas en 1994, que era para reunir todos los bloques americanos. Pero al año de eso se firmó el tratado de libre comercio con México, después con Canadá, después tratados bilaterales, o subregionales con el Caribe. Y lo que era un ideal que iba a identificar a Washington, Bolívar, O’Higgins, Santa Cruz, San Martín, terminó convertido en un archipiélago de acuerdos de libre comercio que no le servían sino a Estados Unidos. Ahí fue donde comenzó la necesidad de que hiciéramos un acuerdo entre nosotros, y esa necesidad todavía está vigente.

— ¿Cuáles serían los grandes riesgos y las grandes esperanzas de la integración regional?

— Yo creo que hay que trabajar sobre tres agendas; una social, cuya referencia fundamental es la inclusión social, esta es la región más desigual del mundo, aquí el problema no es que haya pobres, sino la distancia sideral entre pobres y ricos. La otra agenda sería la económica, que tiene que ver con la competitividad, que nosotros tenemos que jugar en los escenarios globales a la internacionalización; y, la agenda política, que para mí es construir ciudadanía, es decir, que nosotros tengamos el derecho a tener derechos.

Ernesto Samper Pizano. La Celac es vital: “Digamos que todos los caminos no conducen en este caso a Roma, sino a la Celac. Si se hace un esfuerzo de consolidar diferencias, eliminar duplicidades, podemos tener un ajedrez mucho más tranquilo de la integración en la región”.

Datos

Nombre: Ernesto Samper Pizano

Nació: El 3 de agosto de 1950 en Bogotá, Colombia.

Profesión: Abogado y economista. Fue presidente de Colombia entre 1994 y 1998.

Perfil

Su partido fue acusado de recibir dinero del narcotráfico. Samper negó conocer esto: “Si entró dinero del narcotráfico a mi campaña, en todo caso fue a mis espaldas”.

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