Animal Político

Estabilidad, un bien común que preservar

El concepto de estabilidad macroeconómica no solo se refiere a la estabilidad de precios, también alude a la estabilidad del crecimiento del producto y al pleno empleo y, principalmente, al equilibrio fiscal y externo.

La Razón (Edición Impresa) / Gabriel Loza Tellería

00:01 / 14 de septiembre de 2014

El tema propuesto por Animal Político y que acepté a regañadientes, por lo caldeada que está la campaña, es cómo los partidos políticos tienen el deber de mantener la estabilidad económica como bien común en sus promesas electorales.

Revisando cuidadosamente los Programas de Gobierno, curiosamente contra lo esperado, encontré  solo en dos documentos (del Movimiento Al Socialismo, MAS, y del Movimiento Sin Miedo, MSM) referencias directas al compromiso de la estabilización.

En el caso del MAS: “la estabilidad económica como patrimonio social” aunque no  como “un fin en sí mismo”, sino como “la base a partir de la cual profundizamos los cambios políticos y sociales”. En el caso del MSM: “Las políticas macroeconómicas tienen la importante función de salvaguardar la estabilidad monetaria y financiera, condición necesaria, pero no suficiente, para garantizar el crecimiento”.

Si bien la estabilidad puede parecer un dato ya estilizado, o puede ser también un olvido no mencionarla, lo cierto es que debiera ser un compromiso explícito el preservarla por parte de todos los candidatos.

Indudablemente, no estamos en épocas pasadas, cuando los depósitos bajaron, como cuando subió Jaime Paz Zamora en 1989. Además, algunos candidatos opositores ya estuvieron en gestiones de gobierno anteriores y ellos podrían afirmar que defendieron la estabilidad y no necesitan mencionarla ahora. Para recordar, en el caso de Hugo Banzer-Jorge Quiroga, la inflación promedio entre 1998 y 2002  fue de 2,9%, mientras que cuando Doria Medina fue ministro, la inflación entre 1989 y 1993 fue de 13,8%, como se ve en el cuadro.

Sin embargo, el concepto de estabilidad macroeconómica no solo se refiere a la estabilidad de precios, también alude a la estabilidad del crecimiento del producto y al pleno empleo y, principalmente, al equilibrio fiscal y externo. Así, uno puede observar que en la época de Paz Zamora el crecimiento del PIB (Producto Interno Bruto) fue de 3,5% y el de Banzer-Quiroga de 2,4%, aunque ambas gestiones se caracterizaron  por fuertes desequilibrios fiscales y elevados déficit de la balanza de pagos en cuenta corriente, los “déficits mellizos”, como se ve en el cuadro.

MACROECONOMÍA. Solamente en la gestión de Evo Morales, por las razones que se quiera, se cumple con el concepto de estabilidad macroeconómica y se alcanzaron los objetivos de crecimiento, estabilidad de precios y equilibrio fiscal y externo.

Cabe hacer notar que en el programa del MSM se observa un error garrafal; así dice: “Si bien las cifras fiscales muestran un superávit fiscal entre los años 2006-2011, la situación del flujo de caja comienza a invertirse desde el 2012, tal y como lo muestra la Gráfica # 5”, y esa gráfica, en lugar de mostrar el superávit fiscal registrado en 2012 y 2013, muestra el déficit fiscal presupuestado, no anotado, de 4,5% y 4,6% del PIB.

Otro aspecto que llama la atención es la desconfianza en los datos de inflación proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística, INE. Así,  en el Programa de Unidad Demócrata (UD) se llega a decir: “Como han señalado expertos independientes, la reforma del índice realizada por el INE tuvo el efecto de atenuar la percepción de inflación. Sin esta reforma, la inflación real (sic) acumulada entre 2009 y 2013 llega a 97,4%” y a continuación presentan su propia canasta de 25 productos.

El cambio en la ponderación de la canasta de alimentos dentro del IPC (Índice de Precios al Consumidor) del INE se realizó de acuerdo con los estándares internacionales sobre la forma de actualizar el gasto de las familias por lo menos cada diez años, mientras que en el caso de Bolivia fue 17 años, por la aparición de nuevos productos y salida de otros. Lo que me preocupa es que en caso de que UD suba al Gobierno, tendrá que reponer la vieja canasta o poner la propia de 25 productos e inmediatamente subir los salarios en “97,4%” para compensar esa pérdida del poder adquisitivo.

El tema que abunda en tres de los programas opositores es el de la Política Fiscal, que si bien no es una rama que me gusta, me parece un campo para ilustrar a mis alumnos sobre la magia de la política fiscal.

En primer lugar, existe consenso en la abundancia ilimitada de recursos fiscales, aunque “financiados por las exportaciones”; los cálculos se basan en sumar los presupuestos anuales sin descontar los gastos, utilizar valores nominales y no en proporción del PIB y no analizar cómo se distribuyen los recursos fiscales, especialmente en el caso de la inversión pública, en las gobernaciones y municipios. En segundo lugar, se habla del derroche del gasto fiscal y no se explica cómo no ha tenido efectos en el nivel de precios.

En tercero, y es comprensible, se habla del Pacto Fiscal como solución por arte de magia a todos los problemas de asignación y uso de recursos fiscales, y, por último, prometen por una parte austeridad y, por otra, hacen un conjunto de propuestas, entre ellas mantener los actuales bonos y aumentar otros más, sin hacer el “costeo”, es decir cuánto va a representar el conjunto de sus ofertas electorales en términos de gasto fiscal y en proporción al PIB.  

De todas maneras, recomiendo conocer todos los programas, el Tribunal Electoral debería distribuirlos gratuitamente, aunque su lectura no sea fácil, para así derivar sus propias conclusiones, de tal manera que cada uno evalúe las bondades y limitaciones de las ofertas electorales consignadas en los distintos programas de gobierno.

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