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Estructura de mercado y su rol en el crecimiento económico

A partir de 1985 el sistema bancario creció a tasas altas hasta 1988 y, luego, a partir de 1999 tuvo disminuciones que posteriormente se revirtieron en crecimientos entre 2005 y la fecha.

La Razón / Efraín Huanca Quisbert

00:01 / 21 de abril de 2013

En el modo de producción capitalista, para que la producción sea viable, tiene que cumplir dos condiciones: uno, desde el punto individual, debe generar una ganancia y, dos, desde el punto de vista social, tiene que generar los medios y las condiciones para su reproducción colectiva, lo que le permitirá estar necesariamente articulado dentro de la división del trabajo social en el sistema económico y cumplir una función social. 

Esta producción es hecha por una gran cantidad de productores privados sin un plan regulador, en la que el cambio comercial es el único nexo social que los vincula. Al no contar con una planificación, el único elemento que guía sus acciones es la experiencia pasada individual en base a los precios que refleja la escasez y el exceso de mercancías existentes en el mercado. Sin embargo, esta forma de organizar la producción no tiene elementos de síntesis social. 

Todas estas premisas fueron aplicadas en Bolivia a partir de 1985, privilegiando el mercado y no precisamente la producción, lo cual originó cambios profundos en la estructura productiva de la economía. Asimismo, se otorgó una serie de privilegios al funcionamiento y a la especulación del sistema financiero, en detrimento de la dureza de las medidas para el pueblo y la clase trabajadora.

Estos hechos fortalecieron al sistema bancario, pues, a partir de ese año, el sistema bancario creció a tasas altas hasta 1988 y, luego, a partir de 1999 tuvo disminuciones que posteriormente se revirtieron en crecimientos entre 2005 y la fecha. 

El conjunto de la producción está compuesta por la producción de bienes materiales y por el mercado o la circulación de las mercancías, en el que el sector financiero es uno de los principales protagonistas debido a que proporciona el dinero que permite que circulen las mercancías y lleguen a manos de los consumidores. Estos dos aspectos de la producción, en el sistema capitalista, son imprescindibles. Además, cada uno no puede existir sin el otro.

Ahora bien, este mercado capitalista es una abstracción que tiene su forma de existencia en mercados concretos que cuentan con su propia estructura. Tenemos, por ejemplo, la competencia perfecta, el monopolio, la competencia monopolística, el oligopolio, etc. Un mercado de competencia perfecta es el que asigna eficientemente los recursos con un menor precio y mayor producción que en otros mercados no competitivos. En un mercado competitivo existe una gran cantidad de productores y vendedores, y el precio se fija en el mercado; aquí, ningún agente económico tiene poder para modificar el precio. En un mercado que no corresponde a esta naturaleza, los precios (en el sistema bancario, tasas de interés) se fijan de manera diferente. 

La estructura de mercado del sistema bancario tuvo un punto de inflexión a partir de dos hechos fundamentales: i) la crisis económica de 1999, y ii) las diferentes medidas de política económica.

En un estudio realizado acerca de la estructura del mercado bancario en Bolivia publicado en la Revista de Análisis del Banco Central de Bolivia en 2009 (1), en la que se utilizan como variables dependientes los ingresos totales y los ingresos financieros, tenemos, para el periodo 1993-2007, una estructura de mercado que “de monopolio o de oligopolio colusivo” (2). Ahora, cuando se hace el estudio para el periodo 2000-2007, también tomando tanto los ingresos totales como los ingresos financieros, tenemos que “la nueva estructura de mercado imperante en el sistema bancario sería la de competencia monopolística” (3), a lo cual podemos añadir que esto implica una mayor competencia, lo que se refleja en un abanico de tasas de interés en las diferentes entidades bancarias. “Sin embargo, si se utiliza el precio unitario por trabajador como el precio de la mano de obra se obtuvo que al emplear a los ingresos financieros como variable dependiente se mantienen las conclusiones anteriores [competencia monopolística], pero al utilizar los ingresos totales existía evidencia de una estructura de mercado oligopólica […]” (4). En la década de los 90, en la Unidad de Análisis de Políticas Sociales y Económicas (UDAPE) se hizo otro estudio que consideró el periodo 1989-1992 en el que se encontró evidencia estadística que demuestra que la estructura de mercado del sistema bancario es de oligopolio (5). Entonces, por donde lo veamos, la estructura del sistema bancario no es de competencia perfecta.

Este hecho tiene una serie de implicancias muy importantes. Podemos citar algunas de ellas: i) la fijación del precio (en este caso de las tasas de interés tanto activas como pasivas, son determinadas en función de las ganancias extraordinarias que puedan obtener porque se fijan encima y debajo de lo que podrían ser en un mercado de competencia perfecta; ii) una tasa de interés activa alta es un desincentivo para los emprendimientos productivos y una tasa pasiva baja no es aliciente para generar ahorro, entonces, ambas tasas de interés se constituyen en una traba para el crecimiento económico; y iii) ésta es también la razón por la cual la transmisión de las señales de política monetaria hacia el mercado bancario y/o financiero sean débiles y no se llegue a encontrar la “sintonía fina” que se pretende encontrar entre ambas.

Entonces, tenemos que la inexistencia de correspondencia entre el ahorro generado por los diferentes agentes económicos y la inversión, debido a que las tasas de interés no son precisamente fijadas por una competencia perfecta sino por un mercado oligopólico que no busca el cumplimiento de su función, la de ser un intermediario financiero, sino exclusivamente la de satisfacer sus objetivos: una mayor ganancia. 

Todo esto origina distorsiones en la producción y genera un debilitamiento en el rol del sistema bancario en el proceso de desarrollo del país, por lo que se genera la necesidad de regulación y reencauzar la función del sector financiero hacia la provisión de intermediación de ahorro hacia la inversión productiva con tasas de interés que reflejen la realidad del país.

1. Esta parte está basada en: Díaz Quevedo, Óscar (2009): Estructura de mercado del sistema bancario boliviano, contenido en la Revista de Análisis Vol. 11 del Banco Central de Bolivia.

2. Idem, página 23

3. Idem, página 23

4. Idem, página 24. La frase entre corchetes es del autor.

5. Para más detalles ver: Ferrufino, Rubén (1993): Mercado Bancario Boliviano, contenido en la revista Análisis Económico Volumen 7 de UDAPE.

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