Animal Político

Etnografía del nacimiento del Estado Plurinacional

Libro sobre el proceso constituyente

La Razón / Salvador Schavelzon

00:00 / 28 de octubre de 2012

Mientras más nos alejamos del proceso constituyente más notamos su excepcionalidad. Encuentro diferencias propias de constituyentes de todo el país o las de la propuesta del Pacto de Unidad, en parte incorporada en el nuevo texto, en el que indígenas de tierras bajas, originarios del altiplano y campesinos de todo el país participaban de un espacio común de encuentro e influencia mutua. De este encuentro salen con nueva fuerza conceptos como el de plurinacionalidad, vivir bien, autonomía, territorio indígena originario campesino, que hoy se construyen desde el Estado, pero también resistiendo al Estado, o en la comunidad, más allá del Estado. Son conceptos que mantienen su fuerza a partir de cortes, negociaciones y formas estatales que las reducen o limitan, desde la Ley de Convocatoria a la Asamblea, al acuerdo de 2008 y las primeras leyes de implementación.

Desde la comunidad, la movilización y el espíritu de cambio, sin embargo, estos conceptos reviven y muestran su potencia y resucitan una y otra vez, como posibilidad presente en una Constitución abierta que no concluye y sí avanza en construir un país descolonizado.

En el libro El nacimiento del Estado Plurinacional de Bolivia. Escenografía de una Asamblea Constituyente recorremos los debates, confrontaciones, diálogos y articulaciones que dieron lugar a la nueva Constitución. No se trata de teorías o explicaciones que presenten la experiencia política boliviana como un “caso” o una demostración. Se trata de las teorías y explicaciones que dieron vida a este proceso, registradas desde el interior de la Asamblea Constituyente y desde el seguimiento de las formas inesperadas con que se escribió y aprobó la Constitución. A continuación reproducimos algunos párrafos del libro que resulta de una tesis de doctorado en Antropología en la Universidad Federal de Río de Janeiro: 

“El 6 de agosto de 2006 se inauguraba la Asamblea Constituyente en Sucre, la ‘Ciudad Blanca’, capital formal de Bolivia y sede del poder judicial. Se cuenta que los empleados a cargo de la seguridad del acto pidieron a un grupo de cholitas, campesinas de pollera, manta y sombrero, que se levantaran del suelo donde esperaban porque por allí pasarían los constituyentes. Ellas se levantaron pero no para retirarse, sino para participar del desfile: eran las mujeres constituyentes. Se trataba de la llegada al Estado de nuevos actores, indígenas, campesinos, inesperados para la mirada rápida de los empleados de seguridad, de acuerdo con cómo habían sido las cosas hasta entonces. Este sería el gran meta-tema de la Asamblea: la mayoría del pueblo, ahora en el Estado y con la mayoría en la Asamblea”.

“Siguiendo con la discusión, Eulogio Cayo se reconocía como indígena de la cultura de los K’alchas pero defendía la mirada clasista, típica de su proveniencia. [...] Cayo, representante del departamento de Potosí, consideraba que era más ideológico político hablar de clases, y que así se evitaría que luchas étnicas se antepusieran a las luchas sociales. Sin la idea de clases en la Constitución, para Cayo, ‘la lucha étnica va a ser entre pobres, cada uno en su territorio autónomo. No vaya a ser que pase lo mismo que en Yugoslavia’. Veía la inclusión de criterios exclusivamente étnicos como una estrategia del neoliberalismo para someter a los indígenas. [...] La división de la sociedad en clases serviría para poner de manifiesto las relaciones de desigualdad”.

“La posición de los sectores más preocupados por el Estado de Derecho —dentro y fuera del MAS— muchas veces no llegaba como impugnación a las propuestas indígenas. Llegaba como exigencia de definición y explicitación de en qué consistirían las innovaciones y cuáles serían sus límites y atribuciones. Las propuestas no eran rechazadas de plano, muchas eran parte del consenso sobre esta temática a nivel internacional, pero eran limitadas en la forma de definición y desarrollo de sus características. ‘¿Cada puntito en el mapa va a ser un territorio autónomo?’, preguntaba Saúl Ávalos en reunión interna del MAS y sus aliados, con asesores y líderes de organizaciones sociales. ‘Podrán ser’, contestaba Francisco Cordero, del MSM, y opinaba que un registro de comunidades y territorios que Saúl veía necesario sería para después de la Constitución. Para Saúl Ávalos, el registro tenía que estar en la Constitución sino, sería algo de nunca acabar; creía que tendría que ser posible dibujar un mapa [...]. ‘Para redactar hay que saber quiénes son, como sabemos cuántas provincias hay’. A Ávalos le preocupaba la posición de Juan Carlos Urenda, ‘que dice falsos pueblos indígenas’, y preguntaba si había TCO que no son pueblos, y qué pasaría cuando son cien personas. Si las cosas no están claras no podremos ayudar a los indígenas, decía”.

“Por la noche, Santos se reuniría todavía con el Bloque Alternativo y con los comandantes. Una comisión logística se movilizaría también un poco después de la reunión hacia el Liceo. Santos Ramírez presentó la estrategia nuevamente al final: ‘si va Podemos, vamos con el documento del Concejo. No se trata sólo de reinstalar. Si hay 50 para fregar, van a estar fregando. En ese caso, la última opción es darles Constitución de minoría y habría dos constituciones. Hay dos alternativas. Consensos primero pero si no: dos constituciones’. Para concluir se le dio la palabra a Barrientos, secretario de la CSUTCB (Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia). Isaac Ávalos estaba en la marcha de La Paz. Las organizaciones decidieron que los mandos oficiales eran los ejecutivos regionales, decidieron no hacer un nuevo ampliado. Estaban esperando para reunirse y ver cuál sería su papel al día siguiente [...]’. Y Santos Ramírez decía para todos: ‘Compañeros, hagamos historia. Yo me asusté cuando nos echaron del Congreso (Santos era diputado junto a Evo Morales cuando lo expulsaron en 2000). Si sale bien se van a sentir bien por haber cumplido por lo que fueron elegidos’”.

“Pero Carlos Romero interrumpió e hizo una explicación ‘rápida y práctica’. Si aprobamos los 400 artículos por dos tercios, que aparentemente no es muy difícil, el texto va a ser enviado al Congreso, que es el que convoca al referéndum. Si decimos ‘desconozco la ley’, el Congreso nos va a rebotar el texto, por más originarios que seamos… entonces no existe la posibilidad. Habrá que conseguir 25 constituyentes más —para alcanzar dos tercios del total— o ir a referéndum’. Antes que nada, el intercambio de puntos de vista probaba que no había una estrategia definida y que todavía no se hablaba de la que sería la estrategia final”.  

“La sesión se desarrollaría en el Centro de Convenciones de la Universidad Tecnológica de Oruro. Los constituyentes fueron recibidos por manifestantes mineros, de organizaciones sociales como el Conamaq (Consejo Nacional de Markas y Ayllus del Qullasuyu) y vecinos. [...] la oposición estaba en la ciudad y había llamado a conferencia de prensa, pero no estaba presente a la hora de iniciar la sesión. Tampoco asistiría el MNR. Las agrupaciones pequeñas del Bloque Patriótico sí estaban presentes, inclusive Loyola Guzmán que no había asistido al Liceo Militar, y Unidad Nacional de Samuel Doria Medina había decidido también estar presente. Al momento de empezar la sesión había 153 constituyentes en sala. José Bailaba estaba con baja médica en la ciudad, y otros dos estaban llegando. Un número parecido, de 154 constituyentes, había votado en agosto de 2006 con el MAS para declarar a la Asamblea originaria. No mucho parecía haber cambiado en cuestión de números desde entonces, dando crédito a los que argumentaban que el destino de la Asamblea había sido en buena medida sellado con la Ley de Convocatoria de marzo de 2006”.

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